martes 27 de octubre de 2020
Sociedad | Asesinato | cumpleaños | abuela

La historia de Andrea y Mía, esposa e hija de Fernando Rodríguez, el taxista asesinado cuyo juicio comienza hoy

Andrea Arriondo vive junto a su hija Mía. La familia quedó trunca hace casi tres años. Dos ladrones asesinaron a Fernando cuando él los corrió para reclamarles el viaje en taxi que se negaron a pagar.

Andrea Arriondo (40) vive junto a su hija Mía (10) en una casa del barrio María Selva. Son esposa e hija del taxista Fernando Rodríguez(39) a quien dos ladrones asesinaron a sangre fría cerca de la medianoche del 11 de diciembre del 2017, a horas de que su hija cumpliera 8 años. El 12 de diciembre, Andrea y Mía, en vez de festejar el cumpleaños de la pequeña, despidieron los restos de Fernando en el cementerio y con mucho dolor comenzaron a vivir una vida que no planearon. Este lunes, comienza el juicio en los tribunales santafesinos para uno de los dos imputados por el robo seguido de homicidio de Fernando Rodríguez.

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Andrea recibió en su casa a Aire Digital. Es una mujer delgada, tiene el cabello largo y atrapa con su verborragia. Se autodefine como una mujer dura y aguerrida, no tiene miedo y por momentos siente que a ella y a su hija nada les puede pasar. La última imagen que tiene de Fernando fue cuando se acercó mientras ella preparaba la torta para el cumpleaños de Mía, que iban a festejar el día siguiente y le dijo que al regreso del trabajo le ayudaría a terminarla... Nunca volvió.

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" Estoy mirando una película con ella y empieza a llorar y a gritar 'extraño a mi papa' y yo la abrazo solamente. No tengo nada para decirle. Daría cualquier cosa para evitar su dolor."

El último viaje

Eran las 23.30 del 11 de diciembre y Fernando había hecho el último viaje, cuando se dispuso a volver a su hogar a cumplir con la promesa de terminar junto a Andrea la torta pero se cruzó en el camino a dos jóvenes. Pensó que era la oportunidad de "juntar unos pesos más" y los llevó hasta Juan Díaz de Solís y Crespo. Jamás imaginó que era su último destino. Corrió a los dos jóvenes que se negaron a pagarle el viaje, uno de ellos sacó un arma de fuego, le disparó y lo mató.

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Andrea recuerda aquello como un "momento de terror", ella entró en shock y en vez de decirle feliz cumpleaños a Mía, la llevó al cementerio a despedir a su papá. Cuando cayó en la cuenta de todo lo que estaba viviendo, entendió que con su trabajo como empleada no alcanzaría para costear los gastos de ambas y pagar el alquiler y salió a buscar otro trabajo que consiguió en menos de un mes.

"Tengo mis momentos de enojo, me enojo con Fer porque me dejó sola pero después me doy cuenta de que sí puedo"

"Nos levantábamos a la mañana, yo arrastraba a Mía de un trabajo a otro, en el medio la llevaba al colegio. Ella comía en un lugar que no era su casa, Mía se estresó mucho, el 2018 fue un año caótico."

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Ella no se resigna a hablar de las dos solas y vuelve a nombrarlo. "Fernando era un papá mega presente, era un esposo maravilloso. Tengo miles de anécdotas de momentos de felicidad. Mía y su hermano Nacho ( hijo de Fernando producto de una relación anterior) jamás se enteraban de nuestros problemas. Unas Pascuas la pasamos en una plaza, no teníamos dinero entonces programamos un pic-nic los cuatro. La plaza Escalante era nuestra porque todas las familias estaban festejando las Pascuas en sus casas. Esa tarde Mía aprendió a andar en bicicleta, nos divertimos tanto...".

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Andrea repite una y otra vez que la ausencia de Fernando es tremenda. "Yo no le deseo a ninguna mamá vivir esto. Trato de seguir criando a Mía con ese amor que le dimos los dos. De la nada estoy mirando una película con ella y empieza a llorar y a gritar "extraño a mi papá" y yo la abrazo solamente. No tengo nada para decirle. Daría cualquier cosa para evitar su dolor."

"Nada me va devolver a Fernando, la consecuencia de arrebatar una vida es terrible. Los que quedamos tenemos que juntar los pedazos y volver a reconstruir lo que se puede."

La asistencia del Estado: automática pero insuficiente

A días del asesinato de Fernando, Andrea recibió a representantes de una oficina municipal que le ofrecieron asistencia psicológica para ella y su hija. "Jamás había hecho terapia pero traté de tomar todas las herramientas posibles para salir a flote. Empezamos a mejorar en el duelo. En marzo de este año nos quedamos sin la asistencia porque nos comunicaron que el municipio ya no tiene presupuesto para ese grupo de profesionales que atendía a familiares de víctimas de asesinato". Andrea dejó a su psicólogo porque no puede costear los gastos pero la preocupa que Mía deje su terapia.

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Andrea Arriondo tiene 40 años y es la esposa del taxista Fernando Rodríguez, asesinado en 2017

Andrea Arriondo tiene 40 años y es la esposa del taxista Fernando Rodríguez, asesinado en 2017

Cómo manejó el dolor: terapias, baile, tatuajes

Andrea intentó desde el primer momento no llorar delante de su hija pero pasado el tiempo se acorazó tanto que cuando quiso derramar una lágrima ya no pudo hacerlo. "Yo no podía estornudar delante de Mía porque enseguida me preguntaba si me iba a morir, tampoco podía salir al kiosco. Mía me decía que no lo haga porque me iban a asesinar para robarme."

De inmediato al homicidio de Fernando, Andrea comenzó con desórdenes alimenticios: pasaba días sin comer y, por momentos se agarraba atracones, hasta que tuvo que pedir ayuda a una nutricionista. Luego de un tiempo de terapia, el psicólogo le sugirió que busque algo para hacer que la ayudara espiritualmente. Comenzó a bailar salsa y bachata, luego probó con el jazz. "Mucha gente que baila conmigo lo hace para desahogarse, como una terapia. Cuando sentí que me quedaba sola en la vida con todo me encontré con gente hermosa. Mía hace deportes, va a catequesis así que hay muchos grupos de personas que nos contienen".

Andrea se tatuó casi todo el cuerpo: "Mis tatuajes empezaron a hablar por mí. Al principio empecé a tatuarme para poder llorar. Hay muchas ideas de Mía en mi brazo, yo empecé con una rama y ella después quiso agregarle las mariposas :su papá su abuela, mi papá y mi abuela. Nada es casual. Mi suegra Inés, venía batallando con un tumor y cuando lo mataron a Fernando ella bajó los brazos y se fue. En un año Mía había perdido a su papá y a su abuela".

El mural que pintó Mía junto a sus compañeros de Colegio en el patio de la casa

Desde hace un año Andrea y Mía se mudaron y empezaron una nueva etapa en sus vidas. Viven junto a Olivia -una perra labradora y a su gato Confite. El año pasado para su cumpleaños Mía decidió que una manera de empezar esta nueva vida era pintar un mural junto a sus amigos y compañeros. "Son personitas de fierro." La casa en la que viven les pertenece y eso es una tranquilidad.

El inicio del juicio: el pedido de justicia

" A Fer lo vamos a recordar para siempre pero con el juicio le vamos a dar un cierre. No quiero tener la expectativa muy alta, porque este país es el mundo del revés y las decepciones me duelen mucho. Quiero que se haga justicia".

"Nada me va devolver a Fernando, la consecuencia de arrebatar una vida es terrible. Los que quedamos tenemos que juntar los pedazos y volver a reconstruir lo que se puede. Yo no le deseo a nadie estar en mi lugar", insistió.

El velorio de Fernando fue multitudinario parecía que despedían a una estrella de rock. "Yo sabía lo que era Fernando. Me vino a saludar hasta el kiosquero que le vendía el chicle. Era bueno, simpático, buen compañero, amigo, un hermano espectacular, un papa maravilloso y un marido increíble. La nuestra fue una verdadera historia de amor. Yo deseo que no se olviden de Fernando, pido que no vuelva a ver otro Fernando y ahora dejo todo en manos de Dios", concluyó.