Este pequeño pueblo, que alberga a menos de 400 residentes fijos, combina la arquitectura típica de los Alpes con la inmensidad de los bosques rionegrinos. Si buscás una escapada que mezcle historia, aire puro y una oferta gastronómica imbatible, este es tu lugar.
Escapada a los Alpes Suizos sin salir de Río Negro
Fundada a finales del siglo XIX por inmigrantes suizos y franceses, esta colonia ostenta con orgullo el título de primer asentamiento europeo de la zona. Al caminar por sus calles, vas a notar de inmediato la huella de sus fundadores: casas de madera con techos inclinados y jardines que parecen sacados de una postal suiza.
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Hoy, la localidad mantiene un ritmo pausado que obliga a bajar un cambio. El entorno de montañas y el aire fresco del Nahuel Huapi crean la atmósfera perfecta para quienes necesitan escapar del ruido de las ciudades turísticas más grandes.
Qué hacer en Colonia Suiza un pueblo único de la Patagonia: ferias, bosques y aventura
A pesar de su tamaño, la aldea ofrece planes para todos los gustos. La clave aquí es disfrutar sin apuros:
- Feria de artesanos: Es el corazón social del pueblo. Los productores locales ofrecen desde tejidos y cerámicas hasta licores caseros y dulces que no vas a encontrar en ningún supermercado.
- Senderos y naturaleza: Rodeada de cerros, la colonia cuenta con caminos ideales para hacer trekking o pasear en bicicleta. Estos senderos te llevan a miradores naturales con vistas panorámicas que cortan la respiración.
- Ruta de los frutos rojos: En las granjas cercanas podés conocer de cerca el cultivo de frambuesas, frutillas y moras. Lo mejor, claro, son las degustaciones de conservas elaboradas con recetas que pasaron de generación en generación.
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El sabor de la herencia: del strudel al curanto
La gastronomía es, sin dudas, el imán que atrae a los viajeros. La oferta refleja la fusión de dos mundos: las casas de té sirven strudels y chocolates artesanales, mientras que los restaurantes se lucen con platos de goulash, fondue y ahumados.
Sin embargo, el ritual supremo es el curanto. Aunque tiene raíces mapuches, en Colonia Suiza lo transformaron en un símbolo de identidad. Los cocineros preparan carnes y verduras en un hoyo bajo tierra, cubierto con piedras calientes y hojas. Ver la apertura del hoyo es un espectáculo en sí mismo que resume la mística de este rincón patagónico.
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