Escapada al refugio de la costa bonaerense con playas gigantes que atrapó a Maradona y esconde tesoros
Este pequeño pueblo de la Costa Atlántica de apenas 215 residentes conquistó a Diego Maradona en los noventa y hoy se posiciona como el destino ideal para escapar de las multitudes.
Durante la década del noventa, Diego Armando Maradona eligió la tranquilidad del balneario Marisol para vacacionar alejado de las cámaras junto a su familia.
Lejos del bullicio de los grandes centros urbanos de la Costa Atlántica, el mapa bonaerense guarda pequeñas joyas costeras que conservan una calma intacta. A unos 300 kilómetros de Mar del Plata, la pequeña localidad de Marisol invita a conectar con la naturaleza salvaje a través de sus arboledas, calles de ripio y extensiones interminables de arena.
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Durante la década de 1990, el mismísimo Diego Armando Maradona eligió este rincón para esquivar el acoso mediático y disfrutar de vacaciones familiares junto a Claudia Villafañe y sus hijas, inmortalizando el encanto agreste del balneario.
Playas de 800 metros de ancho y bosques: la geografía única de Marisol
Ubicado a 22 kilómetros de Oriente —la localidad más cercana—, el balneario preserva una fisonomía urbana baja y relajada. Las características geográficas de este paraíso costero deslumbran a los visitantes desde el primer momento:
- Arenales kilométricos: las playas de Marisol abarcan 35 kilómetros de longitud y en varios tramos alcanzan franjas de hasta 800 metros de ancho.
- Vegetación y médanos vivos: enormes dunas forestadas conviven con tupidos bosques de pinos y eucaliptos que regalan sombra fresca durante los meses de verano.
- Entorno fluvial y marítimo: el río Quequén Salado serpentea la zona hasta volcar sus aguas en el Mar Argentino, perfilando una de las postales más imponentes del sur bonaerense.
Aventura, pesca y naturaleza: las mejores actividades para hacer en la zona
Pese a su escala pequeña, el entorno silvestre de Marisol despliega un abanico completo de alternativas al aire libre para disfrutar durante todo el año:
- Pesca deportiva de costa y río: los aficionados a la caña encuentran un escenario privilegiado tanto sobre las olas del mar como en las márgenes del río Quequén Salado.
- Senderismo y travesías: los visitantes recorren los senderos forestales, exploran los bosques de pinos y realizan caminatas de larga distancia sobre médanos agrestes.
- Recreación y ecoturismo: el mar invita a refrescarse en zonas habilitadas, mientras que la flora y la fauna nativas permiten encarar safaris fotográficos y avistaje de aves.
- Paseos en la desembocadura: el punto exacto donde el río se une con el océano brinda un espacio mágico para ver el atardecer y recorrer la costa a pie.





