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Sociedad Rosario | Fotos |

La historia del estudio Elite, la casa de fotos que hace 85 años retrata la vida de los rosarinos

Novias, nacimientos, comuniones y hasta fotos íntimas pasaron por el ojo de una familia que hace 85 años inmortaliza en imágenes la vida misma. Ni las sucesivas crisis económicas del país, un incendio y los avances digitales pudieron con la pasión por la fotografía.

“La instantánea posee en común con el sueño la capacidad de abolir el tiempo”, decía el profesor y crítico de cine Guy Gauthier, refiriéndose a la posibilidad de la fotografía de congelar en un instante objetos y personas de la vida real y capturarlos en su tiempo y espacio de manera duradera. Los ojos pícaros de una niña, la sonrisa enamorada de una recién casada, el gesto tierno de un abuelo y su nieto, son algunos de los momentos que la casa de fotos de calle Mendoza 3862, en Rosario, se ocupó hace 85 años de capturar, revelar y enmarcar con pasión y profesionalismo. Así lo cuenta Sonia Chacón, hija de Don José Chacón, fundador del estudio fotográfico Elite el 15 de agosto de 1935.

“Somos inmigrantes de españoles, mi padre vino de España con su madre y su hermano, se instaló en Buenos Aires y allí empezó a trabajar en una casa de fotografía que tenía 42 empleados. Siempre contaba la anécdota de una vez que encontraron una bolita mientras barrían el piso y se habían puesto a jugar con ella; al rato entró un señor desesperado buscando una perla: la bolita era una perla del sombrero de un sultán que había ido a tomarse una fotografía al local”, recordó Sonia sobre los inicios de su padre en este oficio.

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La vieja fachada del estudio fotográfico inaugurado en 1935 en Rosario.

La vieja fachada del estudio fotográfico inaugurado en 1935 en Rosario.

La pasión de José lo llevó de Buenos Aires a Rosario, donde abrió su propia casa de fotos en la tradicional calle Mendoza, una arteria importante al día de hoy para la ciudad. A comienzos del siglo XX circulaba por allí el tranvía que conectaba el centro de la ciudad con la estación del ferrocarril, una calle de gruesos adoquines, carruajes y donde vivían familias de renombre que dieron vida al barrio. Su historia comienza alrededor del año 1880 cuando los Arrillaga, Buratovich, Casiano Casas y Echesortu, propietarios de terrenos en esa zona por aquel entonces rural, los subdividieron para la venta de lotes.

De este último apellido surgiría el nombre del barrio donde vivió la actriz Libertad Lamarque, tiempo más tarde las actrices Norma Pons y Mimí Pons, además de ser el lugar de nacimiento del reconocido modelo y actor Christian Sancho. Según historiadores, en 1906 se jugaría el primer clásico entre Newell’s y Rosario Central, un partido casi de potrero en la cancha del club Plaza Jewell, emblema en la actualidad del rugby local con el Club Atlético del Rosario, más conocido como “Plaza”. Echesortu se convertiría así en un barrio próspero con iglesias, paseo comercial, clubes deportivos, estación de ferrocarril, escuelas, tranvía y la mismísima casa de fotografía Elite.

Mi papá además era escenógrafo y escritor de obras de teatro, ya tenía un genio artístico consigo Mi papá además era escenógrafo y escritor de obras de teatro, ya tenía un genio artístico consigo

“En aquellos años hacíamos los fondos de las fotos, se armaban gigantescas escenografías como de teatro. Mi papá además era escenógrafo y escritor de obras de teatro, ya tenía un genio artístico consigo. Él armaba el armazón, compraba lonas y telas para hacer el fondo de las fotos y luego les pintaba escalinatas, columnas barrocas, altares con flores. Todo arriba de esas telas y así se hacían los fondos de las fotos”, contó Sonia. El asunto es que cuando esas fotos salían publicadas o se exhibían en las vidrieras del local, los vecinos se preguntaban dónde habrían sido tomadas, en qué palacio o mansión con semejante decoración, generando un misterio alrededor de aquellos telones pintados a mano en el galpón de la casa fotográfica.

Secretos y trucos reproducidos de generación en generación, ya que actualmente las dos hijas de Sonia - Kareen y Shirley-, siguen trabajando y dándole vida al estudio, incluso un nieto y un yerno. Sonia, de 87 años y 60 de casada, continuó en el local luego de la muerte de su padre y de su madre, Angelita Tejeiro, en el mismo barrio y en el mismo local que sufriría un incendio, en los años ‘80, exigiendo una costosa reparación integral. Sonia sólo tuvo que bajar unas escaleras para entrar al estudio, ya que vive arriba con su marido.

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Desde el comienzo de la pandemia no había vuelto al lugar de trabajo que la hace feliz y le recarga la energía. “No puedo delegar, me cuesta”, remató. “Fuimos heredando la locura por la foto, pero éramos como un equipo, uno se focalizaba en el vestuario, otro en la cámara, otro en los detalles del fondo, otro de la iluminación. Una de mis hijas hace esos trabajos de refaccionar y retocar fotos; hace unos días recuperó una foto antigua que estaba llena de humedad, era el retrato de una novia, en blanco y negro”.

Fuimos heredando la locura por la foto Fuimos heredando la locura por la foto

En aquella época retocaban los negativos con minas de lápiz del tamaño de una aguja, negativos que se trabajaban sobre la placa de vidrio que se colocaba en las viejas cámaras a fuelle. Rellenaban líneas, contornos, sombras y algunas novias les pedían de retocarles la silueta para parecer más delgadas, con curvas. También hacían fotos al óleo, pintadas en un tono de sepia elaborado con ciertos químicos, para lograr darle un tono a la piel de los fotografiados.

Para los vecinos del barrio la fotografía era una cosa común de todos los días. “Venían a sacarse fotos al estudio hasta que llegó la cámara de rollo, eran otros tiempos donde conocíamos a todos los clientes. También venían vecinas a ver a las novias que iban llegando desde la iglesia, esa era su actividad de los sábados, nosotros les decíamos los horarios y las señoras se quedaban para mirar a cada novia, sus vestidos y peinados y nosotros poníamos una alfombra roja en el ingreso. Trabajábamos todos sincronizados y era como un club social la casa de fotos”, recuerda.

Además, don José Chacón fue profesor del Instituto de Profesiones Técnicas, actual ISET 18, y llevaba los alumnos al estudio para aprender sobre los químicos, el revelado, el manejo de la foto dentro del cuarto oscuro y se divertían con el “agregado”, técnica de esa época para lograr efectos similares a los del Photoshop. Por su parte, una joven Sonia estudiaba inglés para poder traducir las cajas e instrucciones de la mercadería importada que iba llegando al estudio.

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“Así fue pasando la vida, todo eso vivimos en la casa de fotos: desde dificultades económicas, la suba del dólar, el incendio donde la chispa de una caja eléctrica prendió una pila de rollos y el estudio entero, la llegada de la cámara a rollo portátil y la digital, las transformaciones del barrio y de la ciudad. Hay épocas y épocas, hoy los jóvenes no le dan tanta importancia a la foto, con los celulares ya casi que ni vienen al estudio. Los que protestan son los abuelos, que dicen que no tienen fotos impresas de los nietos. Nosotros hacemos todo un trabajo de ayudar al abuelo que viene, le buscamos la foto en el teléfono y la enviamos a las máquinas conectadas en red. Cuando llegás a una cierta edad valorás más la fotografía”, observa Sonia, quien declina amablemente a que le tome una foto para ilustrar esta nota, con la gentileza de quien por años estuvo detrás del lente y no delante.

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Es sábado a la tarde y la casa de fotos Elite está repleta. Hay personas que aguardan afuera, por las restricciones y protocolos por el coronavirus. Sonia me muestra el cuadro con una de las primeras fotografías del Monumento Nacional a la Bandera, en blanco y negro, tomada por su padre en 1957. Apoyado en un paño con un marco dorado hay un antiguo flash de magnesio, similar a un martillo, cuya ignición se provocaba manualmente arrojando un estallido de polvo de magnesio iluminador.

Sus hijas atienden a los clientes, ofrecen portarretratos de distintos tamaños, los asisten a la hora de pasar las imágenes de los celulares a las maquinas impresoras. La mayoría se va con su bolsita con el logo de foto Elite, un escudo antiguo estilo español. “Tengo una bisnieta y la foto sirve para renovar el recuerdo, la fotografía tiene que ver con el afecto, es la historia de la vida. Es un recuerdo que es mío, es una foto que es parte de mi vida. Antes había tantas casas de fotos, hoy ya casi no le dan importancia a un buen retrato, a una buena impresión de calidad”, piensa.

La fotografía tiene que ver con el afecto, es la historia de la vida La fotografía tiene que ver con el afecto, es la historia de la vida

En el ingreso, una mujer espera con un cochecito de bebé, más allá en la vereda un muchacho mira las cámaras en venta de la vidriera mientras lentamente se mueve la fila. Muchas veces han tenido que preservar la privacidad de los clientes, cuando llegaba un rollo con la nota “ojo al revelar”. Si las fotos eran muy íntimas, se lacraba el sobre y no se abría hasta retirarlo el cliente. “Hay cosas que nos han causado mucho asombro, nos ha pasado de revelar fotos íntimas, algunas se notaba que eran sacadas en un hotel alojamiento. Hemos visto intimidades, desvergüenzas, partes íntimas, a veces ni quería mirar esas fotos, se las ponía en el álbum y se lacraba”, explicó con algo de pudor.

A lo largo de 85 años, la casa de fotos Elite retrató la vida. Como afirma Sonia, retrataron las cosas lindas, las cosas feas, las tristes y las alegres. “La fotografía tiene que ver con los afectos y, si a uno le gusta, es una profesión maravillosa”.

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