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Sociedad Psicología | psicoanálisis |

Duelos bloqueados: ¿cuál es el costo de no aceptar las pérdidas?

Psicólogos explican de qué se trata este proceso que sucede cuando se pierde algo, una situación, una persona, un objeto, y qué pasa cuando el duelo se bloquea. Cuatro tareas para atravesarlos sanamente.

A cada paso que da la vida se pierde algo: personas, lugares, objetos, trabajos, situaciones. Y ahí, generalmente, comienza el duelo. Se trata de un proceso psíquico singular con distintas etapas, que no tiene un tiempo estipulado y la manera de atravesarlo depende de cada persona. ¿Qué pasa cuando se traba? ¿Cuál es el costo? ¿Cómo salir de ese lugar? Cuatro psicólogos santafesinos reflexionaron sobre el tema y brindaron recomendaciones para transitar el duelo sanamente.

En diálogo con AIRE, la psicóloga Camila Bulletich remarcó que este proceso es personal y depende de cada persona el recorrido por el duelo. En el mismo sentido, la psicóloga Laila Tomas afirmó que si bien hay etapas que se pueden dar en todas las personas que duelan a algo o a alguien, es individual y por eso no todos pasan y viven las etapas del duelo de la misma forma. Más allá de esto, afirmó que "es la aceptación de la pérdida desde una postura activa lo que permite elaborar el duelo y poder continuar para que este no se torne patológico".

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El psicólogo Bruno Ruggiero explicó en conversación con AIRE que, en psicoanálisis, se trabajan dos tipos de duelos: uno es el duelo normal y el otro es el duelo patológico. "En el duelo normal hay ciertos tiempos que uno como terapeuta puede acompañar, entendiendo que es dentro de la lógica que se espera normalmente de un proceso", dijo. "Cuando es patológico, la persona se ve obstaculizada para depositar y retornar en el resto de sus actividades la energía que estaba al servicio de hacer el duelo", agregó.

Para el psicólogo Ignacio Neffen, existen muchas razones por las cuales un duelo puede obstaculizarse. En este sentido remarcó que "no responden necesariamente a causas de tipo conscientes, no es una cuestión de predisposición o buena voluntad. Según los aportes del psicoanálisis, un duelo supone una doble pérdida: se pierde una persona y también un lugar que apuntala una parte de la propia identidad", consideró. Si un duelo puede adquirir un estatuto sintomático, es porque esta segunda pérdida es inconsciente. Para el profesional, el saldo de saber de una terapia psicoanalítica puede permitirle a un sujeto nombrar esta segunda pérdida que, desde las sombras, obstaculiza el trabajo elaborativo del duelo y, en última instancia, su vida misma.

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Sigmund Freud explicó que un duelo supone un trabajo donde se compromete tanto el pasado como el futuro. Durante ese lapso, la persona se confronta con la nostalgia de los recuerdos, y al mismo tiempo con la caída de las expectativas y proyectos que se anudaban a lo que perdió. "Un duelo se torna sintomático cuando hace de obstáculo a los proyectos de vida. En un duelo no se trata de olvidar la pérdida, sino de encontrarle un lugar que no impida el deseo", aseguró Neffen.

Por su parte, Bulletich y Ruggiero explicaron acerca de los duelos bloqueados que "lo que no se puede decir tampoco se puede callar, es decir que eso que no se procesó o dueló, en algún punto habla y aparece por otras vías que también son dolorosas. Algo hace que no sea posible ponerlo en palabras en aquel momento, e insiste de otra manera y aparece con otra forma".

Uno no duela a esa persona, sino la relación que tiene con esa persona. En algún punto siempre duelamos una parte de uno mismo, lo que era para ese alguien. Una parte nuestra se pierde en ese lugar Uno no duela a esa persona, sino la relación que tiene con esa persona. En algún punto siempre duelamos una parte de uno mismo, lo que era para ese alguien. Una parte nuestra se pierde en ese lugar

Esas otras formas pueden ser una idea intrusiva o un pensamiento recurrente que no se sabe de dónde surge, un consumo problemático, un comportamiento compulsivo o una dolencia física, aunque esto no siempre puede deberse a un proceso de duelo trabado. "Uno no duela a esa persona, sino la relación que tiene con esa persona. En algún punto siempre duelamos una parte de nosotros mismos, lo que era para ese alguien. Una parte nuestra se pierde en ese lugar", dijo la terapeuta Camila Bulletich.

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Para atravesar un duelo de manera sana no hay un camino correcto, sino caminos posibles. Ruggiero consideró que es importante darle lugar al duelo, a la angustia, al malestar, algo que Bulletich consideró "muy difícil" en una sociedad donde está mal visto estar triste y hay que salir rápidamente. Sin embargo, Laila Tomas recomendó cuatro tareas (que muchas veces se dan paulatina e involuntariamente) que posibilitan elaborar los duelos.

Cuatro tareas para atravesar un duelo

  1. Aceptar la realidad de la pérdida. Conlleva afrontar la realidad de que lo que se tenía ya no está. Se trata de una aceptación intelectual, es decir, el pleno conocimiento o lucidez que hay sobre la pérdida, y una aceptación emocional, en la que es necesario reconocer y vivir las emociones que la pérdida genera.
  2. Reconocer las emociones y el dolor de la pérdida. Durante los duelos se van experimentando todo tipo de emociones que no siempre tienen una lógica comprensible. Para poder alojar y elaborar las emociones que genera el período de duelo, se necesita ser consciente de cuáles son. Es necesario permitirse sentirlas y no negarlas o anularlas. En todo momento van surgiendo emociones y sentimientos, algunos más entendibles o fáciles de dar entidad que otros.
  3. Adaptarse a un medio en el que se nota la ausencia. Hay tres maneras de adaptarse. Adaptación externa: cómo influye esta pérdida en la rutina diaria. Adaptación interna: cómo influye esta pérdida en la imagen que tenés de uno mismo, en la sensación de eficacia personal. Adaptación espiritual: cómo influye la pérdida en las creencias, valores y supuestos sobre el mundo.
  4. Recolocar emocionalmente a esa persona y continuar viviendo. Esta última tarea consiste en encontrar un lugar para la persona que se ha ido, lo que permite por siempre estar vinculada con ella, pero de forma que no impida continuar con la vida propia. Este gran trabajo integrador conllevar resignificar, priorizar lo que la pérdida deja en uno mismo. No es renunciar u olvidar por ejemplo a quien murió, o lo que antes se tenía, reprimir recuerdos, o negar vivencias, sino encontrar un lugar adecuado para lo vivido dentro del repertorio de la vida emocional.