Joven abusada en Vera: “le robó la infancia y las ganas de vivir”
Abusó de su propia hija, desde que ella tenía 5 años. Hoy, ella tiene 18.
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La madre de la joven, Leandra, jamás desistió de su lucha para no solo apartar a este sujeto de sus hijas, sino para que caiga sobre él, el peso de la tan ansiada justicia.
Después de casi tres años de investigada la causa, finalmente será el 5 de marzo cuando el abusador será enjuiciado, mientras que el 10 de abril se dictará el fallo.
Sin embargo, durante todo el proceso de denuncia e investigación por parte de la fiscalía, los abusos, torturas y amenazas no dejaron de estar presentes.
Aún estando detenido, Manuel Díaz abusó de su hija cuando los familiares del agresor la llevaron amenazada hasta la celda.
“Estando preso vuelve a abusar de ella anal y vaginalmente”, dijo la madre de la joven con una voz cansada de tanta agonía e impotencia.
Ese día, nadie en la Alcaidía vio entrar a la adolescente. Nadie autorizó su ingreso. Nadie vio nada. “Quedó en la nada”. Evidentemente, la familia de Díaz entraba y salía de Tribunales a su antojo.
En efecto, una de las hermanas del abusador fue la que llevó a la joven hasta la celda de su padre amenazada con un arma de fuego para que entrase.
Leandra pidió ayuda por todos los rincones. “No podemos denunciar a un colega”, le dijeron otros empleados judiciales.
Como si la ironía fuese poca, el mismo Díaz era quien recibía los expedientes por casos de abusos sexuales.
La Justicia verense está manchada de delitos y complicidades. En el mismo edificio donde trabajaba este abusador, se desempeñaban otros dos hombres denunciados (públicamente) por similares causas.
“Gracias a los medios ésto salió a la luz”, dijo Leandra. “Él era un empleado judicial y yo no era nada”.
Con esta idea sumida, la misma madre de la joven fue también víctima de chantajes sexuales por parte de Díaz con la promesa de que de ésta manera, podría volver a ver a sus hijas, las que estaban bajo su tutela.
“A mi hija le robó la infancia, la adolescencia y sus ganas de vivir. Quiso quitarse la vida miles de veces. Estuvo más tiempo internada que en casa”, relató Leandra.
Pese a que la causa ya tiene fecha de juicio, las amenazas no cesaron.
“La policía me ofreció plata para que desestime la denuncia, o de lo contrario iban a encontrarme en una cuneta con un tiro en la cabeza”, contó la mujer.
Además, la hermana de Díaz, la misma que llevó a la joven hasta la Alcaidía para que fuese abusada otra vez, vive a tan solo una cuadra de la casa de Leandra. Sigue ejerciendo su rol de docente en una escuela de Vera. Tiene niños a su cargo, inocentes y vulnerables como lo era su sobrina.
Esto no es ficción, aunque lo parezca.
El juez Baraldo impartirá, por fin, justicia, y esperemos que sea una justicia tan real como la indignación de todos.





