Quienes conocieron al Papa Juan Pablo II aseguran que tenía un fuerte equilibro entre la intensa vida espiritual y apostólica, y su cercanía y delicadeza con la gente que se acercaba a él. Aquel lado humano que le ganó el cariño de millones de personas en el mundo, fue también fruto de haberse encontrado con el dolor personalmente, desde muy joven. Sus padres y hermanos murieron antes de que él cumpliera 21 años. Él era el menor de tres hermanos. Su hermana Olga murió antes de que él naciera y su hermano Edmund falleció el año 1932.
Karol Wojtya, como era su nombre de pila, quería seguir a Dios. Esa era su elección fundamental. Además, su amor a la Virgen María fue otro aspecto que definió su peregrinación en la Tierra.
Ingresó a la Universidad Jagellónica el año 1938 a estudiar filología polaca. Su interés por la literatura y la lengua de su nación lo inspiraron a escribir una serie de poemas, que reflejaban muy bien sus sentimientos hacia Dios y hacia los diferentes sucesos de su vida. Se destacó siempre como estudiante. Su pasión por el saber, sobre todo por las disciplinas humanistas, lo llevaron a escoger una gran cantidad de materias que le permitieran tener un mayor conocimiento de los seres humanos. Además, mientras estudiaba, participaba de una asociación caritativa que ayudaba a estudiantes católicos con problemas económicos.
El arte para transmitir un mensaje al mundo
En 1939, cuando las fuerzas de ocupación nazi cerraron la Universidad, Karol tuvo que trabajar en una cantera y luego en una fábrica química para ganarse la vida y evitar la deportación a Alemania. En ese entonces se unió al Teatro Rapsódico que conoció gracias a Mieczyslaw Koltarszyk, su creador. Este género se caracteriza por la simpleza en los ornamentos y los gestos, y por buscar un contacto profundo con sus interlocutores.
Su preocupación por la transmisión de la verdad a través del arte fue una constante en Juan Pablo II. Quienes lo conocieron afirman que él confiaba en el poder de la belleza para transformar el mundo.
Para Juan Pablo II, el trabajo era "un verdadero camino de santificación". Por esto, y a raíz de su experiencia personal, luchó por transmitir la necesidad de dignificar el trabajo de todos los hombres. “No olvidéis que la dignidad del trabajo depende no tanto de lo que se hace, cuanto de quien lo ejecuta que, en el caso del hombre, es un ser espiritual, inteligente y libre. Por lo mismo, rechazad los trabajos que degradan al hombre o a la mujer, como son aquellos que son contrarios a la ley moral, o los que atentan contra la vida de las personas, incluidos los aún no nacidos”, decía el fallecido Papa.
Su vida como sacerdote
La ordenación sacerdotal de Juan Pablo II fue en Cracovia el 1 de noviembre de 1946 de manos del Arzobispo Sapieha. El 4 de julio de 1958 fue nombrado por Pío XII Obispo titular de Olmi y Auxiliar de Cracovia. Recibió la ordenación episcopal el 28 de septiembre de 1958 en la catedral del Wawel. El 13 de enero de 1964 fue nombrado Arzobispo de Cracovia por Pablo VI, quien le hizo cardenal el 26 de junio de 1967.
Quienes compartieron con él, cuentan que en el Vaticano, al igual que en Cracovia, vivía modestamente. No poseía nada, y casi nunca pedía algo.
Los cardenales reunidos en Cónclave lo eligieron Papa el 16 de octubre de 1978. Tomó el nombre de Juan Pablo II y el 22 de octubre comenzó su ministerio.
Quienes compartieron con él, cuentan que en el Vaticano, al igual que en Cracovia, vivía modestamente. No poseía nada, y casi nunca pedía algo.
Mensajero de paz
Juan Pablo II asumió su cargo en medio de la Guerra Fría entre Occidente y Oriente. Si bien venía de Europa central, para muchas personas de Occidente parecía venir de un lugar muy lejano. El mundo conoció a un Papa que había sobrevivido los dos grandes sistemas totalitarios del siglo 20: el nacionalsocialismo y el comunismo. En sus propias palabras, respondió a la violencia vivida con una "civilización de amor".
Durante los 25 años de su papado, viajó varias veces a su patria comunista, animó a la Iglesia a participar en el diálogo social y fortaleció el movimiento sindical Solidarnosc. A su manera, el Papa contribuyó a la caída de los sistemas comunistas en Europa, de la Cortina de Hierro, así como del Muro de Berlín. Ni siquiera el atentado de un terrorista turco en mayo de 1981 logró pararlo.
Juan Pablo II y los jóvenes
Fue tal la importancia que Karol le dio a los jóvenes, que siendo Papa creó las Jornadas Mundiales de la Juventud, donde se encontraba con los jóvenes de todas las nacionalidades y los incentivaba a la santidad y a ser los grandes reformadores de su tiempo. Un legado que el Papa Francisco sabe llevar muy bien.
Su muerte y santificación
Sin dudas, Juan Pablo II fue el Papa más querido de la historia. Su muerte consternó a muchísimas personas, incluso aunque no profesaban la fe católica.
El cardenal Stanislao Dziwisz, que lo vio morir, relata en su libro "Una vida con Karol" cómo fueron los últimos minutos del Santo Padre. "En un determinado momento, con un tono de voz debilísimo, apenas perceptible, dijo: ‘Dejadme ir con el Señor’. En la comunión conseguí darle, como viático, algunas gotas de la sangre preciosísima de Jesús. Eran las 21:37. Ya nos habíamos dado cuenta de que el Santo Padre había dejado de respirar. Pero solo en ese preciso instante ‘vimos’ en el monitor que su gran corazón, después de latir un poco más, se había parado. El doctor Buzzonetti se inclinó sobre él y, sin levantar apenas la mirada, murmuró: ‘Ha pasado a la casa del Señor", escribe.
El milagro que dio origen a la beatificación de Juan Pablo II fue el de Sor Marie Simon-Pierre el 5 de junio de 2005. La monja francesa fue curada de Parkinson. En el 2011, Juan Pablo II sanó a una mujer de Costa Rica que padecía un aneurisma cerebral.
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