Los padres de Fernando Báez Sosa no podrán sanar nunca el dolor de la pérdida de su hijo, pero hay fechas como el día del cumpleaños de joven que generan aún más dolor. Este martes 2 de marzo, cumpliría 20 años.
“Es un año más que voy a pasar su cumpleaños sin él”, expresó en diálogo con Crónica, y agregó: “Era muy amiguero, ya desde chiquito. Le encantaba festejar su cumpleaños, siempre invitaba a sus amigos de primaria y secundaria”.
“Quiero estar sola, en silencio, recordando los buenos momentos que pasamos con nuestro hijo. Extrañaré mucho no poder darle su abrazo, cantarle, compartir la torta, todo eso, no va a existir”, reveló la mamá de Fernando, que estará únicamente acompañada de su esposo Silvino.
“No existe minuto, ni segundo que deje de pensar en Fer. Se me viene todo a la cabeza. Cuando llego a casa no está mi marido y lo saludo a Fer, ahí empiezo a bajonearme”, agregó Graciela, además de contar que retomaron sus actividades personales luego de varios meses, tras el asesinato de su hijo.
A su vez, contó:
“Fue un niño muy buscado. Era un chico muy bueno, muy travieso, pero también tímido. Muy dedicado a sus estudios. Cuando se pierde un hijo, se pierde todo, la noción del día, de la noche, las ganas de vivir. Siento que camino sin sentido. Antes era distinto, estaba mi hijo, tenía ganas de luchar para darle lo mejor. Ahora es vivir al día a día sin tener un motivo”.
“No veo la hora de que llegue el momento y estos asesinos sean condenados. Que paguen lo que hicieron, porque la vida que llevamos nosotros, no es vida, estamos muertos. La pena máxima es lo que nosotros pedimos porque a mi hijo lo masacraron sin piedad alguna, quiero una justicia ejemplar para que no exista otro Fernando en esta vida”, cerró la mamá de Fernando Báez Sosa.
“Vivir en un calvario”
Muy lejos de apaciguarse, el dolor que Graciela siente cada vez se hace más grande. Después de siete meses de haber recibido la trágica noticia del asesinato de su hijo, Silvino y ella decidieron retomar el trabajo “para despejar la cabeza” . Graciela se dedica al cuidado de personas adultas, mientras que Silvino trabaja en una clínica médica haciendo mantenimiento y como encargado del edificio en el que viven. Sin embargo, nada alcanza. “No existe minuto, ni segundo que deje de pensar en Fer. Se me viene todo a la cabeza ”, remarca. El regreso del trabajo a la casa es uno de los momentos más duros del día . El silencio ensordecedor del ambiente, siempre suele desembocar en un llanto desconsolado. "Cuando llego a casa no está mi marido y lo saludo a Fer, ahí empiezo a bajonearme ”, cuenta. Rompe en llanto. Su vida se convirtió en una lucha constante por no olvidar a Fernando, que requiere de un esfuerzo continuo, pero aliviador, para mantenerlo vivo en su memoria. Sentir su ropa, su olor, su perfume, mirar sus fotos le devuelve un poquito de vida.
Era hijo único
“Un chico compañero y muy cariñoso de sus padres”, así lo describe Graciela. “Siempre tratamos de darle lo mejor, y él siempre nos hacía sentir muy orgullosos con las buenas notas que traía”, dice. Graciela subraya que "fue un niño muy buscado”. Después de dos años de casados, a los 28 años de ella llegó Fernando para traer alegría al hogar. “Era un chico muy bueno, muy travieso, pero también tímido. Muy dedicado a sus estudios”, cuenta.
Desgarrador testimonio de la mamá de Fernando Baez Sosa
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