miércoles 11 de mayo de 2022
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Cuidar a otros, un trabajo imprescindible, poco valorado y menos compensado

La especialista Silvia Lilian Ferro plantea que se trata del servicio más especializado y personalizado del sistema cultural, y que es necesario darle un valor económico. En la presentación del programa Cuidar Santa Fe aseguró que los adultos varones sanos son los mayores demandantes de cuidados a las mujeres de su familia.

Los trabajos de cuidados mueven el mundo, y en su mayoría están a cargo de mujeres. Cocinar, limpiar, atender personas enfermas, ancianas o niñas, son tareas que nunca dejan de hacerse, en un espiral infinito. Hasta el momento, en pocos países del mundo hay políticas integrales para regularizar ese cuidado que, en buena parte, queda al interior de las familias, y sobrecarga a las consideradas “naturales” proveedoras.

No se trata sólo de las personas que no pueden valerse por sí mismas. La inequidad más grande viene por otro lado. “La gran masa de demanda de cuidado viene de aquellos adultos sanos, hombres que eligen depositar sus necesidades de cuidado en mujeres familiares, y que tampoco cuidan a las personas dependientes, ya sea en la niñez o adultas mayores”, expresó Silvia Lilian Ferro, especialista en el tema. Esposas, parejas, madres, hermanas, siempre están trabajando para ellos.

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Silvia Lilian Ferro, que es profesora e investigadora del Instituto Latinoamericano de Economía, Sociedad y Política (ILAESP) de Universidad Federal de Integración Latino-americana (UNILA).

Silvia Lilian Ferro, que es profesora e investigadora del Instituto Latinoamericano de Economía, Sociedad y Política (ILAESP) de Universidad Federal de Integración Latino-americana (UNILA).

“Eso que llaman amor es trabajo no pago” es una frase de la filósofa italo-estadounidense Silvia Federici que las organizaciones feministas pusieron en las calles a partir del Paro Internacional de Mujeres de 2017. Para Lilian Ferro, “al cuidado hace lo asocia con la afectividad y eso es muy problemático para generar problemas políticas públicas de cuidado”. Desacoplar el amor de los enormes y constantes trabajos que demanda cuidar a las personas es uno de los primeros pasos para entender que es una actividad que permite el funcionamiento de la vida y, por ende, debe ser parte de los presupuestos y las políticas públicas.

La medición más extendida se hizo en 2013, con una Encuesta del Uso del Tiempo donde se determinó que el 75 por ciento de los trabajos de cuidados no remunerados los realizan las mujeres. Sistematizado por el colectivo Economía Feminista, ese dato se incorporó en la agenda pública. A partir de este año, el estado argentino planifica hacer una encuesta anual para medir el tiempo que destinan las personas al trabajo reproductivo.

Datos estadísticos

En septiembre de 2020, la Dirección de Economía y Género del Ministerio de Economía de la Nación publicó un documento donde consigna que –medido en términos económicos- el Trabajo Doméstico y de Cuidados No Remunerado (TDCNR) representa un 15,9% del PIB y es el sector de mayor aporte en toda la economía.

“La particularidad de Argentina es que es el primer país de tamaño medio que se interesa por el tema del cuidado”, expresó Silvia Lilian Ferro, que es profesora e investigadora del Instituto Latinoamericano de Economía, Sociedad y Política (ILAESP) de Universidad Federal de Integración Latino-americana (UNILA). Uruguay y Costa Rica son dos países de la región que tienen sistemas integrales de cuidado, mientras en Argentina está en debate un anteproyecto de ley en ese sentido.

Ferro participó del lanzamiento de Cuidar Santa Fe, el programa provincial que plantea –en una primera instancia- una mesa interministerial de cuidados y el relevamiento de los servicios públicos, privados y comunitarios que existen en la provincia. Inicialmente licenciada en Historia de la Universidad Nacional del Litoral, Ferro se especializó en estudios de género con maestrías y doctorados en España y distintas universidades argentinas.

La especialista sistematizó la “organización social del cuidado” en un modelo que incluye servicios familiares, no familiares, institucionales, remunerados y no remunerados. Para Ferro, asociar los cuidados con la afectividad se relaciona con que sea una tarea tan devaluada. Su planteo es desafiante: “El cuidado es eso incómodo que está relacionado a nuestra animalidad, eso que queremos ignorar. Porque podemos tener computadoras satélites, viajar a Marte, pero no hay un solo imperativo biológico de nuestra especie que hayamos podido eliminar. Comemos, orinamos, defecamos, exudamos olores que tratamos de tapar con perfumes”, señaló la especialista.

Es un trabajo real, aunque no se lo considere

Las distintas provisiones de cuidado que se brindan en la sociedad en su gran mayoría –a excepción del sistema sanitario- no son consideradas un servicio. Y ahí está el eje de esta política pública: lo son. “Es un trabajo y ocupa tiempo, mucho tiempo. Se gasta la energía física y psíquica cuidando”, subraya Ferro.

Aunque se considere que el cuidado es una tarea “natural” para la que nadie necesita estudiar, Ferro hace eje en la “especialización”. “¿A qué me refiero con especialización? Generalmente me dicen ¿acaso para lavar la ropa necesita de un título universitario? Yo no hago distinción entre el trabajo doméstico y de cuidado, para mí el trabajo doméstico es cuidado, porque limpiar una casa garantiza la higiene y la calidad de vida de quienes viven ahí, entonces, para mí es tonto separarlo”, plantea Ferro, quien señala que el servicio de cuidado demanda “una gran especialización y a una gran personalización que demanda el servicio de cuidado”. Y por ende, debería tener un reconocimiento económico acorde.

Para despejar dudas, Ferro lo pone en un ejemplo, que considera “de los más didácticos”. “Siempre menciono que pagamos fortunas por el menú de algún chef muy reconocido, que nunca nos preguntó si nos gusta la cebolla, si estamos más necesitados de hierro o de minerales, no conoce la historia cultural de esa familia ni el historial médico. Sin embargo, quien me cocina en la cotidianidad tiene en cuenta un sinnúmero de variables. Entonces, sí, es el servicio más especializado que tenemos en todo nuestro sistema cultural, porque yo, para proveer del más mínimo acto de cuidado tomo en cuenta más variables que ningún otro servicio por el que pago”.

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El cuidado de niños es una tarea compleja, pero no siempre valorada como corresponde.

El cuidado de niños es una tarea compleja, pero no siempre valorada como corresponde.

Hasta llevar a un niño a un cumpleaños forma parte de esos cuidados que socialmente se consideran “naturales”. “Es un sofisticado sistema que hace que un individuo sea adaptable, porque este llevar el nenito al cumpleañito es para que tenga las relaciones sociales que le van a permitir ser un adulto adaptado a su medio social”, dice la especialista.

La organización de esos cuidados familiares, el reconocimiento estatal de este tiempo destinado al trabajo reproductivo, son un desafío de magnitud. El reconocimiento de Ansés de un año de aportes a las mujeres por cada hijo es un paso en ese sentido. Hay otros desafíos también: en la Argentina, la mayor oferta de servicios (especialmente institucionales, como los educativos) está destinada a las infancias, cuando el análisis demográfico indica que cada vez hay más personas adultas mayores, y son las mayores demandantes de cuidados.

El programa Cuidar Santa Fe fue lanzado por el Ministerio de Igualdad, Género y Diversidad de la provincia de Santa Fe, con la coordinación de Majo Gerez, para visibilizar y lograr la igualdad de acceso en los cuidados, pero también el reconocimiento a quienes cuidan.

“Una política pública se va a aprovechar de aquí a 25 años. Necesito una política pública de 25 a 30 años para afectar a una población entera”, subrayó Ferro. El primer paso está dado. Con la pandemia de covid-19 quedó en evidencia que la humanidad puede prescindir de muchas actividades, menos de los cuidados que todas y todos necesitan en algún momento de la vida.

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