La historia de los chatarreros argentinos que viajaron a las Islas Georgias, a 1.500 kilómetros de las Malvinas, para desguazar tres estaciones balleneras es un antecedente clave en la guerra que hace 40 años enfrentó al Reino Unido y a la Argentina en el Atlántico Sur. La cuenta a fondo el periodista y escritor Felipe Celesia, en el libro: “Desembarco en las Georgias, la verdad sobre el misterioso incidente que desató la guerra”.
En una entrevista con Luis Mino en AIRE, Celesia recordó que la historia se inicia con un empresario “chatarrero” de Avellaneda, Constantino Davidoff. “Mientras estaba levantando líneas telefónicas submarinas que ya no se utilizaban, para trozarlas y venderlas, uno de los obreros le cuenta que en las Islas Georgias había 14 estaciones balleneras abandonadas”, precisó.
El empresario olfateó un buen negocio y logró convencer a los dueños escoceses para que le vendieran tres de las estaciones balleneras, que estaban abandonadas. “Se estima que entre 1904 y 1965 se faenaron 175.000 ballenas, pero a partir de la década del 60’ se restringió la pesca y también cayó el precio del aceite de ballena. Por eso se derrumbó toda la industria ballenera de las Georgias”, explicó Celesia.
En la operación de desguace de Davidoff, la Armada Argentina ve una oportunidad de colocar una dotación argentina en este rincón del Atlántico Sur, como habían hecho en la isla de Thule, en el archipiélago de las islas Sandwich. Por eso entrenan a un grupo de militares, bajo el liderazgo del represor Alfredo Astiz.
Los 40 chatarreros argentinos, que en realidad eran obreros metalúrgicos, parten el 11 de marzo en buque hacia las Georgias y llegan cinco días más tarde. “Uno de los obreros era hincha fanático de River y quería colgar un banderín. El director de la operación, Jorge Patané, lo convenció de izar también la bandera argentina. Lo que no sabían era que los estaban observando los británicos del servicio antártico, que encima escucharon tiros porque mataron un reno para hacer un asado”, indicó el periodista.
Al Reino Unido, la presencia de los chatarreros les da la excusa para comenzar a hablar de una invasión y activan la flota británica con el envío de dos submarinos nucleares a la región.
“El incidente de los chatarreros es el episodio que enciende la mecha de la Guerra de Malvinas y que permite comenzar a mover la enorme maquinaria bélica de los británicos que necesitaban apoyo social en torno a la idea de que iban a ir a un conflicto armado”, explicó el periodista. En realidad, la inteligencia inglesa ya sabía que se preparaba alguna operación en Malvinas. A las Georgias deciden enviar 22 efectivos de los Royal Marines.
La Armada Argentina decide enviar al equipo que había entrenado con Alfredo Astiz y que ante la inminencia del desembarco en Malvinas no había acompañado a los chatarreros en un primer momento. “Llegan a las Georgias el 24 de marzo y rápidamente se integran con el grupo de obreros metalúrgicos, entre los que también había médicos e ingenieros y hasta un radioperador”, recordó.
El problema es que luego del desembarco en Malvinas, el 2 de abril, los chatarreros y los soldados de Astiz quedan aislados y solos. “Los militares argentinos toman la decisión de no reforzar la posición argentina en las Georgias, que quedaban muy lejos y eran muy difíciles de defender”, contó Celesia.
A los chatarreros se les suman tres navegantes franceses que habían tenido un incidente en el mar. Uno de ellos, le advierte a Astiz sobre lo que se les viene encima y el militar -condenado por delitos de lesa humanidad- le responde con una bravuconada: “No les tenemos miedo. La Armada Argentina es la mejor del mundo”. El 26 de abril llegan los Royal Marines y en este frío y lejano escenario mueren los primeros dos soldados argentinos de este conflicto. Astiz decide rendirse.
“A los chatarreros, Astiz los había mandado a una estación ballenera cercana. Los ingleses los recibieron con un simulacro de ataque, que incluyó disparos contra una loma que tenían encima y que los asustó muchísimo. La pasaron muy mal”, concluyó Celesia.
Los chatarreros volvieron a mediados de mayo a la Argentina. En su libro, Celesia cuenta los servicios de inteligencia militar les advirtieron que si hablaban iban a terminar presos de por vida.
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