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Actualidad Adolescencia | Netflix |

Angustia y muerte: los temas tabú que la adolescencia pone sobre la mesa

La angustia no se evita, se transita. Y la muerte, aunque tabú, también educa. Adolescencia, emociones y límites en tiempos de hiperconexión.

Durante su paso por el programa Ahora Vengo, conducido por Luis Mino, el psiquiatra infantojuvenil Dr. Andrés Luccisano (M.N.12228) abordó uno de los ejes menos hablados —pero más determinantes— del universo adolescente: la angustia y la muerte.

Lo hizo en el marco del análisis de la serie Adolescencia, el drama de Netflix que expone con crudeza las grietas emocionales y sociales de los jóvenes de hoy.

La angustia como reacción al vacío

Para Luccisano, uno de los grandes problemas que atraviesa la adolescencia actual es la intolerancia a la angustia. En una cultura del placer inmediato, donde todo debe resolverse rápido y sin malestar, la angustia aparece como una amenaza. “Hay una gran dificultad para tolerar la pérdida. Cuando desaparece el objeto de placer, aparece la angustia, y eso hoy no se sabe gestionar”, explicó el especialista.

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En ese marco, el psiquiatra remarcó que la angustia no debe ser evitada, sino enseñada. Es decir, acompañar al adolescente para que pueda transitarla sin desesperación ni aislamiento. “No se trata de sacarlo de ese lugar, sino de mostrarle que puede habitarlo sin romperse. Enseñar a estar con lo que duele”, dijo.

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Morir como lo impensable

La muerte, por su parte, fue otra de las reflexiones que Luccisano puso sobre la mesa. Según explicó, en el último siglo la medicina prolongó la vida, pero también hizo de la muerte un tema tabú. “Hoy se la ve como un enemigo que hay que esquivar. Y culturalmente se instaló la idea de que mientras más joven se es, más se vive”, sostuvo.

Esta negación colectiva tiene un impacto directo en los adolescentes. La muerte —como idea, como pérdida o como posibilidad— no encuentra un espacio simbólico donde alojarse. Así, cuando irrumpe de forma directa o indirecta, lo hace con una fuerza desestabilizante.

Adolescencia extendida y pospuesta

Luccisano también advirtió sobre un fenómeno creciente: la adolescencia extendida. Aunque el marco teórico la fija hasta los 25 años, en la práctica “hay adolescentes de 30 o 40”. La vida adulta, con sus responsabilidades, parece ser postergada en un intento de aferrarse al ideal de juventud.

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“La adolescencia es un tránsito: el camino entre la infancia y la adultez donde uno aprende a tomar decisiones con libertad y responsabilidad”, explicó. Pero si ese tránsito se estira indefinidamente, lo que se pierde es el anclaje con la realidad.

Educar en lo emocional: un desafío urgente

El especialista insistió en que las emociones —especialmente las incómodas como el miedo, la tristeza o la angustia— no se eligen, se sienten. Pero sí se puede elegir qué hacer con ellas. Y en ese proceso, el rol del adulto es fundamental.

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El especialista insistió en que las emociones no se eligen, se sienten.

El especialista insistió en que las emociones no se eligen, se sienten.

“La educación emocional no es un discurso, es una práctica. Los adolescentes aprenden más de lo que vivimos que de lo que decimos”, señaló. Por eso, frente a la angustia o la experiencia de la pérdida, el acompañamiento amoroso, sostenido y empático vale más que cualquier manual de crianza.

Adolescencia, angustia y muerte: una conversación pendiente

Adolescencia, la serie, no solo expone la fragilidad de los vínculos juveniles. También obliga a adultos y profesionales a mirar de frente lo que muchas veces se oculta: que la angustia forma parte de la vida, y que la muerte no puede ser negada si se quiere educar en la salud mental.

No hay soluciones mágicas. Pero sí hay un camino posible si se empieza a reconocer que la adolescencia no es solo un problema a resolver, sino un tiempo para acompañar, enseñar y sostener.