Aicuña, en la provincia de La Rioja, no es solo un punto en el mapa; representa una filosofía de vida lenta (o slow life) que atrae a viajeros de la tercera edad en busca de seguridad, aire puro y paisajes. Ubicado entre los 1.500 y 1.800 metros sobre el nivel del mar, este pueblito se resguarda entre cerros colorados y vegetación autóctona.
Qué hacer en una escapada a Aicuña, actividades para revitalizar el cuerpo y la mente
A diferencia de otros destinos de aventura extrema en La Rioja, Aicuña propone una conexión sutil con el entorno. Aquí, la contemplación es la actividad principal, pero no la única. El pueblo fomenta un turismo de bienestar que se adapta perfectamente a ritmos pausados:
- Senderismo de baja intensidad: los senderos que rodean el pueblo permiten realizar actividad física moderada. Caminar entre nogales centenarios ayuda a mantener la movilidad y mejora el bienestar emocional gracias al contacto directo con la tierra.
- Astroturismo doméstico: al caer el sol, Aicuña regala uno de los cielos más limpios del país. Observar las estrellas desde el patio de una casa rural se vuelve una experiencia mágica y reparadora.
- Gastronomía de origen: los visitantes pueden degustar nueces, vinos caseros y productos regionales procesados artesanalmente, sin conservantes, lo que suma un valor nutricional y cultural a la estadía.
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Una identidad marcada por la historia y la genética
Aicuña guarda una particularidad que despierta la curiosidad de investigadores y viajeros interesados en la cultura: su histórico porcentaje de personas con albinismo. Este fenómeno genético, producto del aislamiento geográfico de otras épocas, forjó una identidad comunitaria muy fuerte.
En la actualidad, el pueblo abraza esta historia con orgullo, ofreciendo a los visitantes un relato auténtico sobre la resiliencia y la singularidad de su gente.
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Este destino riojano demuestra que no hace falta cruzar fronteras para encontrar un paraíso. Aicuña es, en esencia, un bálsamo para el alma de quienes ya recorrieron mucho camino y ahora solo desean disfrutar del paisaje, una buena charla con los lugareños y la paz que solo la montaña sabe guardar.
Aicuña, el destino perfecto para los viajeros de la tercera edad
Para los adultos mayores, Aicuña ofrece beneficios que van más allá de lo visual:
- Seguridad y calma: La ausencia casi total de tránsito vehicular permite caminar con tranquilidad absoluta, disfrutando de la seguridad que solo un pueblo pequeño puede brindar.
- Microclima terapéutico: La altitud y la lejanía de los centros industriales garantizan un aire limpio, ideal para quienes buscan mejorar su salud respiratoria y disfrutar de noches frescas incluso en verano.
- Paisajismo natural: El contraste entre los algarrobos verdes, los nogales cargados de frutos y la tierra roja de los cerros crea una terapia visual constante.
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