Detrás del atractivo del sol, la playa y el mar que garantiza a sus visitantes la Costa Atlántica bonaerense, la historia fundacional de los balnearios está fundida con los orígenes de algunos hoteles levantados por los pioneros. Varios de esos establecimientos concebidos para el descanso y la recreación en familia permanecen en pie y siguen ofreciendo servicios de calidad a sus clientes.
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Otros hoteles, de construcción más reciente, combinan muy buena infraestructura con las resonancias de uno o varios hechos trascendentes, que marcaron a fuego su trayectoria y hoy atraen el interés turístico.
Aquí van ocho ejemplos de esos lugares para tener en cuenta y animarse a organizar una escapada o empezar a diseñar las vacaciones, de cara a la temporada de verano.
1. Presidente (Necochea)
Los martes y jueves de enero y febrero, en el salón comedor del hotel Presidente revive la Necochea de los años '30, '40 y '50, cuando la zona balnearia de la ciudad era conocida como Villa Díaz Vélez.
Ese imperdible viaje al pasado lo propone la orquesta Jazz Brass Ensamble, que desde hace más de dos décadas anima la tradicional cena-show.
Esta marca registrada de la casa, que invariablemente termina con la invitación “¡todos a bailar!” por parte de los 16 músicos. “Cuando los santos vienen marchando”, “Tomando el tren A” y “Saint Louis blue” son solo algunos de los temas que se escuchan en cada velada y remiten a la época de oro de los hoteles de lujo y chalés señoriales.
2. Playas (Pinamar)
El Playas es uno de los pilares del desarrollo del balneario. Se trata del primer hotel de Pinamar, inaugurado en 1943, cuando el arquitecto, ingeniero y urbanista Jorge Bunge logró fijar las dunas con la plantación de coníferas y el nuevo destino turístico fue habilitado para el público.
Bunge se ocupó también de acercar a turistas desde Buenos Aires los fines de semana. Los visitantes eran alojados en el hotel Playas y luego el pionero se ocupaba de mostrarles el vivero de pinos y los primeros caminos, para proponerles la compra de terrenos.
3. Viejo Hotel Ostende (Ostende)
Surgió junto al nacimiento de la villa balnearia, en 1913, impulsada por el inmigrante belga Ferdinand Robette, cuyo proyecto original contemplaba la creación del hotel Termas, de más de 80 habitaciones.
Para llegar al Viejo Hotel, las familias de la aristocracia porteña viajaban en tren desde Constitución hasta la estación Juancho. Desde ahí, una volanta los trasladaba hasta Colonia Tokio, donde trasbordaban a un pequeño tren de vías móviles, que completaba el último tramo hasta las dunas costeras.
En el sector original del hotel sobrevuela el recuerdo de decenas de personajes célebres que se alojaron aquí, como Adolfo Bioy Casares, Silvina Ocampo, Antoine de Saint Exupery, cuya habitación se conserva sin alteraciones.
4. Silvio (Mar de Ajó)
Sus cimientos fueron instalados a mediados de los años '30, cuando solo había dunas en el paisaje de Mar de Ajó y se accedía en carros tirados por caballos. Antes de tomar la vistosa forma del actual hotel con vista al mar, los cocineros Silvio Biffino y Josefina Bonini -italianos de Milán- abrieron un restaurante y luego una posada con diez habitaciones.
Lo mejor de ese emprendimiento pionero eran las pastas y la pesca del día, especialmente las almejas con limón, que se acompañaban con vermut. En 1967, la familia Trombetta demolió la construcción original y construyó el moderno edificio, con 80 habitaciones, comedor, gimnasio, pileta climatizada y sauna.
La gastronomía sigue siendo uno de los puntos fuertes. Hoy, el lugar acredita fama por su pollo de granja relleno con nueces y tomates secos, las empanadas gallegas, el tiramisú y el cordero arrollado al romero.
Algunos huéspedes mantienen la tradición de disfrutar de una picada con vermut al caer la tarde, después de regresar de una caminata de 20 kilómetros hasta el faro de Punta Médanos. Algunos estiran la jornada hasta la medianoche con partidas de ajedrez, dados y campeonatos de truco.
5. Provincial (Mar del Plata)
Considerado vanguardista y único en su estilo por su valor arquitectónico y los servicios que presta (en los comienzos, los pasajeros disponían de agua de mar en las canillas de las 500 habitaciones), forma parte de la postal más tradicional de Mar del Plata.
Fue inaugurado en 1950 -una década después de la apertura del Casino Central-, sobre al Boulevard Marítimo Patricio Peralta Ramos.
Para su construcción, el arquitecto Alejandro Bustillo tuvo que demoler la antigua pasarela de madera que balconeaba la playa Bristol.
Los reyes de España Juan Carlos y Sofía, los músicos de la banda Queen, el ex tenista Guillermo Vilas, los actores Sofía Loren y Paul Newman y Dwight Eisenhower -expresidente de Estados Unidos- son algunas de las personalidades que se alojaron en las suites de piso de caldén pampeano.
Los detalles más singulares del diseño de esta mole de 77.500 metros cuadrados divididos en siete plantas resaltan en la fachada recubierta de piedra Mar del Plata, ladrillos a la vista, mansarda de pizarra negra y recovas, escaleras de mármol brillante y murales pintados por César Bustillo, hijo del constructor.
El hotel cerró sus puertas y estuvo abandonado hasta 2008, cuando recuperó su esplendor. Actualmente, pertenece a la cadena NH.
6. Golf Internacional (Santa Teresita)
Este hotel fue levantado a un paso de la playa como una referencia insoslayable de descanso y recreación con servicios de categoría en Santa Teresita, a unas diez cuadras de una de las mejores canchas de golf del país, diseñada originalmente con 9 hoyos y hoy dotada con 18 hoyos en la zona de El Jagüel.
El hotel era muy reconocido en el ambiente de los golfistas de todo el país y el exterior, hasta que la pretemporada realizada en este balneario por el primer equipo de fútbol de Racing revolucionó a los vecinos y turistas que veraneaban en 1995.
Es que la Academia se hospedó en el Golf Internacional y Diego Maradona -su director técnico de entonces- se transformó en el huésped que todos esperaban en el lobby o alrededor del hotel para una nota periodística, una palmada, un autógrafo, una foto o un simple saludo a distancia.
Desde el ventanal de la habitación 511 con vista al mar, el ídolo arrojaba la más completa gama de prendas deportivas a sus fanáticos, que lo aclamaban desde la playa, con tal de que lo dejaran descansar.
“Así y todo, en esos once días inolvidables, nunca lo dejaron dormir la siesta”, recuerda Patricia Scofu, la dueña del hotel. Hoy, la habitación que pasó a la historia luce ampliada como la suite Diego Armando Maradona.
Esa fuerte impronta futbolera permanece hasta la actualidad y se renueva -aunque en una atmósfera bastante más relajada- con la visita de otros planteles en plan de entrenamiento, como Defensores de Belgrano, Independiente, Estudiantes de La Plata, Nueva Chicago, Deportivo Riestra y Acassuso.
7. Coliseo (Villa Gesell)
Desde su apertura a fines de 1989, esta curiosa construcción circular rompió con la línea uniforme de los edificios alineados sobre el corredor de playas de Villa Gesell.
Su aspecto llamativo y los 15 pisos de altura la llevaron a ser considerada como una referencia a tener en cuenta para las embarcaciones, entre los faros del cabo San Antonio y de Punta Médanos, en la cartografía de la Marina. El mirador panorámico del mar, la playa y la ciudad que brinda se aprecia mejor desde el séptimo piso hasta la terraza.
Esa vista única pudo ser disfrutada por artistas consagrados que eligieron pasar unos días en el Coliseo, como Mercedes Sosa, Sandro, Alberto Cortez, Estela Raval, Diego Torres y Carmen Flores, Adolfo Pérez Esquivel -ganador del Premio Nobel de la Paz en 1980- y los ex deportistas José Luis Clerc y Amadeo Carrizo.
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