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Actualidad Lenguaje inclusivo | Día Internacional de la Mujer | Lenguaje

Desde "las mujeres son más complicadas" hasta "¿para cuándo los hijos?": el lenguaje que continuamos utilizando e imprime violencia machista

La lista de dichos cotidianos que engloban desigualdad entre los géneros puede ser interminable. La sociedad fue educada para que algunos asuman ciertas actividades, y otros, otras ¿Por qué es tan fundamental que el lenguaje esté impregnado de igualdad?

El restaurante está por cerrar y me apuro a hacer la famosa seña al mozo para que nos traiga la cuenta. Me mira a los ojos y levanta el pulgar de su mano derecha mientras que con la mano izquierda acomoda la bandeja debajo de su hombro. Saco mi tarjeta de la billetera y el DNI para efectivizar el pago y me dispongo a esperar su regreso.

En la mesa somos cinco: cuatro mujeres y un hombre. A los pocos minutos, aparece el mozo desde la cocina y se dirige con paso firme y un papel en la mano. Trae la cuenta y atino a levantar mi mano para que me la dé. Pero me esquiva y se la entrega al hombre de la mesa. Yo me quedo con la mano levantada y el mozo ni siquiera lo nota. Disimulo mi incomodidad y dejo que pague el hombre para después dividir.

¿Por qué se lo entregó al hombre de la mesa si me vio a mí pedir la cuenta? La respuesta creo que muchos la sabemos. Porque a pesar de que estamos en pleno siglo XXI seguimos asignando roles y actividades según el género de las personas y entendemos que, continuando en el ejemplo, es el hombre el que debe pagar la cuenta. En ese sentido tenemos por delante un arduo trabajo de deconstruir la manera en la que nos entendemos y entendemos al otro.

Cuando asignamos un rol a alguien teniendo en cuenta su género estamos hablando de violencia en el lenguaje. Hay construcciones que nos han hecho destinar ciertas actividades a un género en particular y en realidad lo que sucede es que un género se lo atribuye a otro porque, simplemente, no lo quiere hacer.

Generalmente nos dicen a las mujeres que hagamos las cosas que no quieren hacer. No hay cuestión biológica o genética que imposibilite, por ejemplo, la tarea doméstica a los hombres. Sino que nos han 'delegado' eso culturalmente”, dice la investigadora, profesora y doctora en Comunicación Social, María Laura Schaufler. “Cualquier cuerpo puede entrenar cualquier actividad. Esa es la verdadera condición y no hay diferencia al respecto entre los géneros. Cuando asignás una tarea a alguien por su género estás ejerciendo violencia, porque es una condición de dominación”.

“Generalmente nos dicen a las mujeres que hagamos las cosas que no quieren hacer. No hay cuestión biológica o genética que imposibilite, por ejemplo, la tarea doméstica a los hombres".

Que cuides a tu pareja, que te ocupes de la casa, que sepas qué medicamento hay en tu casa, que ordenes la repisa, que ordenes la ropa de tu pareja, que no te olvides de preparar todo lo necesario para la jornada, que no dejes la yerbera vacía, que te depiles, que trabajes, que respondas al estereotipo de belleza: imperativos de las normas que debemos cumplir las mujeres que, claramente, subyacen en el lenguaje. Se trata de mandatos heredados que están metidos en nuestras formas de ser.

Sin embargo, estamos hablando de una cuestión “políticamente transformable”, dice Schaufler. Y eso es justamente lo que el feminismo intenta hacer desde hace un siglo.

Ahora bien, ¿por qué es tan importante plasmar esa igualdad que queremos en el modo de hablar? Simplemente porque es a través del lenguaje que se articula nuestro pensamiento y, si no tenemos palabras para expresar nuestras prácticas, no hay manera de pensarlas.

"Es a través del lenguaje que se articula nuestro pensamiento y si no tenemos palabras para expresar nuestras prácticas no hay manera de pensarlas".

El lenguaje inclusivo

Hace un par de años, en Argentina iniciamos el debate sobre el lenguaje inclusivo. ‘Todos, todas y todes’; chiques; elles; nosotres y más aparecen consolidados a la hora de comunicarnos.

Generalmente cuando decimos “los argentinos” estamos hablando de los más de 40 millones que formamos parte de este país. Sin embargo, cuando decimos “las argentinas” estamos haciendo referencia sólo a las mujeres. “Es realmente muy simple de percibir si no somos reticentes de pensar estas cuestiones”, dice María Laura Schaufler.

“Lo interesante es poder pensar en cómo nos comunicamos trascendiendo la diferencia de género” porque comunicarnos de esa manera puede llegar a permitir que también actuemos sin pensar lo que corresponde a un género o a otro para que, la próxima vez, el mozo le entregue la cuenta simplemente al que la pidió.

Un debate que, quizás no sea urgente, pero es claramente necesario.

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