Femicida suicida: cuando el psicópata no tolera ser juzgado
Uno de cada cinco femicidas se suicida. Quitarse la vida es un desenlace cada vez más común entre estos asesinos. Pero lejos de enmarcarse en una decisión acorde a una desequilibrada salud mental, los femicidas conocen la criminalidad de sus actos, aunque no soportan que la sociedad, mediante sus diferentes instituciones, juzguen lo que creyó correcto.
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La estadística elaborada por la organización La Casa del Encuentro, detalla que entre 2008 y 2017, 2.679 mujeres y niñas fueron víctimas de femicidio. Entre los asesinos, 483 se suicidaron después de cometer los crímenes. El fenómeno preocupa en torno a las cifras del comienzo de este año. Hasta el 11 de febrero, hubo 25 femicidios, entre ellos, 7 fueron los hombres que luego de cumplir su cometido, se suicidaron.
Para el médico psiquiatra José Domínguez, los ‘femicidas suicidas’ no son personas que padecen alguna anomalía mental. “Estamos hablando de psicópatas que tienen total conciencia de la criminalidad de sus actos, no hay que asociarlo con la culpa o el arrepentimiento“, aseguró. Es decir, el acto que parece bastante frecuente en casos de femicidios, no denota una simple e inocente irregularidad mental, sino que responde naturalmente al carácter de una persona psicópata. Muy distinto al psicótico, quien sí actúa bajo alteraciones cerebrales.
“Una de las características típicas del carácter psicópata es la falta de culpa“, señaló el presidente de la Asociación de Psiquiatras de Santa Fe. Es decir, éstos sujetos actúan sin medir las consecuencias de sus actos carentes de empatía. Compatible con una percepción narcisista, el femicida no quiere sentirse inferior a los demás ante el juzgamiento de su acto criminal, viendo así el suicidio como la única escapatoria ante la condena social y penal que se avecina.
Así actuó Pablo Trionfini luego de enterrar a Agustina Imvinkelried a la salida de un boliche esperancino. También Abel Campos, pareja de la odontóloga Gisella Solís Calle, luego de envenenarla. Y el suicidio también consistiría en un escape satisfactorio para Mariano Cordi, aunque falló, después de matar de un escopetazo a Valeria Coppa en Bariloche.
Los vecinos de Valeria Juárez definían a su femicida como un buen hombre que se levantaba bien temprano cada mañana para continuar sus trabajos de albañilería. Nadie imaginó el final al que sometería la vida de su hija y la de él mismo. Es muy difícil detectar a un psicópata. Viven enmascarados detrás de una apariencia carismática, amable y cálida. “Podemos estar rodeados de psicópatas y no nos damos cuenta”, advirtió el dr. Domínguez en diálogo con Aire de Santa Fe.
Desde el ámbito psicológico y psiquiátrico, los rasgos de psicopatía suelen ser detectados en un tiempo prolongado y sin el consentimiento ni raciocinio del paciente. “Un psicópata jamás va a consultar por éste problema porque no es consciente de su existencia. Para él, el problema lo tenemos los demás“, expresó el experto, entendiendo que las personas con este trastorno, suelen acudir a profesionales de la salud motivados por problemas muy diferentes. Ya en una terapia, “muchas veces se detectan ciertos rasgos que corresponden a un psicópata”.
En este sentido, hay que destacar que estas personalidades pueden corresponder a una causa biológica o física, pero la génesis más importante consiste en el espacio socio-cultural en el que la persona desarrolla su infancia y adolescencia. “En la conformación del psicópata, es más importante lo social y adquirido que lo innato y biológico o genético”, aseguró Domínguez.
La materia al respecto es escasa. Los estudios en torno a la violencia de género aún no ahondaron en este terreno. Para el psiquiatra Domínguez, la estadística ‘uno de cada cinco femicidas, se suicida’ (concibiendo al femicida como psicópata), responde a una casualidad. Es decir, no existe un rasgo específico en la personalidad psicópata que los lleve a cometer violencia de género. Sin embargo, indagar en torno a la relación de poder que un sujeto bajo este trastorno puede mantener con una mujer, podría ser el comienzo de un escenario aún no explorado. Por otro lado, es innegable que la condena y repudio social respecto a los autores de violencia de género ha crecido notablemente en los últimos tiempos, por lo que podría ser un fuerte condimento que el psicópata no quisiera tragar.



