Por Coqui Toum
El antropólogo Brian Ferrero, está llevando a cabo una investigación para Conicet respecto al vínculo que establece la Administración de Parques Nacionales con las poblaciones locales. En particular, se encuentra observando el proceso de creación del primer Parque Nacional de la provincia en Puerto Gaboto. ¿Qué relación que ha establecido la institución con isleños que han vivido allí por tres generaciones en algunos casos? Es uno de los interrogantes que se ha planteado el investigador.
En las últimas semanas, ante la aceleración los desalojos de los pobladores isleños, un grupo de organizaciones de la sociedad civil nucleadas en la Red Delta, hicieron pública una carta dirigida al Presidente del Directorio de la Administración de Parque Nacionales (APN), Eugenio Bréard. En la misiva le solicitan al directivo la recategorización de las islas del Parque Nacional Islas de Santa Fe con población isleña.
“Teniendo en cuenta estudios sobre el Delta Superior y Medio, entendemos que los modos de habitar y de desempeñar actividades productivas de la población isleña se desarrollan en adaptación a los ambientes isleños, a su diversidad biológica y dinámica hidrológica. Desde la perspectiva de la conservación, tales modos han favorecido el sostenimiento de las funciones y bienes de los ecosistemas de humedal del Delta. La categoría de Reserva Nacional puede constituir un encuadre jurídico adecuado para la recategorización de las islas con población isleña”, propuso la Red Delta a la APN.
Según aclararon en la misma carta las organizaciones Cauce (Cultura Ambiental Causa Ecologista), Casa Río, Farn (Fundación Ambiente y Recursos Naturales) y Taller Ecologista de Rosario, la categoría de Reserva Nacional (Ley Nº 22.351) permitiría la conservación de los sistemas ecológicos, el mantenimiento de la zona protectora del Parque Nacional, así como la residencia y el desarrollo de actividades productivas compatibles con los objetivos de conservación.
“Entendiendo que esta propuesta se adecua a los objetivos institucionales de la APN, del Sitio Ramsar Delta del Paraná, y a los lineamientos del PIECAS-DP, esperamos sea considerada por su organismo, a fin de lograr una solución efectiva a la problemática suscitada. Asimismo, reiteramos nuestra solicitud de apertura de un espacio de diálogo para su tratamiento, en el que se encuentren representadas todas las partes involucradas en dicha problemática”, solicitó la Red Delta.
Nota 2° Red Delta APN by Coqui Toum on Scribd
En ese sentido, en diálogo con Aire Digital, Ferrero sostuvo que lo que se ha observado hasta el momento del proceso de creación del Parque, iniciado en 2010, es que “se instala desconociendo que había poblaciones previas dándoles categoría de intrusos”.
—¿Qué observás de ese proceso?
—El Parque se creó con el objetivo de conservar una naturaleza sin gente, como si el área fuese prístina. Cuando, en realidad, ha sido ocupada y fuertemente durante todo el siglo XX. Las poblaciones isleñas han hecho uso del área para cazar, recolectar vegetación y realizar una producción ganadera extensiva con uso del fuego para renovar pastizales; pero no es posible afirmar que estos usos hayan degradado la naturaleza del lugar. De hecho no hay estudios que muestren el impacto de la población criolla ha tenido sobre el ambiente, mientras que sí hay estudios que dimensionan cómo los procesos de degradación de este ambiente provienen de fuerzas externas al área, que se originan en tierra firme.
—¿Qué pasa con los últimos pobladores de la zona?
—Durante los últimos años las familias que vivían en la zona fueron abandonando las islas debido a las presiones que tenían para desalojarla. Quedaban tres grupos domésticos y el 30 de mayo un poblador de 72 años fue desalojado de manera violenta, habiéndole desarmado su vivienda. Quedan dos familias, que están en un proceso de lucha y resistencia para no ser desplazados. Por parte de Parques, lo que aparece es un desconocimiento del derecho que han tenido y tienen estos pobladores por ser preexistentes. Hubo varias instancias para generar espacios de diálogo y llegar a negociaciones para que se los relocalice, pero nunca se consiguió que se les ofrezcan terrenos similares a donde viven. Otra opción, que creo sería más favorable es que se recategoricen las tierras que ocupan, y que la Administración de Parques Nacionales le de a esas islas la categoría de Reserva Nacional.
—No quedan muchas familias actualmente, ¿con ellas el Parque podría existir igual?
—Sí, la categoría de Reserva Nacional permite que haya poblaciones. Es una categoría interesante porque sirve para mostrar las posibilidades de integración entre conservación de la naturaleza y actividades productivas. Incluso los pobladores pueden pasar a colaborar con los objetivos del Parque mientras que para ellos es positivo en tanto vivir dentro de un área protegida les puede facilitar el desarrollo de emprendimientos turísticos, algo en lo que están interesados los pobladores que aún quedan. En Argentina existen varias experiencias de poblaciones en Parques Nacionales, y si bien esto representa un desafío importante, viene a generar alianzas entre conservación y producción que rompe con paradigmas restrictivos de la conservación. Ya no es posible pensar en conservación de la naturaleza sin integrar a la gente, esto implica conflictos, genera enemigos y a la larga incrementa la presión productiva externa sobre las áreas protegidas. Es necesario pensar en nuevos paradigmas de conservación. Está demostrado que no toda actividad productiva y no toda presencia de población degrada el ambiente.
—¿Participaste de alguna de las reuniones entre los pobladores y la APN?
—No hubo reuniones formales, sino visitas más bien informales de la institución de Parques hacia los pobladores a lo largo de estos 9 años.
—¿Y el desalojo en que términos se da?
—Por vía judicial. Parques presentó una demanda para que se desaloje a estos pobladores. Es decir, había dos caminos, uno de desalojo por vía judicial y la otra era una negociación iniciar un proceso formal de negociaciones. En algún momento se intentó el diálogo, pero nunca fue formal, sino acercamientos informales, del intendente, de la administración de Parques de Buenos Aires, de la delegación centro. En el último año hubo un mayor acercamientos para dialogar y a lo que apostábamos es que por esa vía se llegará a un acuerdo, pero finalmente la administración tomó la opción judicial. Ahora se corre el riesgo de volver va a un modelo de Parque decimonónico, de áreas naturales sin presencia humana, basado en idea de que sociedad y naturaleza son dos ámbitos opuestos. Este es un paradigma de conservación que vienen siendo muy discutidos a nivel global en las últimas décadas y se viene demostrando que no es así y que pueden haber alianzas entre conservación y el hombre.
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