El mes de diciembre trae consigo varias cuestiones que introducen a la gente en el cierre del año, la culminación del ciclo lectivo que inexorablemente involucra a padres e hijos y el condimento particular de las fiestas de Navidad y Año Nuevo. En estas cuestiones, la sociedad está dividida entre quienes se entusiasman con la organización de los festejos, aquellos que disfrutan de recibir a familiares y los que se angustian y entristecen. Las causas: la obligatoriedad de reunirse con parientes con los que existen diferencias y alejamientos, la ausencia por fallecimiento de seres queridos y hasta lo más banal: cuál será el menú. Los fundamentos desde el psicoanálisis.
Aire Digital consultó al Licenciado en Psicología y psicoanalista Maximiliano Mó (Mat. 1029) quien considera que la cercanía con las fechas remite a una variedad de efectos. Algunas personas las toman con entusiasmo y para otros representa una carga que los fatiga física y emocionalmente. Convergen en estas fechas ciertos “lugares simbólicos” de una comunidad a los que se recurre para paliar incertidumbres de la vida.
Maximiliano Mó. Licenciado en Psicología y Psicoanalista (Mat. 1029)
Qué es un lugar simbólico
Es un lugar del cual se espera poder obtener respuestas que confirmen o desaprueben lo esperado acerca de determinada situación. Los "lugares simbólicos de una comunidad” están al servicio de poder paliar incertidumbres de la vida. No simplemente se reduce a las fiestas de Navidad y Año Nuevo.
Las fiestas: entre la obligación de ser feliz y "el narcisismo de las pequeñas diferencias"
En este tipo de celebraciones incide directamente un ideario de plenitud de la felicidad y de la felicidad con otro. Pareciera ser que existe, a pesar de todo, la obligación de ser feliz. Esto resulta en ocasiones abrumador porque la búsqueda de la felicidad ideal puede transformarse en una presión continua.
Bajo el anhelo de conseguir satisfacción la búsqueda de felicidad puede transformarse en presión constante y de pronto las cosas no se pueden hacer como uno planeaba porque en la interrelación con las personas existen quienes planifican, piensan u opinan diferente. Ahí cuando se produce el derribo de "los planes" que no pudieron llevarse a cabo de determinada forma aparece la frustración. En torno al armado del festejo, de la cena familiar desde lo más simple como elegir el menú hasta lo más complejo como la interacción entre los convocados en la mesa familiar aparece una situación que Freud llamaba “el narcisimo de las pequeñas diferencias”.
Freud pensaba que el instinto agresivo era el motivo principal de los conflictos, pero no comprendía por qué se expresaba de este modo. Y lo que sucedía era exactamente lo contrario: era lo distinto lo que provocaba la agresión. El infortunio desilusiona y se desintegra la perspectiva de armonía. Por lo tanto, aparece un aspecto maligno que anula la plenitud.
Lo que plantea el psicoanálisis: el deseo por encima de la felicidad para evitar la angustia
Una de las herramientas en las que se debe hacer foco es el deseo; aquello que nos involucra íntimamente Tratar de analizar por dónde iría lo deseable y ubicarlo en un lugar “menos tonto”. La clave es no esperar una armonía sino más bien esperar algo renovador: el encuentro con las diferencias representadas en el prójimo.
"Las fiestas también puede ser una buena oportunidad para cuestionarnos los modos de relacionarnos, de vaciarnos un poco de nuestros aspectos más turbios y así tratar de encontrar los canales por los que en el intercambio aparezca la sonrisa, la alegría”. De eso se trata un deseo, de encontrar una forma de habitar nuestras posibilidades más abierta a la invención y menos tonta", concluyó Mó.
Maximiliano Mo
Aníbal Mendiburo, psicoanalista y licenciado en Psicología (mat. 617), señaló en Aire Digital que, de algún modo, con las fiestas aparece la angustia y la ansiedad. A partir de la situación de sentarse a la mesa con familiares o allegados con quienes habitualmente no existen momentos compartidos, aparecen conflictos familiares que durante el año pueden ser disimulados, se ponen en evidencia las ausencias de aquellas personas que fallecieron y las fiestas imponen cierta obligación de pasarlo bien con personas con las que hay poca o nula afinidad.
La apuesta del psicoanálisis es saber qué perdimos con esa persona que hemos perdido y ahí hay un elemento que trascendió la generalidad de afirmar que “ las fiestas son un momento difícil”
En relación a la fiesta de fin de año y el inicio del nuevo, es usual que haya un balance donde se contraponen los objetivos propuestos y los logros alcanzados. También se pone en juego aquello de que "pasó un año más y a veces no estamos contentos con la vida que tenemos".
La mirada desde el psicoanálisis: por qué angustian los fallecimientos de seres queridos
Para el psicoanálisis, lo que interesa no es lo evidente (la angustia por la muerte) sino la forma en que a cada uno de llega.
Con el transcurso del tiempo, en algunos casos las ausencias se toleran muy bien y en otros, es un dolor inextinguible. La apuesta del psicoanálisis es saber qué perdimos con esa persona que hemos perdido y ahí hay un elemento que trascendió la generalidad de afirmar que “ las fiestas son un momento difícil”. Hay un elemento que trasciende la generalidad: se trata de lo singular de cómo cada uno transita esos momentos.
En definitiva, la angustia es señal de que hay algo en la manera en que pensamos nosotros mismos que “no está alcanzando” y por lo tanto es una buena ocasión para que “algo se transforme”.
Aníbal Mendiburo
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