Desde que tiene uso de razón, Silvana Dal Lago estuvo ligada a la industria textil. Su mamá le cosía la ropa a ella y a sus tres hermanos y más tarde empezó a seguir sus pasos. Transcurrían los años 90, tenía unos 19 años y jugaba al vóley de manera profesional. Como suele suceder de manera cíclica en la economía argentina, faltaban productos en el mercado, entonces empezó a hacerse sus propias calzas, que después hizo para sus amigas, a las que le ponía una S a modo de sello.
Esa S se transformaría unos años después en la S de Sonder, una de las industrias textiles de ropa deportiva más importantes del país, que tiene sede en la zona sur de Rosario, que emplea a más de 180 personas y que llega con sus prendas a más de 300 firmas a lo largo y ancho de Argentina.
Aunque muchos relacionen a Sonder con Son de Rosario, en realidad se trata de una palabra alemana que significa Partida Exclusiva Edición Limitada. Sin embargo, cuando diez años después del nacimiento de la marca crearon el club y el equipo empezó a competir en la Asociación Rosarina, "Son de Rosario" se convirtió en la explicación perfecta para que les dejaran inscribir el equipo bajo esa denominación.
En mayo de 2022 Sonder cumplió tres décadas de producir y crecer de manera ininterrumpida. Lo que empezó en una habitación de una casa hoy es un gigante de más de 3.000 metros cuadrados, que alberga todas las instancias de producción: desde el almacenaje del stock de tela hasta la confección, el embalaje, y la venta online.
Además, hay que sumarle el capítulo deportivo, porque también en las instalaciones (por fuera de esos 3.000 metros cuadrados) tiene sede el club, que hoy cuenta con más de 500 chicos en su cantera.
“Dos años antes de formalizar la empresa yo arranqué a jugar a la costurerita. Me veían mis amigas y me pedían que les haga. Yo lo hacía con la máquina de mi mamá. Siempre fui muy de hacer, mi mamá siempre nos hizo todo a los cuatro hermanos. Era algo habitual para mí”, recordó Dal Lago sobre los inicios.
“Sonder siempre tuvo la diferencia que nosotros consumimos nuestras prendas. Estamos todo el tiempo testeando nuestros productos, somos nuestros mejores catadores, acá adentro todos se visten con la marca. Prestamos atención y hacemos las cosas bien, sin que el principal objetivo sea comercial. Nunca nos planteamos grandes metas, siempre hicimos las cosas con el desafío del deportista, que siempre está preparado para mejorar, que no se amarga cuando pierde, que se pone objetivos todo el tiempo. Eso hace que no nos quedemos en las crisis”, reflexionó la empresaria en diálogo con AIRE.
Fábrica textil y también de deportistas
“Siempre el deporte y la marca fueron de la mano. El deporte fue lo que atendimos porque era nuestro mundo y era lo que sabíamos hacer”, reconoce Silvana a la hora de explicar por qué se volcaron al rubro.
Sonder nació un 14 de mayo de 1992 y desde ese momento hasta diciembre del 97 nacieron los cuatro hijos de Silvana y Claudio Verasio, una segunda generación que ya está trabajando en la firma. “En el 98 me invitaron a jugar un torneo de vóley. Terminó el torneo pero jugar una vez cada tanto no me gusta, quiero entrenar, jugar y ganar. Entonces nos terminamos anotando en la primera división de Rosario, en la B. Éramos todas exjugadoras, alquilábamos Provincial para practicar, y salimos cuartas. Al año siguiente nos volvimos a anotar y salimos campeonas por lo que ascendimos a la Liga de Honor. Pero para usar ese privilegio había que tener inferiores. Entonces hicimos un acuerdo con el Colegio Madre Cabrini que tenia vóley en la escuela”, rememoró Dal Lago sobre los inicios del club.
Con las chicas de la escuela armaron una Primera B gracias a la unión deportiva Cabrini-Sonder. Ese año obtuvieron muy buenos resultados y mucha gente se quiso sumar. El hecho de que todas las jugadoras vistieran con indumentaria acorde fue clave en el proceso. Pero el acuerdo con el colegio finalizó y ahí decidieron que era momento de fundar el club.
El momento elegido para hacerlo fue bisagra: febrero del 2002. La empresa ya tenía diez años en sus espaldas y le tocaba atravesar la peor crisis económica de los últimos tiempos. “El club fue la tabla de salvación de la malaria espantosa que teníamos”, sostuvo su creadora. Al comienzo fue solo para mujeres, pero justo Rosario Central desafilió a todo el voley masculino y así se sumaron también los varones.
Lo que vino en los años siguientes fue un huracán que por momentos los pasó por arriba. Ocho años estuvieron jugando en la Liga, un proceso en el cual hasta se toparon con la banca de Marcelo Tinelli cuando manejaba las riendas del vóley de Bolívar. “Deportivamente todo eso fue muy fuerte. Todo Rosario iba a ver los partidos porque venían equipos muy importantes, después la Liga Nacional se transformó en algo muy caro, donde intervenían gobiernos con presupuestos monstruosos, y nosotros no fuimos más sede”, recordó Silvana.
Desde hace algunos años tienen casa propia y hoy hay 500 chicos que juegan en diferentes niveles. Recién ahora, 20 años después de su fundación, Dal Lago confía en que lograron ordenar la cosa, con un estatuto y un lineamiento concreto: “A nosotros nos gusta la alta competencia. Mi hijo mayor está al frente del club. La idea es hacer un producto muy bueno, fabricar jugadores”, define con firmeza.
Más allá del club de vóley la marca siempre bancó y fue sponsor de atletas de diferentes disciplinas y hoy viste a los representantes nacionales de yudo, canotaje y -hasta hace muy poco- de la selección de vóley. Además, auspicia la camiseta de Central Córdoba y en breve se sumará a otro club de Buenos Aires. “Nosotros cuidamos al deportista porque lo entendemos”, sostiene.
Cuidar la producción en un momento complicado
La industria textil está pasando por un momento particular: desde la falta de operarios calificados hasta la escasez de materia prima. Todos palos en la rueda que dificultan un crecimiento genuino. Es que según cuenta la propia Dal Lago, hoy no existen problemas de demanda, más bien todo lo contrario: deben frenar la apertura de locales y cuidar al máximo la distribución.
“Nosotros acopiamos mucho, porque no me puedo dar el lujo de parar la producción. Estamos sobreestokeados y hoy es la mejor manera de cuidar la plata. Tenemos 13 locales de los cuales ocho son propios y cinco franquicias ubicadas en Córdoba, Concordia, Santa Fe, Paraná y San Juan”, contó. A esto se le suma el canal mayorista con el que atienden a más de 300 razones sociales y también el canal digital que, en ventas, representa a un local ubicado en un shopping. Este último fue el primero que en pandemia empezó a reportarles ingresos.
“No hay ropa en el mercado. Hay pocos Sonder que puedan tener materia prima, empleados que cosen. Hay muy poco productor”, sostiene la empresaria al tiempo que enumera que en la planta de Rosario se hacen 3.500 prendas por día, unas siete por minuto. “No hace mucho tiempo fabricábamos 2.000, pero ahora fabricar rápido es nuestra manera de afrontar la realidad”, cuenta.
Ese cambio se logró a fuerza de mucha inversión en instalaciones y en maquinaria. “Me gusta invertir, estar a la altura es lo que te permite competir. En el 2017 instalamos una tecnología de encimado y de corte. Esa inversión ahora la estamos ampliando, sumando seis metros de mesa a cada línea para tener un 40% más de capacidad de corte. Tuvimos que bajar el minuto promedio, fue un crecimiento de volumen muy grande”, sostuvo.
Lo que se viene es una ampliación de 500 metros cuadrados de la planta. Pero también lo que se viene es la incorporación de cinco nuevos socios: sus hijos. “Ahora es el turno de la segunda generación”, confía Dal Lago.
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