Las metodologías de robo se perfeccionan al mismo ritmo que la tecnología. Este lunes un empresario sufrió el robo de su vehículo en las inmediaciones de Balcarce y Sarmiento. Los delincuentes lograron abrir el automóvil de manera remota y se llevaron dinero en efectivo y documentación personal.
Cuando este lunes Andrés descendió de su auto para realizar una dirigencia que demandó el tiempo en que se toma un café, nunca pensó que se convertiría en víctima de un robo. En menos de diez minutos los ladrones abrieron el vehículo en el que se trasladaba y se llevaron sus pertenencias.
En diálogo con Aire Digital la víctima relató la secuencia del robo que sufrió este lunes. “Cuando desciendo del auto, constato que esté cerrado, bajo a hacer una dirigencia y cuando vuelvo la puerta del lado del acompañante estaba semi abierta”, relató el damnificado que realizó la denuncia del hecho ante las autoridades policiales. En menos de diez minutos los ladrones se llevaron una mochila con dinero en efectivo y documentación personal.
Esta no es la primera vez que se da una escena de este tipo, en las últimas semanas los padres de los niños que acuden al establecimiento educativo ubicado Ituzaingó se convirtieron en víctimas de los malvivientes. “A un montón de padres que llevan a los chicos a la escuela que se ubica sobre Ituzaingó les ha pasado, usaron un inhibidor para copiar la señal, así es mucho más fácil actuar”, relató Andrés.
Cómo funcionan los inhibidores
Cuando el automovilista cierra el automóvil el inhibidor clona la señal de la alarma, ya sea que este funcione con llave inteligente (estos no necesitan contacto con el cierre del coche ya que al alejarse del vehículo este se cierra) o con comando.
El ladrón acciona el aparato e interrumpe la señal que va del control remoto de la alarma al auto y la clona. El dueño del vehículo se aleja creyendo que lo cerró. En pocos minutos el ladrón ingresa al coche activando el dispositivo, roba todo lo que puede, cierra la puerta y se va. Cuando el propietario vuelve, encuentra las puertas cerradas como las dejó pero con el interior revuelto y ya sin sus pertenencias.
En estos casos los ladrones suelen estar a unos 40 o 50 metros de distancia del objetivo que marcaron para robar. No necesitan estar más cerca ya que el dispositivo funciona a distancia. Eso también dificulta la posibilidad de advertir su presencia.
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