Santo del 6 de octubre: celebramos a San Bruno
De hecho, estudia Teología, se ordena sacerdote y será profesor en Reims, Francia. Su fama se expandió con rapidez por todos los lugares de divulgación y estudio de las ciencias sagradas. Entonces, la Catedral de Reims forja la escuela de formación y el Chantre. El Papa Urbano II había escuchado hablar del joven Bruno y se fija en él. El Papa veía en Bruno el candidato idóneo para explicar las verdades de Fe con su sapiencia y claridad. Pero surge la vocación definitiva.
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Un día, Bruno queda impresionado por una circunstancia que sobrecoge a los presentes y se corre como la pólvora por todas partes. Un hombre muy rico muere y se celebran sus funerales. Durante las exequias, el difunto habla sobre su llegada a la eternidad. En tres momentos relata milagrosamente cómo ha sido convocado al juicio de Dios, cómo es juzgado con justicia y misericordia y, al final, su riqueza egoísta le lleva al infierno.
Bruno entonces decide una vida contemplativa como los ermitaños. Quiere vivir de forma similar a Juan Bautista cuando está en el desierto. La mejor opción era entrar en el Císter. Pero la prueba no resultó, porque allí tenían muchos ratos de compartir en el silencio los monjes. Entonces en Francia funda la cartuja, Orden aprobada por la Iglesia y del lugar donde estaban (Chartreux) le pone el nombre. La vida es muy estricta y cuenta con un silencio riguroso. No se puede comer carne ni beber licores. La oración es varias veces al día. Así muere Bruno, desde el silencio y la oración contemplativa.
Fuente: www.cope.es




