La ciudad de La Granja se ubica a 51 km al norte de la ciudad deCórdoba, en el departamento Colón, región de Sierras Chicas. Allí, la Municipalidad solo permite abrir los comercios en donde sus dueños y los empleados hayan recibido al menos una dosis de la vacuna contra el coronavirus. Los locales habilitados cuentan con un afiche en su puerta que notifica a la gente de su habilitación. Desde el área de Defensa Civil explicaron que la medida es para "garantizar a la población que el local no sea un vehículo de conducción del virus y así reducir los riesgos y estimular además a más personas para que se vacunen".
Una vez acreditada la vacunación, el comerciante debe gestionar ante el municipio la habilitación, una vez que el Ejecutivo local corrobora que todo esté en orden coloca un cartel en el ingreso al comercio con la leyenda: “En este local estamos vacunados”. En la actualidad la mayoría de los comercios ya cuenta con el distintivo.
Julio Ortega, coordinador de Defensa Civil, contó que la localidad cuenta con alrededor de 150 negocios y no hubo mayores objeciones a la medida, “se les informó y ahora deben ir comunicando una vez que tengan las vacunaciones”, comentó el funcionario. Desde el área de Gobierno explicaron que “Si habilitamos comercios con atención al público, tenemos la responsabilidad de garantizar que las personas que asistan no se contagien”.
Es el primer municipio cordobés en adoptar esta medida. De no aceptarla, es decir si los dueños o empleados optan por no vacunarse, el comercio pierde la habilitación.
La historia de La Granja
Los orígenes de la localidad, están relacionados con la historia del Norte Cordobés. Se puede asegurar que la zona, fue asentamiento de tribus Comechingones y formó parte de los territorios que durante la fundación de Córdoba y su organización, fueron otorgados en merced para las estancias, quedando incluida como ESTANCIA SANTA CATALINA. Utilizada para el mantenimiento y provendría de instituciones urbanas.
Con producción de mano de obra aborigen, a la que capacitaron ye evangelizaron.
Entonces, La Granja no puede quedar de lado de la impronta jesuítica, que en el año 1.767 son Expulsados y esas propiedades pasan a la Junta de Temporalidades que después enajena las tierras, poniéndolas en manos de familias importantes.
Santa Catalina, es vendida a Francisco A. Díaz quien divide la estancia en fracciones más chicas para regalárselas a sus descendientes; una de ellas fue la Estancia de La Granja, heredada por la hija menor y que luego es cedida a María del Rosario Bravo Díaz su hija, casada con Pablo Fermín Rueda y Vivanco.
Denominada ya “La Granja de Rueda” se organiza el terreno de forma conveniente para la práctica de la agricultura y ganadería.
A partir de 1930, comienza a desmembrarse la estancia a través de un loteo de terrenos puestos a la venta en donde acuden importantes compradores que construyen sus casas de veraneo en este lugar por la benignidad de su clima, el aire puro y la riqueza natural.
Uno de esos compradores fue Don Roger Agst, quien adquirió gran cantidad de hectáreas que luego se dividirían en parcelas más pequeñas fundando así, lo que hoy conocemos como La Granja.
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