Celulares, redes sociales y salud mental: la preocupación por una generación que creció conectada
Sebastián Bortnik, fundador de Argentina Cibersegura, advirtió sobre la crisis de bienestar, salud mental y vínculos que atraviesan niños y adolescentes tras crecer con pantallas desde edades tempranas. Sostiene que la respuesta no pasa por prohibir la tecnología, sino por demorar su acceso y recuperar el diálogo entre adultos y chicos.
El desafío no consiste en demonizar la tecnología, sino en revisar cómo, cuándo y para qué se incorpora a la vida de los más chicos.
Criar hoy implica enfrentar desafíos que hace apenas dos décadas no tenían la misma dimensión. Los celulares, las redes sociales y la conexión permanente forman parte de la vida cotidiana, pero también abren preguntas sobre cómo acompañar a niños y adolescentes en una etapa clave de su desarrollo.
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Sebastián Bortnik, experto en tecnología, autor de Guía para la crianza en un Mundo Digital y director de la ONG Argentina Cibersegura, aborda esta temática desde 2009. En diálogo con AIRE, planteó que la sociedad recién comienza a dimensionar las consecuencias de una infancia atravesada por las pantallas desde los primeros años de vida.
“Estamos viendo una profunda crisis de bienestar en la adolescencia y en la adultez temprana”, advirtió. También señaló problemas en la salud mental, las capacidades cognitivas y los vínculos, en un contexto en el que a muchos chicos les cuesta expresarse, comunicarse y relacionarse con los demás.
Para Bortnik, el desafío no consiste en demonizar la tecnología, sino en revisar cómo, cuándo y para qué se incorpora a la vida de los más chicos. Y, sobre todo, en asumir que la responsabilidad no puede recaer exclusivamente en las familias ni en las escuelas: los adultos tienen un papel central.
Una generación que creció con pantallas desde la infancia
El debate actual responde, en parte, a que la primera generación que creció durante toda su infancia y adolescencia con celulares conectados, aplicaciones y redes sociales está llegando a la adultez.
La popularización de ese ecosistema tecnológico se produjo alrededor de 2010. Por eso, según Bortnik, recién ahora es posible observar con mayor perspectiva qué ocurre cuando una persona transita todo su desarrollo con acceso constante a estímulos digitales.
“Lo que estamos viviendo hoy es que estamos viendo la primera generación de adolescentes que salen a la adultez, que terminan su proceso escolar, habiendo tenido pantallas durante toda su infancia y toda su adolescencia”, explicó.
El fundador de Argentina Cibersegura sostuvo que el fenómeno no se limita a la Argentina. La preocupación por los indicadores de salud mental y el descenso de los resultados educativos en distintos países, son factores de una transformación más amplia que la coyuntura local.
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También advirtió sobre las dificultades para construir vínculos y comunicarse. En su análisis, la discusión no debería centrarse solamente en los riesgos puntuales de internet, sino en el efecto acumulado de crecer con dispositivos desde edades muy tempranas.
Demorar el celular no es prohibir la tecnología
Uno de los puntos centrales de la propuesta de Bortnik es revisar la edad a la que los chicos acceden a los dispositivos y a las redes sociales. Para el especialista, no da lo mismo incorporar un celular a los 8, 9 o 10 años que hacerlo a los 12 o 13.
“Yo hablo siempre de demorar mucho más que de prohibir”, afirmó. Y comparó el acceso a la tecnología con otras experiencias para las que la sociedad reconoce que existe una edad adecuada: así como no se considera que un niño esté preparado para ir solo a un boliche o conducir un auto, tampoco debería suponerse que está listo para manejar cualquier entorno digital desde pequeño.
Bortnik observa que distintas experiencias tecnológicas llegan cada vez antes. Según describió, el celular, las redes sociales y los videojuegos se incorporan varios años antes de lo que él considera conveniente para el desarrollo infantil.
Por eso, propone que las familias se pregunten si cada dispositivo o plataforma es adecuado para la edad y la madurez del chico. No se trata de rechazar la tecnología, sino de acompañar su incorporación de manera progresiva.
En Santa Fe, una escuela impulsó un acuerdo con las familias para que los chicos de las primeras infancias no tengan acceso a un celular hasta los 13 años. La iniciativa se suma a otras experiencias de acuerdos entre padres y comunidades educativas que buscan establecer criterios compartidos.
Bortnik valoró este tipo de acciones porque permiten reconocer que las decisiones individuales también necesitan respaldo colectivo. Cuando una familia intenta demorar el acceso al celular, pero el entorno de sus hijos funciona con otras reglas, sostener ese límite puede resultar más difícil.
Los adultos también tienen que revisar su relación con el celular
Según el especialista, el primer paso para mejorar la relación de los chicos con la tecnología es que los adultos revisen sus propios hábitos. No alcanza con exigirles que dejen el teléfono si quienes los acompañan permanecen conectados todo el tiempo.
“Están todo el día con el celular, parece que es un anexo de su mano, pero cuando yo lo agarro, el problema es mío que soy adolescente”, relató al describir una de las contradicciones que escucha de los jóvenes.
El especialista reconoció que cambiar esas costumbres tampoco resulta sencillo para los adultos. “Hay que hacerse cargo”, resumió. Esa responsabilidad implica dejar de minimizar el problema y reconocer que los adultos también deben modificar algunas conductas.
Diálogo y límites para acompañar a los chicos
El segundo eje que plantea Bortnik es el diálogo. Considera que las familias y las escuelas necesitan hablar con los chicos sobre lo que ocurre en internet, los riesgos de las redes sociales y las consecuencias de compartir contenidos sin comprender su alcance.
Para el especialista, parte de los problemas actuales se vincula con la falta de conversaciones sostenidas y de orientación adulta. No alcanza con entregar un dispositivo y esperar que los chicos aprendan solos a manejar situaciones complejas.
La respuesta tampoco debería quedar reducida a una prohibición abrupta. Demorar el acceso, establecer límites acordes a cada etapa y conversar sobre el uso de la tecnología forman parte de un mismo proceso.
Bortnik también pidió evitar una mirada que enfrente a las familias con las escuelas. En su análisis, es frecuente que cada sector espere que el otro resuelva el problema, cuando ambos tienen responsabilidades y necesitan trabajar en conjunto.
“Estamos todos peleándonos en lugar de pensar que todos tenemos algo para hacer como adultos para que los chicos transiten un espacio mejor y más feliz”, sostuvo.
Criar en una sociedad que también necesita acompañar
El especialista reconoció que las madres y los padres enfrentan condiciones sociales que pueden hacer más difícil la crianza. Las exigencias laborales, la falta de tiempo y las dificultades para compatibilizar el trabajo con la vida familiar forman parte de un contexto que también debe tenerse en cuenta.
Por eso, su planteo no apunta a responsabilizar exclusivamente a quienes crían. Bortnik advirtió que la sociedad ofrece cada vez menos apoyo para afrontar esa tarea y que las familias necesitan mejores condiciones para acompañar a sus hijos.
Al mismo tiempo, consideró que esa dificultad no debería convertirse en una razón para postergar cualquier cambio. Aunque los acuerdos colectivos son importantes, cada adulto puede empezar por revisar sus propias decisiones.
La salida requiere acuerdos entre familias, escuelas y comunidades, pero también personas dispuestas a dar el primer paso.
Una charla en Santa Fe para pensar la crianza digital
En el marco de los festejos por los diez años del Centro Cultural y de Estudios DEMOS, el especialista en tecnología Sebastián Bortnik llegará a Santa Fe para brindar una charla sobre los desafíos de la crianza en tiempos de nuevas tecnologías. La actividad se realizará el martes 3 de noviembre, a las 18, en la sede de DEMOS, ubicada en 9 de Julio 2239, con entrada libre y gratuita.
La presentación se desarrollará bajo el título “Criar entre pantallas” y formará parte de un ciclo de conversatorios que propone reflexionar sobre problemáticas que atraviesan la vida cotidiana de los santafesinos. La propuesta busca abrir el debate sobre el vínculo entre las infancias, las familias y el uso de la tecnología.
La charla será una de las actividades centrales de la semana aniversario de DEMOS, que se extenderá del 3 al 8 de noviembre con una agenda de encuentros, charlas y recitales para celebrar su primera década como espacio de cultura, pensamiento y debate de ideas en Santa Fe.








