Los incendios en Cholila, provincia de Chubut, ya no son solo una emergencia ambiental: son una tragedia humana que se vive cuerpo a cuerpo, con miedo, agotamiento y bronca. Así lo contaron vecinos y vecinas de la localidad cordillerana en una entrevista conmovedora realizada en el programa Ahora Vengo, que conduce Luis Mino.
Rodeados por llamas, sin agua potable ni electricidad, con familias evacuadas y sin asistencia suficiente, los pobladores denunciaron una ausencia total del Estado, decisiones tardías y una gestión que transformó un foco controlable en una catástrofe ambiental de proporciones históricas.
“Esto no empezó ayer”
Lucas, vecino de la zona de ecoaldeas y residente en Cholila desde hace años, puso en contexto el drama: “Hace cinco o seis años que venimos lidiando con el fuego. Todos los veranos hay incendios, pero este año se fue de las manos. Esto es una catástrofe”.
Los vecinos coincidieron en que el problema no es nuevo, pero sí más grave que nunca. Aseguran que los recortes en el manejo del fuego, el abandono de rutas y la precarización de los brigadistas fueron determinantes. “Les recortaron el 70% del presupuesto, cobran miserias y tienen que tener otros trabajos. Así no se puede prevenir nada”, denunciaron.
Una decisión que lo cambió todo
Uno de los puntos más duros del testimonio fue la referencia al Parque Nacional Los Alerces. Según relataron, el incendio se inició el 9 de diciembre, cuando el foco era controlable.
“Las brigadas estaban listas, con autobombas cargadas, con equipos preparados. No las dejaron entrar”, afirmó Laura, una de las vecinas. “Fue una decisión política. Si hubieran actuado a tiempo, hoy no estaríamos viviendo este desastre”.
El fuego avanzó sin control y hoy se habla de entre 40.000 y 50.000 hectáreas quemadas, una superficie equivalente a decenas de miles de manzanas urbanas.
Un pueblo rodeado por las llamas
Cholila quedó rodeada por el fuego en 360 grados. “Literalmente veíamos llamas por todos lados”, relataron. Durante los días más críticos, no hubo medios aéreos en la zona. “El avión hidrante apareció cuando el riesgo ya había bajado, porque el fuego se había ido para otro lado”, contaron con impotencia.
La situación se agravó por la falta de servicios básicos: el pueblo se quedó sin agua y sin luz, mientras mujeres, niños y niñas debían ser evacuados. Familias separadas, gente durmiendo poco o nada, y un estado de alerta permanente marcaron jornadas que los vecinos describen como traumáticas.
“Estamos viviendo un ecocidio”
El impacto ambiental es devastador. “Perdimos fauna, perdimos flora, el suelo quedó destruido. Esto es un ecocidio”, afirmaron. Las veranadas, zonas clave donde los animales se alimentan en verano, desaparecieron por completo.
“Los animales están desorientados. Muchos no pudieron escapar, otros huyeron y ahora no tienen alimento”, explicaron, recordando que el daño no termina cuando se apaga el fuego.
“Nuestros hijos no van a poder caminar estos bosques. Eso es lo que más duele”, dijo Laura. El bosque nativo y los árboles milenarios, símbolos de la Patagonia, hoy son cenizas.
Autogestión total: cuando la comunidad reemplaza al Estado
Ante la falta de respuestas, los vecinos se organizaron solos. “Estamos cumpliendo el rol del Estado”, dijeron sin rodeos. Con camionetas propias armadas como autobombas, tanques de agua, mangueras y herramientas improvisadas, aprendieron a apagar incendios sobre la marcha.
Armaron una base común de operaciones, cocinaron para brigadistas voluntarios, gestionaron donaciones y hasta sostuvieron el acompañamiento emocional. “No hay demanda en salud mental porque nos estamos sosteniendo entre vecinos”, contó uno de ellos.
El dato más alarmante: en pleno avance del fuego, el hospital de Cholila estaba sin médicos, porque los dos profesionales habían renunciado por los bajos salarios.
Solidaridad que emociona
A pesar del abandono, la solidaridad se volvió un sostén vital. “Gente de todo el país nos manda ayuda. Personas que dicen ‘no tengo trabajo, pero hago un aporte porque sé lo que vale el bosque’”, relataron.
Brigadistas voluntarios llegaron desde distintos puntos de la comarca y del país. “Es emocionante lo que podemos hacer como comunidad”, dijeron, aunque remarcaron que la solidaridad no puede reemplazar a políticas públicas.
“La Patagonia es de todos”
El mensaje final fue un grito colectivo. “Esto no es solo de Cholila. La Patagonia es patrimonio de todos los argentinos y se está quemando”, advirtieron.
Mientras el fuego sigue activo y el verano recién empieza, los vecinos resisten. “Estamos cansados, agotados, pero no vencidos. Vamos a seguir defendiendo esta tierra”, dijeron, con la certeza de que sin bosques no hay futuro.
Para colaborar los interesados pueden contactarse al 2944-671746 (Laura Quevedo).
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