El “Mono” Altamirano : la guerra, el honor, la condición humana
Después de 37 años, Francisco Altamirano se animó a hablar de su experiencia en la guerra. La descripción del horror, de ver la muerte cara a cara y la bronca que aún hoy le generan “las canalladas” que soportaron los combatientes. La historia de una muerte, una detención, y el reconocimiento que le hizo Roy, un soldado enemigo, 35 años después de haberlo detenido.
Por Coni Cherep
Francisco Altamirano es un personaje de Santo Tomé y Santa Fe. Desde hace algunos años se dedica a enseñar buceo en el Club Regatas, junto a su amigo hermano “Lito” Musuarana, y en general, todos sus alumnos lo referencian como un tipo alegre, un riguroso y dedicado profesor y si, un tipo con legendarias historias que demoró muchos años en contar.
Antes de alistarse en las tropas que le cambiaron la vida para siempre, fue un buen 9 de Atenas de Santo Tomé en los 70 y un militar que se formó para combatir. Cuando le tocó irse a la guerra era sargento del 601. Llegó a Malvinas, recuerda, el día de su cumpleaños de 1982 y con una sonrisa remarca que los recibió el periodista Nicolás Kasanzew, en Puerto Argentino.
No habló de la guerra por décadas. No recuerda exactamente el tiempo que demoró en romper el silencio, pero no duda en afirmar que fue “porque nos daba vergüenza. Era traer fantasmas que están permanentemente en tu cabeza por las noches, en tus sueños. Yo vi muchas cosas. Vi la tropa como estaba. Vi chicos que no tenían instrucción adecuada para ir a la guerra. Fueron muchos chicos, les dieron un fusil y maduraron. Lucharon y nos honraron. Muchos murieron, y otros tuvimos la suerte de volver”.
Y agrega con un dejo de bronca : “No hablamos durante años porque hubo un proceso de desmalvinización y hablar de aquello generaba rechazo en la sociedad. Lo que más me duele de aquello fue el abandono. Imaginate que a mí, que formaba parte de la Fuerza, nadie se acercó a preguntarme si necesitaba algo, si necesitaba hablar con un psicólogo… nada. ¿Te imaginas lo que les pasó a los chicos que volvieron y los mandaron a sus casas? No hubo contención, no hubo ninguna clase de asistencia a los combatientes, durante mucho tiempo. Hubo mucha canallada, en nuestros superiores… Y la sociedad fue víctima de una manipulación total. Entonces no hablábamos, no podíamos hablar”.
Francisco Altamirano, segundo de izquierda a derecha en la parte superior
De la guerra de Malvinas dice que no pasó hace 37 años. “Para el veterano fue ayer. Nunca te olvidás de eso. Siempre está presente en nuestras vidas. Hay una especie de memoria instalada en nuestro rígido que nos sobresalta cuando escuchamos un avión, cuando sentimos una leve explosión. Y hay muchos que no pudieron superarlo. Por la falta de asistencia, por el no reconocimiento, terminaron en suicidios y nadie se hace cargo de eso. Muchos pedían trabajo y nadie se los daba porque eran los loquitos de la guerra. Fue muy fuerte, fue mucho sobre todo para los más jóvenes. Yo estaba formado, tenía 35 años y me había preparado para eso, aunque no sabía lo que era la guerra, pero estaba preparado técnicamente. Pero nunca estás preparado para vivir una guerra. Para sentir a los aviones que venían y bombardeaban. Para eso, nunca estás preparado”.
El “Mono”, siete años después de la guerra, se fue a la Antártida. Dos veces. 26 meses en total, y aunque el asegura “que fue por espíritu de aventura y la necesidad de tomar distancia de las cosas que uno tiene y no valora cuando las tiene” Termina aceptando que sí, que finalmente “Me ayudó a pensar, a ponerme triste, que era lo que yo necesitaba”.
LA MUERTE CARA A CARA Y LA VIDA EN MEDIO DE LA MUERTE
El 10 de junio de 1982, Francisco regresaba junto a tres compañeros de una misión en San Carlos. Al mando de estaba el teniente primero José Duarte, detrás le seguían el sargento primero Eusebio Moreno, el cabo primero Roberto Ríos y él.
“Oímos voces en inglés. Y ellos me hacen señas. Les pido que se replieguen para poder asegurarnos de que se trataba. Al principio no sabíamos quienes eran. En el mayor silencio discutimos sobre si eran soldados ingleses, o Kelpers- los civiles habitantes de Malvinas- o incluso podían ser argentinos del ECA- Equipo de control Aéreo- y dudamos un rato”
“Entonces yo vi asomarse una cabeza. un hombre rubio, de ojos celestes, con un gorro marrón y les advierto a mis compañeros. Entonces yo les grité : “¡Ey! son argentinos? Y me contestan con una ráfaga de tiro. Fue un desorden. Hasta ese momento todos estábamos temblando, pero después todo fue ruido. Fueron minutos donde no hubo miedo, ansiedad, nada… solo cargar y disparar”.
El fuego de los combatientes argentinos alcanzó a uno de los dos ingleses. En el suelo quedó tendido el cuerpo del capitán John Hamilton. A su lado, su compañero tiraba las armas al suelo y se rendía. Los soldados argentinos lo redujeron y lo llevaron detenido a la zona más cercana. Caminaron entre 6 y 8 kilómetros, cruzaron un río helado que les llegó hasta las cinturas. Y dejaron al enemigo en un pozo.
“Yo lo revisé mientras lo reducimos. Le extraje una pistola argentina de su ropa y le pregunté de dónde había salido. Y me respondió “Darwin”. Él había estado combatiendo allí. Había participado de las acciones que tomaron el lugar el 29 de mayo. Y la pistola era su trofeo de guerra”.
“Se llamaba Roy Fonseca. Yo le hablé en mi pobre inglés. Cruzamos algunas bromas sobre el Mundial de Fútbol que empezaba en esos días. Yo lo vi tiritando. Le vi las medias mojadas, le regalé un par mío, un pulover y compartimos un café. Le prometí que buscaríamos el cuerpo de su compañero y le daríamos cristiana sepultura. En el camino, recuerdo, pensaba en el horror que significaba haber abandonado un cuerpo, a un ser humano en el medio de la nada, después de haberlo matado“.
“El cuadro que me regaló Roy tenía una inscripción que define todo: en recordación al Capitán John Hamilton. 10 de junio. Muerto en acción. Falklands- Islas Malvinas”.
LA RENDICIÓN: LA DESPEDIDA DEL ENEMIGO
A los pocos días de aquel enfrentamiento, el 16 de junio, las tropas argentinas se rindieron. Francisco y sus compañeros vivieron un momento difícil y triste: por orden de sus superiores dejaron las armas en el suelo, todas apiladas.
Las fuerzas enemigas tomaron el control del lugar. Y todos los soldados argentinos que se encontraban en el lugar, pasaron a ser prisioneros de guerra. Roy es liberado. En el momento de la despedida, Francisco cuenta que uno de sus amigos le dice: “Che Mono, el inglés pregunta por vos”
“Yo no entendía nada, porque lo había tratado bien”, dice con una mueca de humor, mientras los ojos permanecen humedecidos por la emoción.
“Y entonces lo veo venir, le levantó la mano para decirle que estaba allí. Y él, con los dedos pulgares adelante me dice: “Very good Francis. The war its political, don’t worry”. Todo fue muy rápido, y cuando él se iba, lo llamé y le extendí la mano con un recuerdo. Yo siempre pensé que le había entregado mi puñal de comando, pero no. Le dí mi gorra, que es un distintivo. El me agradeció y se fue. Nosotros volvimos quince días después a Argentina”.
Allí se acabó una parte de la historia. Pero 35 años después, y a instancias del periodista Agustín Vazquez, Roy y Francisco, se volverían a ver.
SEYCHELLES. LAS HUELLAS DEL HONOR
Habían pasado 35 años de aquella despedida. En el medio, todo lo que contamos antes: una vida en la Antártida, una expedición a Kosovo donde volvió sentir el espanto humano en los centros de refugiados, matrimonios, hijos, nietos, y su sanadora actividad como profesor de buceo.
Un periodista santafesino, Agustín Vázquez, lo busca para contar su historia en 2017. El Mono se resiste, pero termina relatando la historia de aquel prisionero inglés y aquel encuentro con la muerte en medio de la nieve.
Vázquez consigue dar con el paradero de Roy Fonseca y le cuenta a Francisco: “Me dice que estaba en Seychelles, y yo no lo podía creer. Nosotros estábamos justo armando un viaje con el grupo de buceo para noviembre. Y entonces, me pasa su Whatshapp y nos intercambiamos algunos mensajes de saludos”.
“Roy me pide que le de detalles del día de viaje, cuántos éramos, etc. Me anticipa que justo en esas fechas las Fuerzas inglesas hacen un homenaje a todos los combatientes. Y me anticipa que quería invitarme a participar. Y me pide que prepare unas palabras”.
“Cuando llegamos a Seychelles, éramos cuarenta. Lito Musuruana y yo, los profesores y 38 alumnos. Nos encontramos con Roy en el hotel. El tipo pidió adelante mío por teléfono que le reservaran dos buses, para que todos pudieran concurrir al cementerio, donde se iba a hacer la ceremonia”.
“Al otro dia fuimos todos. Yo me vestí bien, pero no llevé ropa militar. Fui con una camisa. En medio de la ceremonia recuerdo que Roy me menciona. Se escuchan muchos aplausos y lo veo cruzar delante de todos dirigiéndose a donde yo estaba, me entregó un cuadro, con una boina de los combatientes ingleses, y de su ropa extrajo mi boina verde. Yo quedé estremecido: en la parte de adentro estaban los nombres de mis hijos. Fue un momento muy especial”.
“Después dí mi discurso. Yo no sabía bien cuál iba a ser mi comportamiento. Estaba incómodo, pero yo me había preparado. Me aprendí el discurso de memoria, pero dije lo que sentía. Dije que en 1982 Roy y yo nos enfrentamos en una guerra. Que éramos dos seres humanos que fuimos allí con una misma misión: matar al enemigo. Y entonces, dije que lamentablemente su compañero, el capitán Hamilton no tuvo nuestra suerte. Y que 35 años después, y en su memoria, nosotros estábamos celebrando la vida”
LA GUERRA SEGÚN EL “MONO”
La charla se va apagando. El silencio del estudio de Aire de Santa Fe duró casi 48 minutos. Todos escuchamos con atención cada palabra y cada gesto del soldado que recordaba con tristeza y bronca aquellos años. Y también veíamos en su cara la emoción del reconocimiento que obtuvo del enemigo en una isla perdida, entre otras 115, al norte de Madagascar, en sur de África.
“Los generales no mandan nunca a sus hijos a las guerras” dice. Y explica el origen histórico de Malvinas. Su presunto origen francés, y las discusiones que se siguen dando sobre la soberanía.
“Nunca volví a Malvinas, pero quiero ir. Estoy armando con mi hermano Elio Musuruana un viaje para junio. El tema es que hay que pedir permiso para ir, y eso implica reconocer que son de ellos. Aún así quiero ir al cementerio. Quiero volver a ese lugar donde nació la historia con Roy, y dónde quedó Hamilton, por el que rezo cada 10 de junio”.
-¿Por qué no vas a los actos conmemorativos los 2 de abril?
– “Porque me pone muy triste. Me acuerdo de la ingratitud. Me da bronca. Porque hablamos de los presentes, pero los verdaderos héroes quedaron allá. Esos soldados que estaban bajo una lápida que sólo decía “Soldados argentinos sólo conocidos por Dios”, y que recién ahora, después de 30 años tienen nombres y apellidos. Gracias al grupo de antropólogos que están trabajando. Gracias a un capitán inglés, Jeffry Cardozo, que se encargó de identificar y enterrar a todos los argentinos. Y le dió a las madres de los soldados un lugar adonde llevar una flor y rezar una oración por sus hijos”.
“Cardozo era un enemigo. Pero su humanidad, sus valores cristianos, lo llevó a hacer una tarea que los propios no fueron capaces de hacer.
-¿Qué es la guerra, Mono?
“Me gustaría ser más fuerte. Pero la negación fue muy dolorosa. Las guerras no son necesarias. Las inventan los hombres, por intereses, por dinero, por poder, por odio al color de la piel del otro, a las religiones y es una excusa para que algunos se beneficien. Esos no tienen escrúpulos. Entonces a mi me duele y no quiero saber más nada con ninguna guerra. Mirá: una familia lleva años construir. Un misil destruye una vivienda que llevó años construirla. Pero cuando destrozan a una familia o a una vivienda, destrozas el interior de una familia, eso no se vuelve a reconstruir nunca más. Y la guerra es eso. No importa de qué nacionalidad sea el otro. Somos seres humanos y ser humano, es querer a tu prójimo, no matarlo. No me da ninguna felicidad haber matado a uno, a cinco, o a cincuenta. Lo único que siento es dolor”.
El Mono termina la charla con una frase de su ex mujer que le escribió cuando se fue a la guerra: “Te fuiste en busca de la gloria. Pero recordá siempre: los héroes no besan a sus hijos por las noches, ni le alcanzan un vaso de agua o un remedio en la vejez a su mujer. Ahora valoro mucho aquella frase. Es para reflexionar”
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