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Sociedad

Los misterios del panteón de Rafael Mansilla, primera parte: visita al cementerio

El panteón de la familia de Rafael Mansilla se alza en el cementerio municipal de la ciudad de Santa Fe. Repleto de placas y gestos de agradecimiento, promete ser un refugio que responde y cumple a los favores pedidos. En Aire Digital lo visitamos y nos preguntamos qué esconde esta historia.

Cada ciudad guarda sus secretos. Algunos son develados y otros permanecen entre preguntas y se transforman en mitos o leyendas. Desde Aire Digital quisimos conocer un poco más sobre el misterio que esconde el denominado “panteón de los milagros”.

Es sábado y el sol de la siesta no da tregua. La atmósfera guarda esa pesadez tan típica de esta ciudad, pero hay algo que me mantiene despierta, atenta, fresca.

Llego a mi destino: el cementerio municipal de la Vera Cruz. Al ingresar el panorama es elocuente. Hay tumbas, pasillos, flores y sobre todo transeúntes que deciden visitar a sus muertos. Me sorprende ver que son pocos los que lo hacen, pero decido concentrarme en encontrar lo que vine a buscar.

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Sin consultarle a nadie trato de emprender la búsqueda por mi cuenta. Luego de caminar un par de metros por el camino central, algo llama mi atención. Sí. Debe ser mi objetivo. Mi cuerpo entero gira y hago otros pasos más por el “pasaje” Nuestra Señora de Guadalupe. Ahí está. Lo ví. Es el panteón de Rafael Mansilla.

 

 

Imponente. Contundente. Mágico. A diez metros hacia la derecha del pasillo central del cementerio, está la denominada tumba de los milagros. El panteón de la familia Mansilla se distingue y atrapa las miradas. No por sí sólo, sino más bien por lo que la gente construyó en torno a su espacio físico.

Es chico: tendrá dos metros por tres. Pero recorrerlo entero con la mirada demanda tiempo. Hay detalles que gritan a los cuatro vientos que allí se esconde una historia con más preguntas que respuestas.

Mis ojos no detienen la observación del mausoleo. No pueden hacerlo. Lo recorren, lo devoran, lo investigan. Veo un cúmulo de intenciones en torno a un nombre, veo un racimo de preguntas, veo un misterio. Su fachada está llena de placas de agradecimientos y la más antigua que alcanzo a reconocer data de los años 60. 

Intento rodear el panteón, y con miedo atravieso el pequeño pasillo que lo separa del que está al lado. Lo abrazo simbólicamente sin mediar palabras y sin dejar de mirarlo. Veo restos de crucifijos y de imágenes de santos que están tirados alrededor. Voy de un lado hacia el otro e intento que esta especie de santuario me hable, que me dé información sobre quién era Rafael Mansilla. Entre fotos, escarpines y diplomas, veo claramente un folclore que inspira.

Me detengo en ciertas partes del mausoleo que están quemadas. Según dicen, “la gente dejaba velas encendidas” y se provocaban incendios. Incluso algunos afirman que hubo ocasiones en las que tuvieron que intervenir los bomberos.  

 

El misterio en torno a quién es Rafael Mansilla no es nuevo. Fuentes periodísticas sostienen que fue un médico que ayudó a muchas personas en su época y que, una vez muerto, despertó el fervor de los santafesinos. Otros dicen que en ese sector del lugar no hay nada y que es sólo un mito. En el Arzobispado no hay indicios de su nombre, ni causas de procesos de canonización. Tampoco hay información clara en el Archivo de la provincia. La única verdad que yace tendida en este embrollo es que la gente cree en él. Y mucho.

Con sólo estar unos minutos frente al panteón, empiezan a desfilar de un lado para el otro sus “fieles”. Sin embargo, ellos tampoco saben quién era o es realmente este hombre.

 

—Sé que es muy muy milagroso. Yo empecé a venir hace poco. Bah en realidad venía hace un tiempo, pero ahora retomé. Tampoco sé si es médico. Sé que es muy milagroso— dijo una de las mujeres que contemplaba el lugar.  

—Nosotros venimos siempre y le dejamos una flor. Le pedimos a tantos santos que no sabemos quién nos cumple, pero cada vez que venimos al cementerio pasamos por acá— dijo un hombre luego de dejar una flor naranja sobre el panteón.

 

Los trabajadores del cementerio aseguran que desconocen de qué se trata esta historia. Incluso el empleado con más años de oficio demostró casi no saber nada.

 

—Yo hace 31 años que estoy acá. Cuando llegué ya era un lugar emblemático. Pero nunca conocí familiares ni nada por el estilo. Acá la gente viene y pregunta por su panteón. Nosotros le indicamos dónde está, pero no sabemos nada.

Por otro lado, circula una versión sobre la posición de los familiares en torno a la popularidad de Rafael. La ex concejala Noelia Chiementin aseguró que “los integrantes de su familia reclamaron un ingreso al panteón ya que las placas y los agradecimientos no dejaban lugar”. Según sus dichos “las autoridades del cementerio otorgaron el permiso para poder ingresar por la parte de atrás, ya que por las ofrendas era imposible”.

Hay preguntas difíciles de responder. Y además hay respuestas difíciles de corroborar. En torno al nombre Rafael Mansilla se despiertan historias que intentan darle sentido a esta creencia popular.

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—Dicen que eran dos hermanos y que Rafael era el más conocido, el más famoso. Parece que era un tipo bueno, que atendía a la gente sin cobrarle. Pero más no sé. Sería interesante saber quién es. Es más, dicen que una vez vinieron unas personas a demoler el panteón, pero cuando empezaron a golpearlo escuchaban gritos desde adentro. Se asustaron, dejaron todo y se fueron— aseguró otro trabajador del cementerio.

Y por supuesto hay lugar para aquellos escépticos que manifiestan que no hay absolutamente nada y que responde sólo a una creencia popular que se ha ido trasmitiendo de generación en generación.

 

Me siento y miro nuevamente el panteón de los milagros. Apoyo mis manos en mi mentón y pienso que algo más tiene haber en esta historia. No puede ser que haya sobrevivido tantos avatares y siga dando frutos, siga despertando fervor.

¿Será un tal Rafael Mansilla que desde algún lugar escucha a los santafesinos y otorga favores? ¿Será la necesidad del ser humano de atribuir a un ente desconocido favores realizados?

Me llega un mensaje y me avisan que podría existir un familiar dispuesto a contar lo que sabe. Me avisan que la historiadora Catalina Pistone investigó sobre el tema y que sus libros pueden arribar a alguna verdad. Hay puntos que parecen unirse y que intentan dar una respuesta a una sola pregunta: ¿Qué esconde el mito de Rafael Mansilla?

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