"El amor propio no sólo es lucir hermosa", dice Sandra Monroy, esta mexicana autora del libro "Jodete cáncer" que le sirvió para exorcizar lo vivido en 2021, cuando los médicos le diagnosticaron cáncer de mama.
En marzo supo que tenía cáncer de mama y al poco tiempo tomó la decisión de someterse a una mastectomía bilateral, es decir, la extirpación de ambos pechos. Y decidió que no le practicaran una reconstrucción mamaria.
La icónica fotografía que le tomó Sáshenka Gutiérrez la transformó en un faro para muchas mujeres que compartieron en el mundo su angustia y sus vivencias, el dolor de la enfermedad y la excesiva sexualización de los cuerpos que le agregan al padecimiento un poderoso componente emocional. Sandra interpela los pactos sociales de belleza hegemónica y es una voz de aliento a aquellas personas que deben pasar por estos procesos.
"Me detectaron cáncer en marzo, el proceso fue relativamente corto. Yo llegué a tiempo", cuenta Monroy al programa 7AM que conducen Geraldine Brezán y Andrea Viñuela. Contó que en su caso apareció a los 36 años pero que cada vez aparecen más casos en adolescentes.
En la entrevista con AIRE, se lamentó que las mujeres deban soportar la hipersexualización de sus cuerpos: "El cáncer de mama genera una dimensión estética, y el miedo a muchas mujeres por perder algo", dice.
Todo lo vivido le permitió consolidar su deseo de estar viva, de saberse que no era solo "un par de tetas" como ella misma lo dijo. "Hay muchas cosas por vivir en este mundo y un 2% no me va a detener si me está salvando la vida", asegura orgullosa de su lucha.
Sandra contó con el apoyo de su familia y amigos que la "blindaron", pero admitió que a nivel social hay una connotación hipersexualizada que es parte de la violencia estética. "Tenemos una idea con respecto a los cuerpos de las mujeres y eso también lo escuché de doctores que creen que nuestra feminidad está en el pecho cuando la feminididad y la autoestima se construyen mentalmente", explicó.
Se quejó de que los médicos le hayan dicho que le convenía someterse a la reconstrucción mamaria porque era joven, a diferencia de mujeres de más de 50.
Es autora de un libro al que calificó como "un ensayo autobiográfico con un discurso visual". "No entendemos lo que no se ve o no se habla; esta es una puerta a interrogar cosas que antes no nos habíamos interrogado", sostiene.
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