San Valentín más allá de la pareja tradicional: amores libres, con mucho compromiso
Lejos de algunos prejuicios, el amor libre está lleno de compromiso afectivo, de responsabilidad en los vínculos.
Se acerca el Día de San Valentín y los medios masivos de comunicación, las calles, las redes sociales están repletas de corazones rojos. Hay ofertas de cenas para dos, regalos y promociones, todo pensado para una pareja heterosexual y monogámica, esa que promueven las películas, las novelas de la tarde y toda la cultura. La historia es conocida: San Valentín de Roma casaba a personas enamoradas según la fe católica, y fue decapitado por eso. “La historia de un cura que casaba en secreto a los adolescentes enamorados es magnífica. Tiene que ver con la revolución, con el cambio de paradigma en un momento en que no se podía hablar de amor, porque el matrimonio era un acuerdo económico y de poder entre familias”, dice Bárbara Mariscotti, psicóloga, fundadora de Amor Libre en la provincia de Santa Fe.
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Claro que hoy, esos mensajes tienen otro filo. “Es necesario entender qué significa lo que pasa ahora con San Valentín. Son mensajes terribles que hacen que la gente sin pareja se sienta mal, se sienta sola, que a quienes tienen pareja les pregunten cuando vienen los hijos, y a quienes tienen una pareja no convencional les pregunten por qué no se casan. En los medios de comunicación, que parece que todo termina en una cena romántica con dos copas de champaña y un gran osito de peluche”, describe Mariscotti sin piedad, y sin embargo, apuesta a otros sentidos: “Creo que vivir San Valentín como una reivindicación del amor, sobre todo en momentos de crueldad, es un lindo mensaje”.
¿Sólo se puede pensar en un amor de dos, sólo se pueden sostener parejas con un contrato de exclusividad? Desde hace décadas existe el amor libre, un movimiento que de la mano de los feminismos creció y se multiplicó. Quienes practican el poliamor y el amor libre cuestionan la exclusividad y la jerarquía como ordenadores únicos, como moldes de ese sentimiento llamado amor.
El amor es un sentimiento. En nuestras sociedades, tiene sobreimpresa la creencia de que sería uno solo, heterosexual, para toda la vida, que una sola persona puede concentrar proyectos e intereses. Desde otros paradigmas, encuentran definiciones distintas. “No estoy en contra del amor, pero me gusta definirlo por fuera de lo romántico, como una colaboración activa y comprometida con el bienestar de la gente que queremos. Esto implica también con el bienestar de mis amores con sus amores, con sus trabajos, con sus proyectos personales. Cuando desaparece el miedo a perder a esa persona porque hay cosas que no hace conmigo, ahí en realidad estás encontrándote con que apoyas las decisiones que tome, tengan o no tengan que ver con otros amantes”, cuenta Mariscotti.
Amores hay muchos: el de pareja está puesto siempre en el eje de la vida –sobre todo de las mujeres- como un ideal a perseguir. La sociedad ha cambiado, pero todavía una mujer que a cierta edad no ha encontrado “el amor” sigue considerándose fallida. Amistades, proyectos profesionales, relaciones familiares, son consideradas menos importantes que ese amor –el de una pareja única- que sería el eje de la vida en sociedad. Y se le pide lo imposible: compatibilidad sexual, amorosa, de intereses, todo en una misma persona y permanentemente. Así surgen las mentiras, las infidelidades, los ocultamientos. Porque todo lo que se escape de ese ideal, hay que taparlo.
Activista de las relaciones libres, Mariscotti entiende a la monogamia como un sistema de jerarquías. No lo hace sola, sino que recomienda dos libros para quienes se sientan incómodos con las imposiciones del amor romántico, ese ideal que las feministas vienen deconstruyendo desde los años 70, cuando descubrieron que el matrimonio también podía ser una forma de opresión. Y que esas ideas de exclusividad, de posesión, eran las que sostenían las violencias machistas (que no sólo se ejercen de varones a mujeres, aunque eso es tema de otra nota).
Los libros son: “Ética promiscua”, un clásico de Dossie Easton y Janet W. Hardy (se puede descargar gratis) y “El desafío poliamoroso”, de Brigitte Vasallo, una autora que vive en España y viene desentrañando qué pasa con la monogamia. También existen foros como Amor Libre Argentina, un espacio para transitar el camino de abrirse a nuevas formas de vivir el amor con otras personas.
Quienes practican el poliamor llevan adelante la responsabilidad afectiva y la ética del cuidado. “La competencia típica de la monogamia te hace creer que el amor es poquito y hay que luchar por ese amor, cuando en realidad los amores son un montón, ni siquiera es que hay que dividir el amor entre 8 personas o 5 personas. Hay que construir un tipo de amor con cada una de esas personas, lo cual implica mucho trabajo de acompañamiento y de cuidado”, sigue describiendo Mariscotti.
Lejos de algunos prejuicios, el amor libre está lleno de compromiso afectivo, de responsabilidad en los vínculos. Y no se define por las relaciones sexuales. Mariscotti lo define como “un poliamor no jerárquico”.
Y cuenta que hay cuatro pilares:
1- La honestidad. “Por supuesto que sé que nadie tiene todo claro a los 15 segundos de conocerte, pero si puedo ir contando cómo me voy sintiendo. Sí puedo ser honesto en relación a qué quiero, que busco, qué necesito. Honestidad es contarte que adhiero a la no monogamia o que hay otras personas importantes en mi vida. Honestidad es contarte que en mi agenda hay muchas cosas y espero lo mismo de la gente con la que me vinculo, que sea honesta en relación a sus sentimientos, a sus ideales y valores”, abunda. Y lo aplica a “toda la red afectiva”. Recuerda que “honestidad sin empatía es crueldad” y cree que se trata de acompañar amorosamente esas elecciones
2- El segundo pilar son los consensos, construir acuerdos que implican “charlar de todo, absolutamente de todo, tener conversaciones incómodas, poder pedir lo que necesitamos, trabajar lo que necesitamos, para después ir pudiendo generar acuerdos de qué vamos a constituir en estos vínculos”.
3- De la mano del consenso vienen los consentimientos ante situaciones específicas. Una base de estas relaciones –ese es el ideal que persiguen- es que nada sea impuesto a la otra persona.
4- El cuarto pilar es la responsabilidad afectiva, que Mariscotti emparenta con la empatía. “La responsabilidad afectiva tiene que ver con, te diría en términos médicos, el juramento hipocrático. O sea, no dañar, tratar de no complicarle la vida a nadie, de cuidar sus emociones de la misma manera que cuidamos las propias”. Eso significa que también se cuidan las emociones de las parejas de sus parejas.
Nadie está exento de causar daño, por supuesto, pero se trata de otra manera de vivir las relaciones, en las que el amor no justifica cualquier conducta. Y sí, muchas veces aparecen los celos, que es un sentimiento legitimado por las premisas del amor romántico. “Las emociones no las controlamos y los celos son una emoción. Pero sí podemos entenderlas, frenarlas, convertirlas en un mal momento, o un mal flash, en un momento en el que pido ayuda. No pueden ser una excusa para dañar y controlar. Me parece que ahí está el quid de la cuestión”, dice Mariscotti, quien recuerda que los celos van a aparecer “porque a los siglos de amor monogámico los tenemos impresos casi en el ADN. Nos vamos a sentir inseguros, dejados de lado, desplazados, en algún momento. Van a aparecer todos los miedos que la gente tiene, la diferencia es que contamos con herramientas para gestionarlos mejor. O sea, no te voy a matar a palazos y te voy a meter en una bolsa”.
¿Qué significa gestionarlos mejor? “Implica que me voy a tomar un respiro. Voy a tratar de encontrar un poco de calma y ordenar mis pensamientos, voy a tratar de transmitirte lo que me está haciendo sentir mal, vamos a encontrar juntes la forma para que no haga daño”.
Mariscotti considera que “el problema es que se vende el ideal de la locura por amor. Y cualquier idiota hace una locura por amor, yo creo que lo más difícil en el amor es mantener cierta cordura y no perder nuestras propios valores, nuestro propio camino”.
En ese punto, retoma que no tiene “nada” contra el día de San Valentín. “Sí contra la propaganda, que hace sentir muy muy muy muy mal a la gente que no tiene pareja y en la que parece que todo termina con encontrar a tu enamorado y ya todo va estar bien. Hace mucho más hincapié en el amor romántico y por ahí estaría bueno pensar que puede ser un día para revalidar la revolución. Así empezó, como una revolución afectiva de los vínculos. Eso es hermoso y no necesariamente tiene que caer en todo ese mensaje de ‘sos mía porque te amo’ que queremos desterrar”.






