La familia vive en el pueblo de Bernardo de Irigoyen y en la tarde del jueves llegaron al hospital de niños Orlando Alassia con la pequeña de 3 años y 8 meses que presentaba dolores abdominales, de cabeza y vómitos.
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El doctor Osvaldo González Carrillo, director médico del nosocomio provincial, aclaró que la paciente fue atendida por un dolor abdominal y que llegó al efector sin derivación médica.
Tras someterla a diferentes estudios, recibió el alta renal y hematológica. El médico aclaró que en ningún momento el cuadro clínico presentó síntomas de intoxicación.
La palabra de González Carrillo
Según el abuelo, desde hace siete años, viven al lado del galpón donde guardan los camiones fumigadores.
El entrevistado manifestó que cuando la menor tenía 1 año y 8 meses fue atendida por primera vez y suponían que se trataba de síndrome urémico hemolítico. Con posterioridad esa patología fue descartada. Para la familia, sus problemas de salud surgen de la exposición constante a los agrotóxicos.
Al ser consultado sobre la calidad de vida del resto de los vecinos, el hombre y su esposa aseguraron que la gran mayoría están intoxicados pero “callan“ porque en medio del problema juegan interese económicos.
En consonancia con esto, el abuelo de la pequeña comentó que se entrevistó en tres oportunidades con el presidente comunal de Bernardo de Irigoyen. El mandatario reconoce que el problema de la exposición a los agrotóxicos existe pero “ tiene las manos atadas”.
La palabra de los abuelos de la niña
En Bernardo de Irigoyen, a 100 kilómetros de Rosario, viven 2 mil habitantes, que subsisten trabajando en actividades relacionadas a la agricultura. Allí vive Ludmila Terreno, que con sólo dos años tiene su sangre envenenada con glifosato, lo que la deja al borde de desarrollar leucemia.
El avance sostenido del transgénico desde 1996, trajo consigo una oscura nube de enfermedades y muertes a causa de los pesticidas, socio fundamental de este tipo de cultivos. Ordenanzas pisoteadas, gobiernos cómplices, y el avance a paso firme de un modelo de producción que no entiende de calidad de vida, hacen de los días de muchos argentinos una verdadera penuria.
En Rebeldes Sin Siesta conversamos con Roberto Schiozzi, vecino del lugar y fundador del Centro Ecológico del Paraná de Coronda. Schiozzi acompañó a la familia Terreno a radicar la denuncia en el Ministerio Público de la Acusación, en Santa Fe.
Consultado sobre el caso de Ludmila sostuvo, “esta familia me vino a pedir una mano para poder iniciar acciones legales y de esa manera lograr protección. No lo dude un minuto y me puse a disposición, no es posible que para demostrar que nos están matando tengamos primero que morir”.
El humilde hogar de la familia Terreno linda con un depósito de agrotóxicos de la firma José Pagliaricci. En el mismo se almacena tanto glifosato como Round Up, algo prohibido en las zonas urbanas, ya que debería respetar las ordenanzas que nadie se esfuerza por hacer cumplir.
En el mes de noviembre del año 2017 la niña estuvo internada 30 días debido a su pérdida de peso y deshidratación, ya que un cuadro de vómitos severos la invadió. Esto alertó a sus familiares que rápidamente la trasladaron hasta el S.A.M.CO de Barrancas, para terminar en el Hospital de Niños de Santa Fe. Fue en el Alassia donde los pediatras le diagnosticaron la presencia de glifosato en su sangre.



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