El coronel británico Geoffrey Cardozo, pisó las Islas Malvinas cuando tenía 32 años, una vez finalizada la guerra en julio de 1982. Meses después de terminado el conflicto, junto a un equipo de soldados británicos, recogió los cuerpos y restos de los soldados argentinos para darles sepultura. Por sus placas y pertenencias, el militar pudo conocer nombres de gran parte pero más de un centenar no logró ser identificado.
En una entrevista con AIRE, Geoffrey Cardozo habló sobre esta fecha, en la que se cumplen 40 años de la guerra que se cobró la vida de 649 combatientes nacionales y 255 soldados ingleses fallecidos en el frente de batalla. Cardozo sepultó a 237 argentinos fallecidos en un predio en las afueras de Puerto Darwin y eso permitió que a partir del 2008 , él mismo comenzara a trabajar junto al excombatiente argentino Julio Aro para la identificación de esos soldados que mientras tanto, permanecían en el cementerio bajo la denominación de "Soldado Argentino conocido solo por Dios".
Geoffrey explica que la figura la madre fue central en su compromiso con el proceso para identificar a los cuerpos de los soldados: "Antes de marcharme a las islas, estaba en Londres y mi madre me tomó en sus brazos para darme un beso que nunca había percibido desde los siete años. Para mí fue muy fuerte y cuando estaba al lado de mi primer héroe argentino en las islas, yo pensé inmediatamente en su madre, que le habría dado un beso similar y un abrazo muy fuerte. En mi responsabilidad de recoger a los soldados, la figuraba de la madre estaba conmigo", explicó en una entrevista con Geraldine Brezán, Andrea Viñuela y Martín Cartellone.
"Tuvimos que esperar durante semanas y meses un permiso para enterrar a los cuerpos, porque en Buenos Aires había una turbulencia política. Cuando recibimos un mensaje de Buenos Aires, vía Brasilia y Ginebra, que nosotros podíamos recoger a estos chicos y enterrarlos individualmente, fue un momento de 'Eureka' y empezamos a trabajar para darles una despedida bajo las leyes del derecho humano", recordó Cardozo.
Ante el origen de la frase que acompañaba las tumbas de cada soldado, llamada "Soldado Argentino conocido solo por Dios", Cardozo cuenta: "Fue una frase inglesa. Durante la primera guerra, mi abuelo estaba en el campo de batalla en Francia y a pocos metros de él, murió otro soldado que no conocía. Ese soldado que murió se llamaba John Kipling, su padre se llamaba Rudyard Kipling (fue un escritor y poeta británico) muy bien reconocido en Inglaterra y el gobierno le pidió al autor, una frase para poner en las miles de tumbas de soldados no conocidos. Él escribió en ingles, la frase que yo utilicé en las cruces en Darwin", cuenta.
"Julio ha visto todas estas cruces años después del conflicto que no tenían nombre y cuando nos encontramos en Londres en el 2008, yo podía ver la tristeza que tenía y yo también me di cuenta que nada se había hecho desde el 1982 para identificar los soldados. Él empezó los trabajos increíbles para contactar a las madres y pedir muestras de ADN. De los 123 soldados que no estaban identificados, hemos podido identificar 119. Nos falta identificar los últimos", detalla Geoffrey.
En diciembre de 2016, durante el gobierno de Macri, se firma el acuerdo entre ambos países para llevar adelante la misión humanitaria que llevaba décadas postergada, y se convoca para ello al CICR, quien a su vez suma a los trabajos al prestigioso EAAF, reconocido mundialmente por su labor forense.
El primer trabajo de exhumación de 123 tumbas se realiza en el cementerio de Darwin, entre el 20 de junio y el 7 de agosto de 2017. Durante esos casi dos meses de trabajo, son exhumados, analizados y vueltos a inhumar, 122 cuerpos de 121 sepulturas. Se toman muestras óseas y de dientes, en un laboratorio montado en el mismo cementerio, que fueron enviadas para su análisis a la sede de Genética Forense del EAAF en Córdoba.
Tras esa primera parte del proyecto logran ser identificados 115 soldados. Las primeras notificaciones a sus familiares se realizan en el Archivo Nacional de la Memoria, ubicado en la exEsma. Son reuniones íntimas, cuidadas, emotivas, desgarradoras en algunos casos. Algunos privilegiados, además de la confirmación del lugar exacto donde estaban enterrados sus seres queridos, se llevan detalles sobre la causa de la muerte y algo aún más impresionante: pertenencias que perduraron 35 años enterradas junto al cadáver, como cadenas, cruces, anillos, cartas, estampas religiosas y documentos de identidad.
El 26 de marzo de 2018, un contingente de 210 familiares viaja por unas pocas horas a las islas, para ver por primera vez el lugar exacto y el nombre de su ser querido grabado en una lápida. Fue un día de sol pleno, casi sin viento, algo inusual para el clima de las islas. Se colocan sillas frente a las tumbas para las madres y padres ancianos. Pero muchos igual se recuestan o arrodillan sobre la turba malvinera.
Geoffrey cuenta que las relaciones en ambos países, antes de desatarse la guerra, no era malas. Asegura que sus amigos en Inglaterra que tienen un respeto enorme por Argentina. "Los veteranos de un lado o del otro, hablamos el mismo lenguaje. Hemos vivido cosas horribles que otros no han visto y nos comprendemos, unos a otros. Hay grupos de veteranos británicos con muy buena relación con los veteranos argentinos", comenta el ex coronel.
Geoffrey Cardozo, nominado por cuarta vez al premio Nobel de la Paz
En cuanto a su cuarta nominación al premio Nobel de la Paz, Geoffrey cuenta: "Hay algo más grande que una nominación a un premio de este tipo. Yo me acuerdo ingresando al cementerio Darwin con las familias en el 2018. Tomamos un avión en Buenos Aires y llegando al cementerio a las islas con las familias, podía ver las madres bajando del micro y yendo al cementerio, en un camino con piedras. Esas madres andaban con un paso pesado o una cabeza muy baja, con mucha tristeza. Luego de pasar unas horas con los cuerpos de sus hijos, en las tumbas, cuando regresaban al colectivo, caminando por el mismo camino, lo hacían con la cabeza en alto, con un paso más ligero y con algo de orgullo. He visto dos o tres madres en el micro antes de subir, una de ellas me tomó en sus brazos para darme un beso y yo podía ver en sus ojos unas lagrimas, Tomé un pañuelo para secarlas y pude ver una sonrisa de alivio, de paz... ese para mí y para julio, es el premio más increíble de toda nuestras vidas".
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