El oscuro mundo de la Red 764: la trama extremista que la Justicia monitorea tras el ataque en la escuela de San Cristóbal

Captan menores de entre 8 y 17 años a través de videojuegos y redes sociales para luego instigarlos autolesionarse y provocar maltrato animal o hacer contenido sexual explícito.

Las víctimas suelen ser jóvenes de entre 8 y 17 años en situación de aislamiento social, crisis emocional o con una marcada necesidad de pertenencia.

Las víctimas suelen ser jóvenes de entre 8 y 17 años en situación de aislamiento social, crisis emocional o con una marcada necesidad de pertenencia.

El ataque ocurrido en marzo de este año en la escuela Mariano Moreno de San Cristóbal, protagonizado por un adolescente de 15 años, sigue más que latente en el ámbito de la Justicia provincial y federal. Aunque la causa ya tiene esclarecida la mecánica del hecho y a su autor, el caso destapó el funcionamiento de redes de extremismo digital que captan a menores con diversos fines.

Una de esas organizaciones es la llamada "Red 764", un entramado virtual de nihilismo extremo -que postula la falta de sentido de la vida- orientada a la explotación sexual infantil, el sadismo digital, el ciberdelito y la radicalización violenta.

Su origen se retrotrae al 2021, en el marco de la comunidad ".Com Network", dedicada a delitos informáticos como lo es la sextorsión y distribución de material de abuso sexual infantil. Según un informe clasificado de la Procuración General de la Nación, el fundador de dicha red fue un adolescente estadounidense llamado Bradley Cadenhead, quien abrió un servidor cerrado en la plataforma Discord y lo nombró "764" por el código postal de su domicilio, en Stephenville, Texas.

Desde entonces, este entorno no solo opera en foros clandestinos, sino que penetra en plataformas juveniles y videojuegos masivos como Telegram, Roblox, Minecraft, Twitch, Steam, Snapchat y Kik por lo que sus víctimas suelen ser jóvenes que tienen entre 8 y 17 años y que tienen un patrón común: aislamiento social, crisis emocional o con una marcada necesidad de pertenencia.

De lo reflejado en informe judicial, los captadores que integran la 764 exigen a los menores autolesionarse, ejercer crueldad animal, abusar de terceros o filmar actos violentos como prueba de lealtad para ingresar a la comunidad extremista. Las grabaciones se compilan en carpetas digitales denominadas lorebooks (archivos de humillación y explotación) y son luego utilizadas para extorsionar a los miembros e inducirlos a manipular a otros jóvenes, para luego generar una "cadena transnacional" de chantaje.

Fenómeno y acción judicial

El fenómeno es analizado actualmente por la Secretaría de Análisis Integral del Terrorismo Internacional de la Procuración, cuyo cotitular, Armando Antao Cortez, dialogó con AIRE -en el marco de las Jornadas Nacionales e Internacionales de los Ministerios Públicos Fiscales- y definió a la Red 764 como una cultura de dominación basada en pruebas de lealtad escalonadas.

Antao Cortez (el segundo a la izquierda) expuso la situación en un panel integrado por varios especialistas en la matería junto al fiscal de Rosario, Luis Schippa Pietra,  jefe actual de la Unidad Especializada en Responsabilidad Penal de Menores de Edad del MPA.

Antao Cortez (el segundo a la izquierda) expuso la situación en un panel integrado por varios especialistas en la matería junto al fiscal de Rosario, Luis Schippa Pietra, jefe actual de la Unidad Especializada en Responsabilidad Penal de Menores de Edad del MPA.

“Quienes tienen más estatus extorsionan y dominan a los de menos. Hay autolesiones, maltrato animal y contenido sexual explícito; allí se funden las figuras de víctima y victimario”, explicó.

“En general, se apoyan en ideologías extremistas y narrativas irreales que los adolescentes compran, derivando siempre en actos de violencia”, agregó el funcionario y explicó la genesis de esta red. “Existe una crisis de identidad donde las explicaciones sobre el sentido de la vida proporcionadas por la familia, la escuela o los amigos ya no les satisfacen. Buscan respuestas en internet, encuentran este tipo de entornos y terminan acoplándose a la narrativa que les resulta más convincente”.

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Por último, se refirió al atentado en San Cristóbal y lo consideró un hito clave en las investigaciones de la Argentina: “Nosotros veníamos estudiando este fenómeno a través de la True Crime Community (TCC). Un año atrás advertimos cinco causas con características similares; este hecho corroboró lo que veníamos observando y se plasmó en el informe utilizado por el Ministerio Público de la Acusación para comprender las dinámicas detrás del ataque”.

De la 764 a la TCC y los "Incels"

En el ecosistema digital extremista, también existen otras redes que operan también con violencia. Se trata de la True Crime Community, conocida como la TCC y la cual quedó al descubierto tras el atentado en la escuela Mariano Moreno de San Cristóbal que fue protagonizado por Gino C., un adolescente de 15 años, y el cual causó la muerte del alumno de primer año, Ian Cabrera.

De los informes elaborados tanto por la Procuración General de la Nación, como la Unidad Antiterrorista de la Policía Federal Argentina (PFA), surge que la TCC es un fenómeno cultural y mediático centrado en la discusión, análisis y consumo de casos criminales reales, asesinos seriales o tiroteos escolares.

A diferencia de la 764, en la cual los integrantes los participantes se involucran e instigan a otros a realizar actos de violencia y extorsión, la TCC se la considera un fenómeno “cultural y mediático centrado en la discusión, análisis y consumo de casos criminales reales, asesinos seriales o tiroteos escolares”.

No obstante, existe otra subcultura, denominada “Incels”, y de la cual forman parte adultos o jóvenes que se auto perciben incapaces de tener una relación afectiva o sexual con las mujeres porque estas los rechazan por razones genéticas. Tal ideología tiene como eje eliminar a las mujeres bellas, denominadas “Stacy” que son "atractivas e inalcanzables".

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