A un año de la masacre de Santa Lucía: violencia de género, femicidio y una causa en suspenso

Este 29 de diciembre se cumple el primer aniversario de uno de los hechos más trágicos que conmocionaron la ciudad.


La ciudad vestía de fiesta al palpitar los últimos días del 2017, cuando se vio paralizada por una terrible noticia. En barrio Santa Lucía, un hombre había asesinado a su ex pareja y a la madre, la hermana, la hija y el yerno de la mujer. A un año del sangriento episodio, la causa entendida judicialmente como cuatro femicidios y un femicidio vinculado, tiene aún en prisión preventiva al ex penitenciario, Facundo Solís.

Los vecinos de barrio Santa Lucía, se agolparon en las afueras de las viviendas donde ocurrió la masacre, a la par del arribo de la policía.

Esa tarde calurosa, Solís se entregó pasadas las 3 de la tarde, y minutos después trascendió que el agente de 33 años, cometió los crímenes con su arma reglamentaria. Con ésta, mató a sangre fría a Mariela Clarisa Noguera, Yoel Airaldi; Aylén Tamara Soto; Generosa del Carmen Loseco Sonia Isabel Noguera.

Con los cuerpos aún caídos en el sitio donde los había encontrado la furia de Solís, el barrio no salía del estupor y de la desesperación. Los primeros testimonios aseguraron que Solís era un hombre violento y golpeador. “Lo conocemos de hace mucho tiempo. Tenía una fantasía de ser superhéroe, vivía armado. Vino a buscar a sus dos hijos, los llevó de su madre y después volvió para cometer este quíntuple asesinato”, relató Cristian, un vecino de la familia.

Aylén Tamara Soto, hija de Mariela Noguera y una de las víctimas de Facundo Solís.

El femicida tenía todo calculado. Ingresó a tres viviendas independientes para llevar a cabo su cometido. Aunque las pericias posteriores dejaron entrever que Solís quiso expandir aún más el abanico de muertes. El hermano de Mariela Noguera había sido citado por el penitenciario, pero afortunadamente, vió tarde el mensaje.

Facundo Solís practicaba boxeo.

Luego de la masacre, el asesino se encerró en la pieza de su ex pareja y habló por teléfono con su padre antes de entregarse. En una carta escrita días más tarde, el padre del penitenciario, afirmó que su hijo “estaba encerrado por el mismo demonio” en el momento en que cometió los crímenes. 

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Las denuncias previas y un sistema ausente

Mariela había denunciado previamente a Solís. La trabajadora del área de violencia de género de la Secretaría de Derechos Humanos, sabía que las amenazas de muerte que recibía de su parte, podrían concretarse.

Incluso un amigo de la mujer asesinada, contó en Aire de Santa Fe, que Mariela había sufrido una tremenda golpiza por parte de Solís el 24 de diciembre, cinco días antes de su muerte.

La causa en la Justicia

Pocos días después de la masacre, la vereda de Tribunales fue el lugar donde se concentraron familiares de las víctimas, organizaciones feministas y compañeros de trabajo de Mariela, para esperar la audiencia imputativa de Facundo Solís. Fue acusado formalmente por un femicidio, cuatro femicidios vinculados y una tentativa de femicidio vinculado, ya que hirió al sobrino de Mariela y único sobreviviente.

El reclamo en Tribunales.

Además, en la misma audiencia se resolvió en torno a las medidas cautelares, y se dispuso que Solís quedara en prisión preventiva. La fiscal Ferraro habló con la prensa y sostuvo que esperan una pronta sentencia. “Si no hay acuerdo con la Defensa iremos a juicio, pero tenemos elementos más que suficientes para condenarlo. Le cabría pena perpetua”. Asimismo, remarcó que el imputado, al momento de ejecutar los asesinatos, estaba “en plenas facultades mentales, comprendía lo que estaba realizando y actuó con frialdad y planificación”.

Esa misma semana, el Estado provincial, a través del Centro de Asistencia Judicial del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos, decidió representar a los familiares de las víctimas del episodio conocido como ‘quíntuple femicidio’.

Vecinos y familiares se concentraron en el edificio judicial.

A fines de abril, seis meses más tarde, los familiares de las víctimas fueron aceptados como querellantes en la causa. En aquella oportunidad, Hilda Knaeblein, abogada de la familia, contó por Aire de Santa Fe que en el entorno de Mariela “cada uno de ellos está buscando su forma de lidiar con el dolor”.

Por María Victoria Martínez Sichar

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