La historia de la argentina que ganó una maratón en las Islas Malvinas y conmovió a todos
La imposibilidad de competir con símbolos argentinos —una condición impuesta por la organización— reforzó su determinación, relató la deportista.
Radicada desde hace más de dos décadas en Pinamar, Cerrone relató que la preparación para la competencia estuvo atravesada por un proceso de toma de conciencia.
En el marco de una fecha atravesada por la memoria colectiva como el 2 de abril en Argentina, la historia de Candela Cerrone irrumpe con fuerza propia. Profesora de educación física y maratonista, viajó a las Islas Malvinas para competir en una carrera internacional y terminó logrando mucho más que un resultado deportivo: ganó la prueba y transformó su experiencia en un testimonio cargado de significado.
“Fue la carrera con más presión que tuve”, reconoció en diálogo con AIRE, al tiempo que explicó que esa exigencia no provenía del entorno, sino de una convicción personal ligada al contexto histórico del lugar donde corría.
La carga simbólica de correr en Malvinas
Radicada desde hace más de dos décadas en Pinamar, Cerrone relató que la preparación para la competencia estuvo atravesada por un proceso de toma de conciencia. “A medida que pasaban los meses, iba reestudiando, leyendo y entendiendo dónde iba a correr. Eso me generaba más responsabilidad”, explicó.
En ese recorrido, la imposibilidad de competir con símbolos argentinos —una condición impuesta por la organización— reforzó su determinación: “Toda mi fantasía era ir vestida de celeste y blanco. Cuando me dijeron que no podía, entendí que tenía que ganar para que se escuche Argentina”.
La competencia se desarrolló el 8 de marzo, en una jornada que combinó condiciones climáticas adversas con una fuerte carga emocional. Cerrone cruzó la meta en primer lugar entre las mujeres y cuarta en la general. En ese momento, según relató, emergió todo lo contenido durante la carrera: “Me aguanté tres horas sin pensar en los soldados, en los caídos, en todo lo que había pasado ahí. Cuando llegué, lo grité: Argentina ”.
Ese gesto espontáneo sintetizó el sentido que había adquirido la experiencia. “Quería que todos los esfuerzos valieran la pena y entendía que eso implicaba ganar para que se escuche Argentina en la isla”, sostuvo. Sin embargo, el impacto del triunfo excedió lo deportivo y se proyectó en el plano simbólico y mediático, tanto dentro como fuera del país.
“Malvinizar”: del logro personal al compromiso colectivo
Tras la carrera, Cerrone comenzó a recibir múltiples solicitudes de entrevistas. En un primer momento dudó en continuar, al considerar que podía resultar “abusivo” dar tanta visibilidad a un logro individual. Sin embargo, el contacto con centros de veteranos modificó su perspectiva. “Me dijeron que estaba ‘malvinizando’. Aprendí ese verbo ahí. Me dijeron que tenía que seguir hablando porque si no, solo se habla de Malvinas en abril”, contó.
“Los chicos linkean el deporte con el heroísmo. Esa excusa sirvió para hablarles de Malvinas, de por qué es importante la fecha, de los símbolos”, explicó la deportista.
Desde entonces, decidió sostener su testimonio como herramienta de difusión y memoria. En ese camino, también se vinculó con instituciones educativas de distintos puntos del país. “Los chicos linkean el deporte con el heroísmo. Esa excusa sirvió para hablarles de Malvinas, de por qué es importante la fecha, de los símbolos”, explicó.
La experiencia en las islas: entre lo familiar y lo hostil
Durante su estadía, que incluyó recorridos por distintos escenarios del conflicto, Cerrone describió una experiencia atravesada por contrastes. “Era una dualidad constante: veía algo hermoso y al mismo tiempo algo espantoso”, señaló. La llegada, a través de una base militar británica, le generó una sensación de hostilidad. En cambio, al recorrer el territorio, encontró paisajes que le resultaban familiares. “Veía la pampa, lugares que me eran propios”, indicó.
Maratón “Malvinas No Olvidar”, en el Túnel Subfluvial que une las ciudades de Santa Fe y Paraná.
Uno de los momentos más impactantes fue la visita al Cementerio de Darwin. “Es durísimo. Está en la lejanía total. Lo único que se escucha es el sonido del viento moviendo los rosarios en las cruces”, relató. Esa experiencia, junto con el contacto con trincheras y restos de la guerra, reforzó su convicción sobre la importancia de conocer el territorio: “No se puede defender lo que no se conoce”.
La experiencia de Cerrone no concluyó en la línea de llegada. Según expresó, el verdadero impacto comenzó después: en el diálogo con veteranos, en las escuelas, en la difusión de su historia. “Lo importante lo viví después de la carrera ”, afirmó.