Para llegar, el camino obliga a recorrer varios kilómetros de tierra entre pastizales y horizonte abierto. Esa distancia funciona como un filtro: quienes llegan buscan tranquilidad, experiencias auténticas y un contacto real con la vida rural.
Con menos de 200 habitantes, Puelches se apoya en lo esencial: casas bajas, tanques de agua, una escuela con pocos alumnos, una capilla, un almacén que cumple múltiples funciones y una estación de tren abandonada que recuerda un proyecto ferroviario que nunca se completó.
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La fiesta del asado criollo que reúne a toda la región
Aunque el silencio domina gran parte del año, Puelches cambia por completo cada 19 de marzo, cuando el pueblo celebra la fiesta patronal en honor a San José. Ese día, el asado criollo se convierte en el gran protagonista.
La celebración incluye:
- Misa y actos religiosos.
- Desfile de gauchos y jinetes de la zona.
- Asado comunitario al aire libre.
- Encuentros entre familias de puestos rurales cercanos.
Vecinos de localidades cercanas y viajeros curiosos llegan para compartir una jornada donde la carne al fuego, la charla larga y el encuentro valen más que cualquier atracción turística tradicional.
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Qué hacer en Puelches en una escapada en familia
Fuera de la fiesta, Puelches mantiene una rutina simple y hospitalaria. No hay hoteles ni complejos turísticos, pero quien llega nunca queda solo: siempre aparece una invitación para dormir en una casa, en el club o en algún espacio comunitario.
Los domingos suelen juntarse a jugar a las cartas, hacer tortas fritas y compartir mates. El paisaje es plano hasta donde alcanza la vista y, al caer la tarde, el cielo se tiñe de tonos rojos y naranjas que transforman el atardecer en una postal inolvidable.
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Las temperaturas extremas forman parte de la experiencia: veranos con más de 40 grados e inviernos con heladas intensas refuerzan el carácter duro y genuino del lugar.
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