Muchos viajeros eligen destinos clásicos como Río Hondo o Cacheuta, sin saber que cerca de la localidad de Serrezuela se esconde un complejo termal con propiedades únicas y una paz envidiable.
Las Termas de El Quicho todavía no integran los circuitos turísticos masivos, lo que las convierte en el refugio perfecto para quienes buscan desconectar del ritmo frenético de las ciudades sin lidiar con multitudes.
Escapada a El Quicho: un hallazgo accidental que cambió la historia de la región
La historia de estas aguas tiene un origen casi cinematográfico. En 1980, unos técnicos realizaban una perforación para abastecer de agua potable a una escuela de la zona. Sin embargo, en lugar de agua dulce fría, encontraron una fuente termal natural que brotaba desde las profundidades de la tierra.
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Ese pozo, que nació por una necesidad escolar, transformó para siempre la economía de El Quicho. Lo que empezó como un hallazgo fortuito hoy atrae a visitantes de todo el país que buscan los beneficios de un ecosistema termal virgen y auténtico.
Salud y relax en piletas a 40 grados
El principal atractivo del complejo reside en sus piletones al aire libre. El agua surge a una temperatura constante de 40 grados, lo que permite disfrutar del predio incluso durante los días más fríos del invierno cordobés.
Más allá del placer de sumergirse, los profesionales recomiendan estas aguas por su altísima carga mineral. El cuerpo absorbe estos elementos a través de la piel, generando efectos terapéuticos inmediatos:
- Alivio muscular: La combinación de calor y minerales como el azufre y el calcio reduce dolores articulares y contracturas.
- Mejora circulatoria: El magnesio y el sodio estimulan el flujo sanguíneo y ayudan a la recuperación del organismo.
- Cuidado de la piel: Las propiedades químicas del agua combaten diversas afecciones cutáneas de forma natural.
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Camping, cabrito y naturaleza virgen
Para quienes aman la vida al aire libre, El Quicho ofrece una infraestructura sencilla pero completa. El predio cuenta con un sector de camping equipado con asadores, mesadas y baños, además de una proveeduría que abre durante todo el año.
Si bien la oferta gastronómica dentro del complejo es básica, los puestos regionales en los alrededores completan la experiencia. Es casi obligatorio probar el cabrito local, un clásico de la zona de Serrezuela que los lugareños preparan con recetas tradicionales. Además, la ubicación estratégica del complejo permite combinar el relax con una visita a las imponentes Salinas Grandes o una escapada rápida hacia el límite con La Rioja.
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