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Turismo Escapada | Tucumán |

Escapada a un pueblo francés escondido en Tucumán con castillos de piedra y vistas de película

A solo 45 minutos de la capital provincial, el pueblo ofrece un viaje directo al sur de Francia gracias a sus casas de piedra, calles empedradas y un microclima de montaña que garantiza frescura y silencio absoluto.

Argentina suele sorprender con rincones que desafían la geografía local, y el Jardín de la República custodia uno de los más fascinantes. Escondido en las yungas de Tucumán, sobre el cerro San Javier, emerge Villa Nougués.

Este destino no nació por azar; el ingeniero Luis Nougués la fundó a finales del siglo XIX con el deseo de replicar la estética de su pueblo natal en el sur de Francia. Hoy, el resultado es una aldea de montaña que combina la selva subtropical con una elegancia europea que parece detenida en el tiempo.

Escapada a Villa Nougués, un refugio medieval entre pinos y palmeras

Caminar por Villa Nougués significa perderse en un trazado de calles adoquinadas donde la piedra y los techos inclinados dominan la escena. El pueblo se asienta a 1.350 metros sobre el nivel del mar, una altitud que le otorga un aire puro y una vegetación exuberante que mezcla especies europeas con la flora nativa del noroeste argentino.

La arquitectura del lugar mantiene una armonía visual envidiable:

  • Edificaciones históricas: Muchas residencias datan del siglo XIX y conservan fachadas de piedra originales y ventanales que miran al valle.
  • Espíritu neogótico: La Capilla del Sagrado Corazón de Jesús, construida en 1918, se destaca como el símbolo máximo de la villa con su estilo medieval.
  • Jardines infinitos: El diseño paisajístico integra flores de mil colores con la imponente selva de montaña que rodea a cada propiedad.

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Villa Nougués, escapada a Tucumán
Gracias a su altitud, Villa Nougués mantiene temperaturas hasta 10 grados menores que la ciudad de San Miguel, lo que favorece el crecimiento de jardines que florecen todo el año.

Gracias a su altitud, Villa Nougués mantiene temperaturas hasta 10 grados menores que la ciudad de San Miguel, lo que favorece el crecimiento de jardines que florecen todo el año.

Qué hacer en una escapada a Villa Nougués

La villa invita al descanso activo y a la contemplación. Su estructura de pueblo pequeño permite recorrerla por completo sin necesidad de vehículos, disfrutando de cada detalle arquitectónico.

Entre las actividades principales que podés realizar se encuentran:

  • Circuitos de caminatas y ciclismo: Las calles empedradas y los senderos de montaña son ideales para recorrer a pie o en bicicleta, con paradas obligatorias en los distintos miradores panorámicos.
  • Turismo religioso y cultural: Además de la capilla, podés visitar la pintoresca gruta de la Virgen de Lourdes y cruzar el antiguo puente colgante, un hito para los amantes de la fotografía.
  • Gastronomía regional: La emblemática Hostería Villa Nougués funciona como el corazón social del pueblo; allí podés degustar platos típicos tucumanos o disfrutar de un té de tarde con vistas privilegiadas a las montañas.
  • Avistaje y relax: El silencio solo se interrumpe por el sonido de las aves locales. El entorno es perfecto para el avistaje de fauna y para quienes buscan un aislamiento total del ruido urbano.

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La fundación de la villa estuvo ligada estrechamente al auge de la industria azucarera tucumana, cuando las familias terratenientes buscaban refugios de altura para escapar del calor del llano.

La fundación de la villa estuvo ligada estrechamente al auge de la industria azucarera tucumana, cuando las familias terratenientes buscaban refugios de altura para escapar del calor del llano.

Identidad, arte y tradiciones locales

A pesar de su apariencia europea, Villa Nougués vibra con el alma del norte argentino. El pueblo funciona como un centro de encuentro para artistas locales que exponen sus obras en pequeñas galerías y tiendas de artesanías. Durante el año, los festivales de música y danza folclórica le dan un color especial a las plazas, uniendo los sabores de la cocina tucumana —como las empanadas a cuchillo y el locro— con el entorno señorial de la villa. Esta mezcla de herencia francesa y tradición criolla convierte a la "Marsella Argentina" en un destino único en el NOA.

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