Escapada a Villa Epecuén, un pueblo fantasma de Buenos Aires
Villa Epecuén nació en 1821, cuando Arturo Vatteone inauguró lo que se conocía como el "Mar de Epecuén", un balneario que en poco tiempo comenzó a atraer turistas de todo el país. La llegada del ferrocarril en 1899 aceleró el crecimiento de la localidad, que fue poblándose de hoteles, restaurantes y comercios.
El agua de la Laguna de Epecuén, rica en sal y minerales, pronto reveló sus propiedades curativas para enfermedades reumáticas y de la piel, convirtiéndose en uno de los mayores atractivos del lugar. En su época de esplendor, el pueblo recibía miles de visitantes, quienes disfrutaban tanto de las aguas termales como de los tratamientos medicinales que ofrecían los hoteles de lujo.
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Villa Epecuén se convirtió en el destino ideal para recorrer y realizar una escapada de fin de semana.
Todo cambió en 1985, cuando una inundación arrasó con el pueblo. Las lluvias intensas y la falta de mantenimiento en las obras hidráulicas llevaron al colapso de Villa Epecuén. En cuestión de días, el agua sumergió la ciudad, y aunque no hubo víctimas fatales, las ruinas del pueblo quedaron abandonadas. Años después, Epecuén se convirtió en un pueblo fantasma, atrayendo la atención de turistas curiosos por conocer su historia y caminar entre las ruinas desoladas.
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Termas relajantes para disfrutar en familia
A menos de 10 kilómetros, se encuentran las termas de Carnué, un atractivo único con propiedades medicinales, ideales para una escapada de fin de semana en la que se puede disfrutar de los beneficios de las aguas saladas, conocidas por aliviar dolencias físicas.
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Cómo llegar a Epecuén desde Santa Fe