Lo que parece un niño real es en realidad una escultura de cemento creada por el artista urbano Sebastián Andreatta, conocido como BIH, quien anteriormente se hizo popular por esconder piñatas con dinero en distintos puntos de la Ciudad de Buenos Aires.
El mensaje detrás del “niño en penitencia”, la obra de arte de Palermo
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Andreatta explicó que llevaba años buscando un proyecto que le permitiera darle otro significado al espacio público. Finalmente, decidió utilizar la figura de un niño para transmitir un mensaje sobre la vulnerabilidad de las infancias. “Le doblé un poco las piernas y le bajé la cabeza para dar la idea de que estaba en penitencia contra la pared”, contó el artista.
niño en penitencia arte bih
La escultura de un niño en penitencia, del artista plástico Bih, causó mucha conmoción y opiniones encontradas.
El niño no tiene rostro ni nombre y permanece con capucha, reforzando la idea de anonimato y fragilidad. Para registrar la reacción de los transeúntes y proteger su obra, Andreatta colocó una cámara oculta, ya que la instalación fue vandalizada en dos ocasiones.
Reacciones encontradas y actos de vandalismo
El realismo de la escultura genera desconcierto y múltiples emociones. Algunos se detienen, lo observan incrédulos y hasta intentan interactuar, mientras que otros sienten rechazo o temor. “Generó mucho impacto por el realismo y a muchas personas les produjo violencia. Otros vecinos me escribieron para contarme que la obra despertó discusiones en sus familias sobre los límites del arte”, señaló Andreatta.
El pasado sábado, un joven intentó arrancar la obra y logró romperle un brazo. Previamente, el 7 de septiembre, la escultura había sido instalada en la Plaza Mafalda, donde fue destruida y encontrada luego en un volquete. Tras ese hecho, el artista decidió reubicarla en Palermo y reforzarla con varillas de hierro para evitar futuros ataques.
Más allá de las controversias, el “niño en penitencia” ya se transformó en una de las intervenciones urbanas más comentadas de la ciudad. La obra no solo sorprende a quienes recorren la zona, sino que también abre el debate sobre el rol del arte en el espacio público y su capacidad de incomodar para generar reflexión.