“Trapito” de 54 años está a punto de ser abogada
Sin embargo, siempre miró hacia adelante y, pese a los años y las desgracias -perdió a un hijo de 6 años-, nunca se dio por vencida. María Montenegro vive en el departamento de Rivadavia, en San Juan, y su relato emociona.
“Hay veces que llegó a las 7 de la mañana de cuidar autos. Lo hago en la puerta del boliche ubicado en Ignacio de la Roza y Meglioli. Cuando paso la puerta, me esperan los libros y la casa”, le confió la mujer al Diario de Cuyo. Vive en La Bebida, un barrio muy humilde. Egresó del Central Universitario con un buen promedio.
“Mis compañeros de la escuela me decían ‘traga’ porque me encantaba estudiar”, dijo entre risas. Luego empezó a estudiar abogacía en la Universidad Católica de Cuyo, pero a los 22 años tuvo que abandonar por problemas familiares. Su padre se enfermó y junto a su madre se pusieron la casa al hombro.
Comenzó a trabajar y los estudios pasaron a un segundo plano. Después se casó y tuvo hijos. “Cada vez se hacía más difícil retomar los estudios, pero algo dentro mío me decía que debía hacerlo para ser del todo feliz”, dijo María, y contó que el puntapié para volver a la facultad fue el dolor.
Es que hace unos años perdió a su hijo menor, que tenía 6 años, por un problema en el corazón.
María comenta que “cuando era joven se me hacía muy fácil estudiar. Y si bien ahora es difícil, estoy segura de que cuando se quiere y se tiene ganas se puede lograr cualquier cosa. Siempre fue mi anhelo terminar la carrera. Sueño con recibirme. No sé si voy a ejercer, pero mi sueño es llegar al título, al final de la carrera que me propuse hace muchos años”, dijo María, que nunca pierde la sonrisa y que siempre que puede habla de sus nietos y cómo ella les inculca que estudien para poder tener un buen futuro.
La mujer tiene 14 nietos y dijo que las mayores, que ya son adolescentes, son las que le ayudan a que estudie. “Hay veces que les pido que me busquen información en la computadora para leer o que ellas me lean para poder estudiar y hacer la comida, por ejemplo”, dijo, y comentó que le encantaría ser abogada penalista.
En relación con sus nietos, dijo que ella también les da una mano con la escuela. Si bien hace de todo para subsistir, ella admitió que su “trabajo fijo” es cuidar coches.
Desde hace 24 años trabaja en la esquina de Rivadavia, donde hay un boliche. Cada viernes y sábado sale de su casa antes de las 22, en colectivo, y pasadas las 7 de la mañana, regresa.
Crónica
