domingo 8 de mayo de 2022
Tecno y Gaming videojuegos | Infancia | Adolescencia

Los videojuegos como un privilegio social

Cuando los videojuegos se transforman en un cuestionamiento social de quienes pueden acceder a ellos, y quienes no.

El crecimiento y conocimiento respecto de los videojuegos, ha incrementado en Argentina en los últimos años. Pueden llegar a ser un tema de diálogo en las mesas familiares, también una noticia en la televisión, y hasta la discusión de un determinado sector de la sociedad que indica que éstos son un privilegio para unos pocos.

El otro sector, el que queda excluido de estas posibilidades, al parecer sólo está condenado a subsistir y sobrevivir, en una difícil realidad con la que nacieron. Sin ni siquiera poder contar con oportunidades de acceso a lo actual, y a eso que otros chicos y chicas sí pueden tener.

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El hambre de curiosidad

Cuando se habla de videojuegos, mayormente se piensa en los pibes. Es natural, ya que desde su surgimiento estuvieron directamente asociados a ellos, mayormente, por su venta en las tiendas de juguetes. Las propagandas y pancartas se encargaron de grabar en nuestras retinas la imagen de un producto que era dirigido, en un primer tiempo, hacia un público determinado. Cosa que fue cambiando con el correr de los años, quizás porque esas personas, las cuales vivían sus infancias en ese entonces, fueron creciendo y aún así, su interés por los videojuegos seguía intacto.

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Más de un pibe tiene curiosidad por lo videojuegos, quieren tener esa experiencia, tienen la ilusión de ser el mejor en un juego y, quién dice, poder llegar a ser como su referente.

Más de un pibe tiene curiosidad por lo videojuegos, quieren tener esa experiencia, tienen la ilusión de ser el mejor en un juego y, quién dice, poder llegar a ser como su referente.

Se generaron nuevas perspectivas hacia la industria, no sólo por su potencial económico, sino también por las diversas áreas profesionales que surgirían a partir de ella. Muchas antes inimaginadas, que incorporaron nuevas formas de comunicación y trasmisión de ideas, así como el surgimiento de ídolos que crearon comunidades e inspiraron a masas.

No es de extrañar que más de uno tenga curiosidad, quiera tener esa experiencia, tenga la ilusión de ser el mejor en un juego y, quién dice, poder llegar a ser como su referente. El interés por los videojuegos puede derivar, también, en la inclinación hacia la informática, la programación, el diseño y su profesionalización. Pero, ¿quiénes pueden? O mejor dicho, ¿quiénes tienen permitido pensar así?

Entre el libro y la pala

Sólo basta pensar en la infancia y en la adolescencia para sentir libertad. Tanto en los intereses que surgían, las actividades que se empezaban sin dudar, las amistades que se formaban con un simple “hola, ¿querés ser mi amigo?”, y la seguridad que se tenía en uno mismo. Se diría, entonces, que estas son etapas ideales para explorar, curiosear, arriesgarse y aprender, sin limitaciones.

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No todas las infancias y adolescencias son iguales, ni todas tienen las mismas oportunidades. Es entonces cuando, en la sociedad, se entra en un ir y venir de quienes pueden y quienes no. De cuando el libro, y cuando “la pala”. De cuando una PC como premio, y cuando el “plato de comida”.

No todas las infancias y adolescencias son iguales, ni todas tienen las mismas oportunidades. Es entonces cuando, en la sociedad, se entra en un ir y venir de quienes pueden y quienes no. De cuando el libro, y cuando “la pala”. De cuando una PC como premio, y cuando el “plato de comida”.

Pero, lamentablemente, no todas las infancias y adolescencias son iguales, ni todas tienen las mismas oportunidades. Es entonces cuando se entra en un ir y venir de quienes pueden y quienes no. De cuando el libro, y cuando “la pala”. De cuando una PC como premio, y cuando el “plato de comida”. Cuándo un niño o niña puede permitirse ser parte del mundo tecnológico, y cuándo debe resignarse a una realidad social que busca apartarlo de todo lo que le permitiría, quizás, cambiar las condiciones en las que vive.

¿Es que acaso quien es pobre no tiene derecho a ganarse un celular en un evento de videojuegos?¿Estos eventos buscan “quemar” realmente la cabeza de los pibes?¿No será que, en realidad, buscan incluir a todas las infancias para que tengan acceso a las mismas oportunidades?¿Los videojuegos no pueden ser una puerta de acceso hacia un futuro que ya está acá?

El desconocimiento genera: ignorancia, incoherencia e intolerancia. Además de que mata ilusiones, prohíbe proyecciones hacia el futuro y no permite a la juventud, simplemente ser.

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Los eventos como oportunidad para acceder a aquello que no se tiene, ni se puede conseguir por cuenta propia.

Los eventos como oportunidad para acceder a aquello que no se tiene, ni se puede conseguir por cuenta propia.

Generaciones retroalimentadas

Esto no es una guerra donde existe un ganador y un perdedor. Es simplemente un momento ideal para darse cuenta de que los tiempos están cambiando tan rápido, que las generaciones se encuentran sumamente divididas en múltiples sentidos. La forma de comunicarse, la manera de encontrar diversión, los modos de trabajo. Los códigos en cuanto a las propias percepciones, tanto individuales como sociales, han mutado de manera exponencialmente acelerada.

Generando de algún modo una brecha entre padres que encuentran “desafiantes” a sus hijos, e hijos que no encuentran comprensión o escucha por sus tutores. Las formas de aprender, hoy, no son de la misma forma que antes, quizás existen mayores distracciones, o simplemente lo que se persigue en la infancia, es otra cosa. El cuestionamiento, entonces, es qué genera que, de repente, pareciera que todo lo que buscan los adultos es matar esa ilusión y libertad en los más chicos.

Ni pensar a dónde puede llegar esta prohibición, cuando la realidad que azota a un pibe es de pobreza total. Allí directamente “no hay chance” de aspirar a lograr algo distinto en la vida, simplemente lo que se le exige desde la sociedad, es que cargue con la misma cruz que la de sus viejos. O quizás no, pero que “no saquen plata del estado” para ayudar a cambiar esa realidad, sino más bien “denle una pala y que se ponga a laburar”.

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El

El "hambre" de conocimiento de los pibes, es lo que les da la posibilidad de cambiar su realidad.