Crecida del río Paraná en Santa Fe: las recomendaciones de un biólogo ante la aparición de yararás, escorpiones y otros animales
Alejandro Giraudo, investigador del Conicet, explicó en Ahora Vengo Sábados por qué la fauna silvestre se acerca a las zonas urbanas y cómo prevenir accidentes sin recurrir a la matanza de animales.
La crecida del río Paraná y de la laguna Setúbal obliga a distintos animales silvestres a buscar refugio en zonas más altas, lo que aumenta las posibilidades de que aparezcan en barrios costeros, patios y viviendas de Santa Fe.
La crecida del río Paraná y de la laguna Setúbal obliga a distintos animales silvestres a buscar refugio en zonas más altas, lo que aumenta las posibilidades de que aparezcan en barrios costeros, patios y viviendas de Santa Fe. Ante esta situación, el biólogo y doctor en Ciencias Biológicas Alejandro Giraudo brindó recomendaciones para prevenir accidentes y advirtió sobre los riesgos de acercarse a sectores inundables.
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En una entrevista con Ahora Vengo Sábados de AIRE, el investigador del Conicet explicó que serpientes, escorpiones y roedores se desplazan para escapar del agua. Aunque algunas especies pueden representar un riesgo para la salud, remarcó que su comportamiento no implica una búsqueda de contacto con las personas.
“Los bichos que viven normalmente en las zonas terrestres hacen lo mismo que los humanos. Se corren hacia lugares altos para evitar el agua”, explicó.
Por eso, pidió extremar las precauciones en la costanera, las playas y otros sectores afectados por la crecida. “No vale la pena, por ejemplo, ir a pescar o a otras actividades que se suelen hacer frecuentemente o a pasear en esta situación de emergencia. Yo creo que es mejor no frecuentar esos lugares”, sostuvo.
Qué hacer si aparece una yarará o un escorpión en Santa Fe
El especialista recomendó no intentar capturar ni matar a estos animales. Ante un encuentro, aconsejó mantener la distancia, advertir a otras personas sobre su presencia y permitir que se alejen por sus propios medios.
“Señalicemos el lugar, dejemos que el animal se vaya por sus medios porque va a querer escapar. Ellos no quieren interaccionar con nosotros, nos ven como posibles depredadores”, señaló.
Giraudo explicó que agredir a una serpiente puede aumentar el riesgo de sufrir una mordedura, ya que el animal puede defenderse. Si aparece en el interior de una vivienda o en un lugar concurrido y es necesario retirarla, indicó que se debe llamar al 101 para que se coordine la intervención de los servicios correspondientes, como Cobem y Defensa Civil.
En cuanto a la yarará, describió algunas características que pueden ayudar a reconocerla, como su cabeza triangular, bien diferenciada del cuello, y sus escamas de aspecto rugoso. Sin embargo, la recomendación principal es no acercarse para intentar identificarla.
El biólogo también advirtió sobre los escorpiones, especialmente por el riesgo que sus picaduras representan para los niños. Ante una mordedura o picadura, recomendó acudir a un centro de salud. Durante la entrevista mencionó al hospital Cullen y al hospital de Niños como referencias para la atención.
Cómo prevenir accidentes en las viviendas de zonas costeras
“Es muy importante, por ejemplo, tener el pasto corto para poder ver estos animales”, explicó. También aconsejó no acumular escombros, ladrillos, materiales de construcción ni leña cerca de las viviendas, y mantener una buena iluminación exterior durante la noche, cuando muchas serpientes y escorpiones se desplazan.
El uso de botas de goma de caña alta es otra medida preventiva para quienes deban realizar actividades en sectores donde puedan aparecer estos animales. El investigador también recomendó evitar el contacto directo con el agua de la inundación y utilizar guantes de cuero o descarne si resulta necesario manipular objetos en zonas afectadas.
La prevención incluye a las mascotas. Giraudo desaconsejó llevar perros a pasear por la costanera y otros lugares inundables mientras continúe esta situación, porque suelen acercarse a olfatear a las serpientes y pueden sufrir mordeduras.
“Los perros de ciudad las van a tratar de olfatear y ahí pueden ser mordidos”, advirtió.
Por qué no hay que usar venenos
Ante la preocupación que genera la presencia de fauna silvestre, algunas personas recurren a venenos o intentan eliminar a los animales. Sin embargo, Giraudo alertó sobre los riesgos de estas prácticas, tanto para la salud humana como para el equilibrio ambiental.
“Cada vez que tiro venenos también me pongo en riesgo a mí mismo porque, de alguna manera, esos venenos los recibimos los humanos”, afirmó.
En cambio, recomendó priorizar las barreras físicas para reducir el ingreso de animales a las viviendas. Como ejemplo, mencionó las telas mosquiteras y la protección de galerías y otros espacios de la casa. Si resulta necesaria una fumigación, indicó que debe realizarla personal especializado, con conocimiento del producto y de las condiciones de seguridad para las personas.
El investigador también explicó que algunas especies que generan temor cumplen funciones importantes en el ecosistema. Las yararás, por ejemplo, se alimentan de roedores que pueden transmitir enfermedades como la leptospirosis y el hantavirus.
Además, mencionó a las musuranas, serpientes que son depredadoras naturales de las yararás. Por eso, eliminar indiscriminadamente a cualquier serpiente puede provocar desequilibrios y favorecer otros problemas ambientales.
“Hay que respetar la naturaleza teniendo la precaución necesaria”, planteó.
La crecida también desplaza ciervos y otros animales silvestres
Según detalló, el ciervo axis es una especie exótica introducida en distintas provincias por motivos vinculados con la cacería. Sus poblaciones aumentaron luego de que algunos ejemplares escaparan de los lugares donde se encontraban.
El especialista señaló que también pueden desplazarse hacia zonas urbanas animales como el aguará guazú, las comadrejas y los lagartos. En esos casos, recomendó permitir que encuentren su camino hacia ambientes adecuados, sin perseguirlos ni intentar manipularlos.
“Los animales silvestres tienen cada vez menos lugar para vivir”, advirtió. En ese sentido, sostuvo que la ocupación de los valles de inundación puede generar consecuencias a largo plazo, especialmente en un contexto en el que las lluvias son cada vez más impredecibles.
El investigador recordó la inundación de Santa Fe de 2003 y planteó la necesidad de revisar cómo se ocupa el territorio. También advirtió que el cambio climático puede agravar los efectos de los ciclos naturales. “Tenemos que aprender que somos uno más dentro de este ciclo de vida”, reflexionó.





