martes 26 de enero de 2021
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La emotiva carta de una madre que pide la vuelta de las clases presenciales: "No los dejemos solos"

La petición en Change.org ya cuenta con casi 15 mil firmas de padres con hijos en la misma situación.

Ya van más de 6 meses de suspensión de clases por la pandemia de coronavirus. Y por ahora no hay un horizonte claro de la vuelta de las clases presenciales en el AMBA.

Ahora, familias empezaron a reclamar por la vuelta a los colegios, al menos en el último año de la secundaria.

El pedido de la madre en Change.org

Este es el caso de Danisa Pedruzzi, madre de un alumno de Pilar, que publicó un pedido en Change.org llamado “Autoricen el regreso a las aulas de los alumnos que cursan el último año de clases”, que ya cuenta con casi 15 mil firmas de padres con hijos en la misma situación.

En su carta, Pedruzzi expresó: “Los chicos necesitan darle un cierre a su vida escolar, despedirse de sus aulas, sus docentes y sus compañeros. Considerando que llevan perdida la mayor parte de las vivencias que implican el fin de una etapa que abarcó casi la totalidad de sus vidas (14 años de 17 en la mayoría de los casos) urge que se establezcan acciones prioritarias para que regresen a clase”.

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En este sentido, la mujer citó el estudio del neurocientífico Facundo Manes, que dice que ocho de cada diez jóvenes poseen síntomas de depresión a causa de la cuarentena extendida.

Pedruzzi sostuvo: “Necesitamos que se contemple una acción urgente para que se establezcan las condiciones sanitarias necesarias y que estos adolescentes puedan ocupar las aulas por última vez. Necesitamos del apoyo de todos y de una gestión ciudadana responsable. Por favor, ¡no los dejemos solos!”, al final del escrito.

La carta completa

Cuando llegó este 2020 tan distinto a nuestras expectativas nos acomodamos a la nueva realidad como pudimos. Acompañamos como pudimos. Pasaron los meses y fuimos tachando de la lista todas nuestras proyecciones, depositando las esperanzas en el calorcito de septiembre y de las posibilidades que estarían prontas a llegar. Pero estas posibilidades no están llegando y el escenario adolescente que tenemos frente a nuestros ojos es desolador: ya no importa cuál es el alumno que tiene conectividad en sus hogares. Nuestros egresados están tan abatidos que no quieren conectarse. Despojados de sus salidas, de su sociabilidad, de su círculo de pertenencia y de todos los deseos que anidaron mirando a esos ídolos del último año durante la mayor parte de sus vidas, piensan que ya nada tiene sentido. Esta semana mi hijo tendría que estar de viaje de egresados y aquí está, dando vueltas por la casa como quien no encuentra la salida de la puerta giratoria. Miro el bombo que tengo sobre la mesa, se lo acabo de comprar para que me acompañe a manifestar frente a la Municipalidad. Aunque soy yo quien lo tendría que acompañar a él: su desánimo invierte las cosas. Lo aliento diciéndole que, al menos gestando un movimiento, nos convertimos en facilitadores para que los cambios sucedan. Aún no sé si va a querer ir, de corazón deseo que me diga que sí para lograr sacarlo del sillón y/o de la cama, donde está instalado desde marzo. Lo miro, le charlo, almuerzo cada mediodía con él, lo invito a caminar... con las madres del colegio les hicimos un video por el día del estudiante, y les regalamos una taza con el apodo de los sobrenombres que idearon para los buzos de egresados. Mi hijo lo usa a veces, sé que hay compañeros que hasta se lo ponen para dormir. Hace poco descubrí en su armario (me había olvidado) que también se habían hecho remeras. No pude contener mis lágrimas al verla tan nuevita y ahora, al recordarlo, tampoco. Daría lo que no tengo por decirle "¡Otra vez volvés con la remera negra! ¿Qué hacés? ¿Te revolcás en el barro?"

Dejo que los especialistas (estudio INECO) arrojen la penosa estadística: ocho de cada diez chicos presenta síntomas de depresión, y seis de cada diez, signos de ansiedad. Quisiera agregar que, si bien la cifra refleja el estar siendo de los chicos nosotros, sus padres, al tener este escenario en nuestra casa no nos quedamos ajenos. En la última reunión de padres del colegio que tuvimos vía zoom, de seis padres que hablamos lloramos cinco. Ya no sabemos qué más hacer. Somos testigos presenciales de cómo se apagan en uno de los momentos que más encendidos deberían estar. Están resignados. La resignación es un estado de ánimo en el que no se ve el presente como un vehículo para transformar el futuro. Es frecuente escuchar a nuestros hijos decir 'ya fue, perdimos el año, no hay nada para hacer'. Nosotros queremos demostrarles que, al menos, pueden ser escuchados. Que somos responsables del cuidado de nuestro cuerpo y del respeto por el prójimo, que estamos muy atentos de las cuestiones sanitarias que se presentan y que contamos con recursos para cuidarnos de la pandemia. Necesitamos cuidar las siquis de nuestros hijos también, y por eso pedimos por la prioridad de estos alumnos esenciales que necesitan de un protocolo urgente para volver a los parques y patios de sus colegios, con barbijo, alcohol en gel y en pequeños grupos. Necesitan mirarse a los ojos y volver a recorrer esos espacios llenos de recuerdos, tener un cierre de una etapa que ocupó la mayor parte de sus vidas y, sobre todo, sentir que sus familias y la sociedad de la que forman parte no se olvidó de ellos. No hay próximo año escolar para un egresado. No hay meses de bonus tampoco, ya que estarán con otros compromisos universitarios, laborales o preparando exámenes de ingreso. El tiempo escolar que les queda es hoy, dos meses para poder rescatar alguna alegría a la que puedan aferrarse como a un bote salvavidas.

Hay una definición del miedo que me gusta mucho, dice que éste aparece cuando la amenaza es más grande que los recursos. Si afuera sólo existe la amenaza no vamos a dar el paso nunca para generar los recursos y salir adelante. Desconocemos el impacto psicológico que les generará este tránsito el día de mañana; tenemos la certeza del daño que les está generando hoy, luego de seis meses de encierro. Necesitamos un plan de acción urgente para ellos, nuestros queridos egresados 2020.

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