Luego de un año académico atravesado por la virtualidad a la que la pandemia de coronavirus obligó a los chicos y adultos a adaptarse, la presencialidad en las aulas se vivió con entusiasmo por todos. La alegría duró un suspiro, ya que tras el aumento de casos de coronavirus y el estrés que esto generaba en el sistema sanitario, las autoridades decidieron dar marcha atrás y la pedagogía quedó restringida a las paredes de cada hogar y a las pantallas más cercanas.
¿Qué efectos pueden tener en los más chicos estas idas y vueltas en una nueva normalidad en la que la virtualidad cobra protagonismo en los procesos educativos y en la vida diaria? Aire Digital dialogó con diferentes especialistas en materia de salud que brindaron su perspectiva y brindaron una serie de consejos para evitar que los más chicos sufran las consecuencias del encierro y eviten una dependencia total de las pantallas.
“El retorno a la presencialidad se dio con mucha alegría de parte de los niños y docentes, se hizo un trabajo fantástico en las escuelas, el nivel de contagios es muy bajo”, explicó el pediatra Nicolás Morello, integrante de la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP), filial Santa Fe.
El especialista aseguró que la situación que hoy toca atravesar, marcada por el encierro y el aislamiento, que ocasiona falta de interacción social, es un ambiente propicio para que aumenten los sentimientos como el estrés y situaciones de violencia.
“Sostenemos que la decisión de no presencialidad escolar, por las razones epidemiológicas, duren el menor tiempo que se pueda y sean lo más sectorizadas posible”, explicó el profesional.
Desde la psicopedagogía aseguran que la virtualidad puede traer consecuencias en los más chicos, tanto a nivel individual como en el entorno que los rodea. En lo que respecta en lo académico, principalmente en los años iniciales que van desde preescolar a tercer grado, se observa que la virtualidad no es un aprendizaje sino que consiste en una transmisión de contenidos. “En esta cadena falta un tercero que enseñe. Hay que ver hasta qué punto la virtualidad enseña, estamos hablando de niños que son más inquietos y cuesta que permanezcan concentrados. En primera instancia, qué grado de aprendizaje se da entre el niño y la virtualidad”, analizó la licenciada psicopedagogía Dolores Arias, matrícula N°1022.
El año pasado la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP) realizó un relevamiento nacional a través de sus Filiales y la Región Metropolitana que involucró a niños de todo el país. Los resultados del estudio arrojaron que los más chicos manifestaban señales de estrés, depresión, miedo y ansiedad. “Son los síntomas que predominaron de diferente manera dependiendo el nivel etario del paciente”, explicó Morello.
Durante este tiempo se observó un incremento en el tiempo de pantalla. “La propia modalidad de educación impulsó que el niño esté delante de una pantalla y una disminución de actividad física”, destacó el pediatra. Ante la disminución de las consultas, aún no se pudo establecer si los niños tuvieron más sobrepeso o el aumento de niños con obesidad fue mayor.
“Se encontró que durante la pandemia los niños manifestaron la necesidad de estar con el otro, a pesar de ser una generación digital, no se puede reemplazar la necesidad del otro”, recalcó Morello.
La educación virtual demanda una importante exposición ante las pantallas. Independientemente de la función pedagógica de los dispositivos, los especialistas desaconsejan su uso en los chicos por debajo del nivel inicial. “En niños por debajo del nivel inicial, que sea el menor tiempo posible y en nivel escolar y adolescente el necesario. — aconsejó Morello— Es difícil dar un parámetro porque estamos en un momento donde se necesitan todos los recursos posibles. Tratar de buscar una forma creativa en la optimización del tiempo, que no sea siempre una pantalla lo que se use para entretener a los chicos”.
“Es recomendable experimentar saliendo de la pantalla, trabajar de manera lúdica para que el chico pueda aprender lejos del dispositivo”, coincidió la especialista en psicopedagogía. Para garantizar el proceso de aprendizaje recomendó llevar los contenidos que se brindan a través de la virtualidad a la experimentación con actividades sencillas y didácticas como el diseño de collages de letras o números. “Los chicos podrán experimentar el contenido como lo harían en el aula y no solo mirando una pantalla”, aseguró Arias.
Lo pedagógico se puede conjugar con lo lúdico, por ejemplo se pueden proponer juegos como pintar las vocales o determinadas letras. “Son actividades que el chico puede hacer solo—sostuvo Arias— Hablo de un ideal, llevarlo a la realidad es realmente distinto”.
El contexto que hoy toca atravesar puede generar consecuencias en el caso de los más chicos, las manifestaciones varían en relación a la edad, los adolescentes pueden demostrar indiferencia u enojo ante la privación de libertad y reaccionar mediante el rechazo a las normas. “En los niños pequeños las manifestaciones son muy importantes, pueden ser un tartamudeo, frecuentes pesadillas, terrores nocturnos, enojo, son pequeñas señales que pueden indicar depresión o ansiedad y en caso de que no se calme con el acompañamiento de los adultos debe ser tratado”, aconsejó Morello.
Generar estímulos a través de actividades lúdicas seguras o relacionadas con la música y el arte son opciones a poner en práctica en tiempos de restricciones. “El distanciamiento social no debe implicar un aislamiento social, los niños necesitan calidad de tiempo con sus cuidadores en el momento en que están, procurando juegos creativos, retomando cosas que en tiempos sin pandemia no se podía hacer”.
La licenciada destacó que en el contexto actual se deja de pensar en la interacción con los padres. “A veces no se tiene en cuenta pero es importante que el niño crezca en un contexto donde se relacione con sus padres y pueda aprender jugando, de esta interacción también se da el aprendizaje”, explicó Arias.
Para evitar que los más chicos no pierdan el hábito de contar con una estructura, Arias recomendó implementar pautas y sostener una rutina dentro del horario escolar en la medida de lo posible. De lo contrario se aconseja establecer un cronograma para realizar las tareas de la escuela. No buscar huecos. “Porque cuando el chico detecte que su rutina habitual de estar en casa se interrumpe por hacer la tarea, se van a generar más choques”, explicó la licenciada en psicopedagogía.
En el caso de los menores de tres años se recomienda emprender actividades de manera gradual para evitar una fatiga sensorial y ansiedad. Otra estrategia consiste en aumentar la autosuficiencia en los pequeños incorporándose en los quehaceres del hogar y enfatizando los refuerzos positivos y los mensajes esperanzadores. “Porque los niños entienden todo lo que está sucediendo”, alertó el pediatra. Por último, el profesional recordó la importancia de asistir a los controles pediátricos, sobre todo en los menores de un año, y darle continuidad al calendario de vacunación.
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