El pueblo de 115 años escondido en Buenos Aires que prepara una fiesta del chorizos a la pomarola para festejar su aniversario
Con el encendido de un paellero de tres metros de diámetro en el centro de la plaza principal, música folclórica en vivo, desfiles criollos, paseos históricos por sus edificios centenarios y ferias de artesanos, esta localidad del interior bonaerense busca instalar una nueva tradición regional.
La estación de trenes funcionó como el polo económico del poblado, impulsando el surgimiento de antiguas fondas y almacenes de campo.
Ubicado en un rincón de la provincia de Buenos Aires, La Colina celebrará sus 115 años de historia con la primera edición de la Fiesta del Chorizo a la Pomarola. La cita gastronómica convoca a vecinos y turistas el sábado 26 de septiembre en la plaza José Hernández para disfrutar de un espectáculo culinario masivo y solidario.
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La propuesta combina la gastronomía de campo con expresiones culturales que rescatan las raíces rurales del poblado. La fiesta arrancará desde las primeras horas de la mañana e incluirá un desfile cívico y tradicionalista, espectáculos de danzas folclóricas, agrupaciones gauchas, ferias de artesanos y stands de emprendedores locales que recibirán a delegaciones de toda la región.
Una paellera de tres metros y 1.000 chorizos para celebrar los 115 años de La Colina
El espectáculo central de la jornada estará montado sobre las llamas en medio del espacio verde principal del pueblo. La organización cocinará alrededor de 1.000 chorizos a la pomarola dentro de un enorme paellero de tres metros de diámetro, permitiendo a los asistentes presenciar en directo todo el proceso de elaboración:
- Preparativos y logística: las tareas previas comenzarán el viernes con el picado y acondicionamiento de los insumos, mientras que el sábado por la mañana los cocineros encenderán el fuego central en la plaza.
- Formatos de venta y fin solidario: los comensales podrán adquirir las porciones servidas en bandejas o en sándwiches al paso. Todos los fondos recaudados durante la venta se distribuirán entre las instituciones intermedias de La Colina.
La Colina: un pueblo con alma ferroviaria y tradición de campo desde 1911
La escapada gastronómica ofrece además la oportunidad perfecta para explorar la arquitectura y los orígenes de este paraje naciente a finales del siglo XIX al abrigo de los rieles. Aunque los primeros pobladores se instalaron décadas antes, el gobierno de la provincia de Buenos Aires aprobó de forma oficial la traza urbana de La Colina el 22 de septiembre de 1911, reservando los lotes estratégicos para la plaza, la escuela, el templo y la delegación municipal.
La llegada del tren transformó al lugar en un centro dinámico de despacho para la producción ganadera y agrícola de la zona, floreciendo alrededor de la estación viejas fondas, almacenes de ramos generales y casas de comida. Más de un siglo después, esa misma fisonomía rural mantiene su encanto intacto, apostando ahora a consolidar la Fiesta del Chorizo a la Pomarola como un evento anual dentro del calendario turístico bonaerense.
Qué hacer en La Colina: patrimonio histórico, circuito ferroviario y vida de campo
Más allá de la convocatoria gastronómica, la localidad tienta a los visitantes con un circuito urbano y rural muy ameno para recorrer a pie o en bicicleta durante el fin de semana:
- Estación de Trenes y galpones de acopio: el predio ferroviario conserva su edificio principal de arquitectura clásica inglesa junto a los viejos galpones de carga que atestiguan la época de mayor esplendor comercial de la zona.
- Plaza José Hernández y casco céntrico: funciona como el punto de encuentro natural de la comunidad, rodeada de árboles frondosos, bancos de descanso e instituciones históricas.
- Templo parroquial y fachadas antiguas: las esquinas de la localidad resguardan antiguas edificaciones que alojaron a los primeros almacenes de ramos generales, fondas y despachos de bebidas del siglo pasado.
- Paseos de tranquilidad y aire puro: las calles anchas y arboladas ofrecen el marco ideal para caminatas fotográficas, mateadas en espacios verdes y desconexión total del ritmo de las grandes ciudades.






