A 11 años del primer Ni Una Menos: la dolorosa vigencia de un grito que pide ayuda y hoy llora a Agostina Vega
A más de una década de la marcha por Chiara Páez, el femicidio de Agostina Vega expone la urgencia de un reclamo estructural que sigue presente.
La movilización del 3 de junio vuelve a las calles para exigir justicia y respuestas urgentes ante la violencia estructural.
El 3 de junio se cumplen 11 años de aquella tarde de 2015 en la que miles de personas transformaron el dolor en un hecho político sin precedentes. Nacía el movimiento Ni Una Menos, un grito colectivo contra la forma más extrema de la violencia machista: los femicidios.
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Hoy, la historia parece mirarse en un espejo trágico. La convocatoria de este nuevo 3J está atravesada por el horror del femicidio de Agostina Vega, una adolescente de 14 años que nos recuerda de la forma más cruel que la emergencia sigue tan vigente como el primer día.
Cómo nació el movimiento Ni Una Menos
Para historizar este movimiento es imperioso volver al sur de nuestra provincia, a la localidad de Rufino. A mediados de mayo de 2015, el país entero se conmovió con la desaparición de Chiara Páez, de apenas 14 años. Su cuerpo fue hallado enterrado en el patio de la casa de su novio, Manuel Mansilla.
Chiara estaba embarazada y la autopsia reveló que fue asesinada a golpes. La brutalidad del crimen fue el detonante definitivo. Un grupo de periodistas, escritoras y activistas interpeló a la sociedad en las redes sociales con una pregunta urgente: “¿No vamos a hacer nada? Nos están matando”.
El hashtag #NiUnaMenos se convirtió en una cita de honor. El 3 de junio de ese año, las plazas de todo el país se desbordaron bajo la sentencia de que era inaceptable seguir contando mujeres asesinadas por el solo hecho de serlo.
A lo largo de esta década, el movimiento mutó de una marcha de protesta a una marea social que reconfiguró la agenda pública. La memoria colectiva se construyó sobre casos emblemáticos que marcaron puntos de inflexión y forzaron cambios estructurales en el país.
Uno de ellos fue el de Lucía Pérez Montero en 2016, cuyo asesinato en Mar del Plata provocó el primer Paro Nacional de Mujeres. La joven de 16 años fue violada bajo los efectos de la marihuana y cocaína. El feminismo demostró allí su capacidad para transformar el duelo en potencia política y llevar el reclamo desde las plazas hacia los lugares de trabajo.
En abril de 2017, el femicidio de Micaela García en Gualeguay, Entre Ríos —perpetrado por un hombre en libertad condicional— desnudó la alarmante falta de perspectiva de género institucional.
La joven de 21 años participaba del colectivo Ni Una Menos, estudiaba Educación Física y militaba en el Movimiento Evita. Hace 9 años, la joven salió del boliche y fue violada por un agresor. Una semana después, la encontraron debajo de un árbol en un campo.
Este caso impulsó la sanción de la Ley Micaela en diciembre de 2018, estableciendo la capacitación obligatoria para los tres poderes públicos.
Por 2021, el crimen de Úrsula Bahillo en Rojas expuso otra dimensión de la desprotección. La joven de 18 años había realizado numerosas denuncias previas contra su expareja policía Matías Martínez, evidenciando la complicidad de las fuerzas de seguridad y el desamparo judicial que sufren quienes se atreven a denunciar.
A pesar de buscar ayuda, Úrsula fue asesinada de 15 puñaladas por su novio de 25 años. El hombre violó la restricción de acercarse a ella y el botón antipánico nunca llegó a las manos de la joven.
Por qué lucha Ni Una Menos
Con el paso del tiempo, el colectivo Ni Una Menos complejizó su agenda teórica. En sus manifiestos advierten que la violencia sobre los cuerpos no es un hecho aislado de la intimidad, sino que se trenza con la desigualdad económica, la brecha salarial y la precarización laboral.
Asimismo, el movimiento sostiene una firme postura antipunitivista. Argumentan que el endurecimiento de penas de los gobiernos llega cuando las mujeres ya están muertas, funcionando como una coartada que elude las políticas públicas integrales de prevención, acompañamiento y educación.
Para el colectivo, la respuesta no es el castigo tardío, sino el desmantelamiento de la desigualdad. Apuestan por la construcción de una "amistad política" basada en el cuidado mutuo, la autonomía respecto del Estado y la organización transversal de las propias mujeres como sujetas políticas.
Un nuevo 3 de junio en Santa Fe
La historización de este 3 de junio nos devuelve de forma inevitable al punto de partida. Once años después de Chiara Páez, el femicidio de Agostina Vega, también de 14 años, estremece a la comunidad. La coincidencia en su edad expone la vigencia de la violencia estructural.
Por ella, por Chiara y por todas las que faltan, la ciudad de Santa Fe volverá a salir a la calle este miércoles. La convocatoria local está programada para las 16.30 en la explanada de la Municipalidad.
Desde allí, las columnas marcharán hacia la Plaza 25 de Mayo, frente a la Casa de Gobierno, para la lectura del documento central. Las consignas apuntarán a exigir justicia por Agostina Vega y a denunciar el vaciamiento de los programas estatales que siguen llegando tarde.











