Día de las Infancias: por qué las palabras también hablan de derechos y desigualdad
El Día de las Infancias vuelve a poner en debate el nombre frente al decretado Día del Niño, pero también las desigualdades, los derechos y el rol del Estado.
El día de las infancias llegó para quedarse: muestra la pluralidad de esa etapa de la vida.
Tercer domingo de agosto, Día del Niño, decía un viejo jingle. Con el paso de los años y las modificaciones sociales, se llamó Día de las infancias. Y pese al decreto presidencial que alude a la tradición para restaurar el viejo nombre, el plural llegó para quedarse: empresas, grupos de teatro, instituciones educativas aseguran: “Nosotros le seguimos diciendo infancias”.
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El nombre es importante y tiene efectos en lo real. “Infancias pretende reflejar los distintos modos posibles de vivir la niñez, y en esa denominación se incluyen no solo perspectiva de género y diversidad, sino también diferencias económicas, culturales y regionales”, dice Marcela Lapenna, psicóloga, quien desde hace décadas trabaja con niñas, niños y adolescentes vulnerables, en la asociación civil Chicos. Con la palabra infancias se “renuncia a la idea de configurar la niñez como una representación homogénea que disimula las desigualdades”.
En este día impulsado tempranamente en Argentina por la Cámara del Juguete, se puede hablar de la compra de regalos, del acceso al ocio y los bienes culturales, todos derechos garantizados por la Convención Internacional de los Derechos del Niño (sí, aprobada en 1989 por Naciones Unidas, ese es su nombre).
La clave es la desigualdad
Pero la palabra clave es desigualdad. Según el Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina, el 28,8% de niñas, niños y adolescentes de la Argentina sufren inseguridad alimentaria —no tienen garantizado el acceso a una buena nutrición— y el 13,2% vive un estado de inseguridad alimentaria grave.
Esa amenaza contundente —no tener para comer— no es igualitaria. Según el mismo informe, en la Argentina de 2025, un NNyA del estrato más pobre tiene 28 veces más probabilidades de pasar hambre que uno del estrato más acomodado.
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En este contexto, el cambio de nombre dispuesto en 2025 por el gobierno nacional a través de un decreto tiene varias aristas. “El poder de la nominación es tal que en medio de tremendo contexto, las estructuras del poder se ocupan de cambiar ‘el día de las infancias’ por ‘el día del niño’”, reflexiona Lapenna.
Para esta militante incansable, hay “un doble interés en este, en apariencia, ingenuo cambio de nombre. Por un lado y, como habitualmente, seguir las sugerencias del mercado, en este caso la cámara de jugueteros. Por el otro, disimular la lógica del lenguaje inclusivo y las diversidades”.
Y si bien el Día del Niño viene asociado históricamente a los juguetes, su vigencia desde 1960 tiene que ver con concientizar sobre la situación y los derechos.
“Las palabras que elegimos, al momento de comunicarnos, nunca son ingenuas ni azarosas”, considera Fernanda Felice, licenciada en Fonoaudiología y especialista en Alfabetización e Inclusión.
Para esta docente de la Universidad Nacional de Rosario, “hablar de infancias implica reconocer la diversidad y complejidad propias de esta etapa de la vida, que no puede reducirse a la concepción de una niñez homogénea, siempre centrada en una cronología universal del desarrollo, y, en este caso en particular, expresada en masculino y singular”.
Se trata de un “niño ideal, prototipo, estándar”. Felice lo describe como un “modelo construido a lo largo de la historia, capaz de responder a los mandatos sociales impuestos por el orden patriarcal”.
El “niño” y el “menor”
Es por eso que, muchas veces, cuando se habla de niños criminalizados —en general varones— se los menciona como “menores”, para marcar una diferencia que es también social. Es decir que no todos los niños tienen el derecho a serlo. El “niño” recibe juguetes; el “menor” recibe castigo.
Basta con sentarse en cualquier bar de la ciudad para saber que algunas infancias deben salir a buscar su propio sustento: vender flores, ofrecer estampitas, pedir dinero son actividades que muchas niñas y niños realizan para complementar los ingresos familiares.
La pobreza infantil se redujo en 2025 respecto a su pico de 67% del año anterior, tal como lo determinaron los informes del Observatorio de la UCA y también el Análisis de Situación de la Niñez y la Adolescencia en Argentina publicado por Unicef en 2025.
El organismo de la ONU para las infancias señala a la Asignación Universal por Hijo, que el gobierno nacional sostuvo y fortaleció, como un factor decisivo en esa reducción.
No se trata sólo de dinero
Pero eso no alcanza, y no es todo. “El gobierno nacional transfiere fondos de manera directa”, analiza Lapenna. Pero al mismo tiempo, desmantela “los programas de acompañamiento, que dependen de la Secretaría Nacional de Niñez, Adolescencia y Familia (SENAF), así como en educación o salud”. Es decir que el Estado se retira de los servicios que le corresponden de acuerdo a la ley nacional de protección integral de las infancias, sancionada en 2005. Porque no se trata solo de dinero.
En el mismo sentido, la baja de edad de imputabilidad que se pone en marcha el 5 de septiembre, en pocos días, contrasta con el principio de protección especial que establece la Convención Internacional sobre los Derechos del Niño hasta los 18 años y genera la ampliación de la respuesta penal sin especialización alguna hacia adolescentes, cada vez más jóvenes, siempre pobres.
“No da lo mismo ‘niño’ que ‘infancias’, claro que no. Hay siglos de cambios y mutaciones entre una palabra y otra, y la literatura dice mucho al respecto”, plantea Laura Vilche, periodista, docente y escritora de libros para infancias, como Cuentos rayados, entre otros.
Las infancias tienen historia
“En el siglo XVII se los consideraba adultos en pequeño y sólo a los niños hijos de la burguesía”, rememora Vilche. Para ellos había relatos escabrosos.
Con la revolución industrial, en el siglo XVIII, “los niños del proletariado trabajaron como mano de obra barata en las fábricas”. Allí están los libros de Charles Dickens y Víctor Hugo como testimonio.
La historia de la literatura infantil también habla de las concepciones de la infancia a través de los siglos. “A mitad del XIX la infantilización fue otra, porque la pedagogía se propone educar a los niños como tales, pero con claras reglas morales, de allí los cuentos clásicos con moraleja”, historiza Vilche y rescata a los que escapan: “algunas obras osadas como Alicia en el país de las maravillas, de Lewis Carroll, o Las aventuras de Tom Sawyer y Huckleberry Finn, de Mark Twain”.
Esos libros abrieron una puerta —que en Argentina tiene como ícono a María Elena Walsh— a la transgresión del lenguaje, el absurdo, la imaginación.
Así como la literatura empieza a buscar otros lenguajes, también se empieza a analizar a la infancia por parte de la Psicología y desde el consumo “aparecen juguetes, muebles y ropa especialmente pensados y diseñados para niños y niñas”, suma Vilche.
“No es sólo un cambio semántico lo que se puso siempre en juego, es un cambio histórico, cultural, político, económico, de trabajo y consumo”, sostiene Vilche.
Las infancias, como lo demuestra la Cámara Argentina del Juguete, son una cuestión muy seria para el mercado. Reponer el nombre de Día del Niño desconoce esa historia y “borra la diversidad de género de la infancia y el conflicto social”.
Pero claro, no borra el mercado.
Las batallas de la lengua
Tanto Vilche como Felice recurren a la gran escritora María Teresa Andruetto, que en 2012 recibió el premio Hans Christian Andersen, el más importante del mundo en la literatura infantil y juvenil, conocido como el “pequeño Nobel”.
Felice la cita así: “Como dice la querida María Teresa Andruetto, ‘en la lengua se libran batallas, se disputan sentidos, se consolida lo ganado y los nuevos modos de nombrar’”.
Por eso, cómo se nombra a la niñez muestra una concepción del mundo. “Me atrevo a decir que el actual gobierno expresa ideas de antiguos tiempos vinculados a la etapa de ‘la infancia negada’, como lo señala el pedagogo Franco Frabonni. Por aquel entonces las niñas y los niños no recibían tratos ni cuidados especiales, eran concebidos como ‘adultos en miniatura’”, señala Felice.
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Y enumera cómo se muestra esa concepción en lo que llama sus “políticas de crueldad”.
“Por ejemplo, cuando se oponen a la implementación de la ley de educación sexual integral, cuando no hacen efectiva la ley de emergencia en discapacidad, también, cuando proponen proyectos de ley que desconocen marcos legales internacionales y nacionales vigentes”.
Ella, en particular, habla del proyecto de ley de “libertad educativa”, “que atenta contra el derecho a aprender de las infancias” y del proyecto de ley de “falsas denuncias”, “que pretende silenciar el dolor de las niñeces víctimas del abuso sexual infantil”.
No todas las infancias pueden festejar el Día del Niño, y no sólo porque no son nombradas en su pluralidad, sino porque el Estado puede y debe hacer mucho más que cambiar el nombre de una fecha.







