menu
search
Sociedad

Cigarrillos electrónicos: ¿dispositivos peligrosos o una alternativa para dejar de fumar?

Los cigarrillos electrónicos irrumpen las costumbres y se presentan, de a poco, como un hábito popular. Qué dice la normativa vigente y los expertos.

La primera vez que vi un cigarrillo electrónico pensé que era una lapicera, hasta que la persona que lo estaba usando lo llevó a su boca y expulsó vapor. “¿Qué es eso?”, le pregunté. “Un cigarrillo electrónico”, me dijo. Y además agregó un dato que llamó mi atención: “Es para dejar de fumar”.

Leer más ► Aumento “meteórico” de los jóvenes que usan cigarrillo electrónico

Los cigarrillos electrónicos son dispositivos que se presentan como una alternativa para que los fumadores extingan de sus vidas el cigarrillo común. Sin embargo, en Argentina su comercialización está prohibida y algunos manifiestan la peligrosidad del producto. ¿Son verdaderamente tóxicos? ¿Hay estudios al respecto? En Aire Digital sumamos voces de expertos que construyeron algunas respuestas.

En 2003 se patentó el primer cigarrillo electrónico y su diseño era más parecido a una lapicera. Con el tiempo esos quedaron obsoletos y surgieron los cigarrillos electrónicos de primera, segunda, tercera y hasta cuarta generación.

El cigarrillo electrónico de primera generación es el más parecido a los cigarrillos comunes. El de segunda generación es el dispositivo que se parece a un bolígrafo.

Por otro lado, los de tercera y cuarta generación son los que más se utilizan en la actualidad.

En estos, las partes pueden ser reemplazables y permiten la incorporación de sabores y aromas distinguiéndose casi del todo de los cigarrillos comunes.

El funcionamiento de estos dispositivos se da en todos los modelos de la misma forma.

Según informa el Ministerio de Salud, las principales sustancias que contiene son propilenglicol, glicerina vegetal, nicotina en diferentes dosis, sabores y aromas.

Estos aparatos funcionan al calentar una solución líquida a una temperatura suficientemente alta para que produzca un aerosol que inhala el consumidor. Las soluciones incluyen nicotina, saborizante y un humectante, como el propilenglicol, para retener la humedad y crear un aerosol cuando se calienta.

Al momento de investigar sobre el uso del cigarrillo electrónico, en Aire Digital, acudimos a aquellos que llenan su rutina de estos dispositivos.

Más allá de la prohibición que rige en Argentina de su comercialización, en Santa Fe hay comunidades que los consiguen y, además, lo promueven.

Los miembros de esas comunidades son los que exigen que se legisle sobre la comercialización ya que la falta de control sobre estos dispositivos, sí puede ser un peligro para los consumidores.

Matías tiene 41 años. Fumó desde los 14, pero hace tres años dijo basta. No lo hizo sólo, sino a través del cigarrillo electrónico. En aquel momento, le tocó aprender e investigar por su cuenta los detalles de algo que, para muchos, era desconocido.

Así fue que le dijo a unos amigos de Buenos Aires que le traigan uno y comenzó. Para él, era imposible dejar de fumar. Pero lo logró.

“Dejé de agitarme, me cambió el olor, puedo correr. Incluso mejoró el color de mis dedos. Fue un antes y un después. Fumaba un atado y medio por día. Comencé con un cigarrillo electrónico estándar y después de varios vaivenes pude dejar de fumar”.

En relación a la prohibición de la comercialización, Matías habló de intereses económicos, desinformación y falta de desarrollo social.

“La ANMAT prohíbe la comercialización, pero no muestra los estudios realizados. Habla de estudios, de pruebas, de investigaciones. Pero dónde están. Todos sabemos que fumar es perjudicial para salud. Fumar mata. Esto no es inocuo, pero nada lo es. Sí te puedo decir que es un 90% mejor que el cigarrillo”.

De esta manera, se plantea como una alternativa que, justamente en los países más desarrollados del mundo, se puede comercializar.

Por otro lado, opinó que “con respecto a dejar de fumar es muy efectivo. El 75% de la gente con la que yo me encuentro deja de fumar. No es mágico pero ayuda mucho a los fumadores porque te aleja del cigarrillo. Acá estás inhalando vapor. No se quema nada, porque no hay combustión y eso hace que no haya agentes tóxicos o nocivos”.

Al hablar de estos componentes, es cuando Matías exige una normativa que regule este tipo de consumo. “Estos productos no pueden tener aceite ni azúcar y merecen muchos cuidados porque van directo al pulmón. Me encontré con muchísimas personas que traen preparados que representan un peligro para ellos. Ojalá controlaran más”.

Hace menos de un año se realizó en Buenos Aires el “Foro de Sociedades Científicas frente al Cigarrillo Electrónico”. Allí, científicos de la Asociación Argentina de Medicina Respiratoria (AAMR), Asociación
Latinoamericana de Tórax (ALAT), y Cirugía Torácica (SEPAR), entre otras, analizaron el tema y acordaron una declaración en relación a sus efectos.

Concretamente, publicaron tres premisas que fueron contundentes. En primer lugar aseguraron que no hay pruebas científicas que sustenten que el cigarrillo electrónico ayude a dejar de fumar. En segundo lugar que tampoco hay evidencias que demuestren que es seguro para los consumidores. Y, por último, que sí hay evidencias que puede favorecer el aumento de consumo de tabaco a nivel poblacional.

De esta manera, sostuvieron como comunidades científicas que hasta el momento no hay certezas en relaciones a los beneficios que podría llegar a tener, en contraposición a lo que opina, por ejemplo Matías.

La prohibición de su comercialización

En la misma línea de lo establecido por las comunidades científicas, ya en 2011 la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT) se manifestó en torno a la falta de evidencia científica que avale la eficacia del cigarrillo electrónico para la protección de la salud.

Además, cinco años después, prohibió, luego de hacer una nueva evaluación, la importación, distribución, comercialización de los dispositivos, como así también la publicidad según se constata en su sitio web oficial.

En 2016, el mismo año en que la ANMAT ratificó la prohibición de comercialización, la mayor empresa tabacalera del mundo, la estadounidense Philips Morris empezó a desarrollar un dispositivo que cumple la función de cigarrillo electrónico. Con esto buscó insertarse de manera concreta al mercado de estos aparatos que, parece, cada vez crece más. Y por último, en agosto de ese mismo año, la agencia del Servicio de Salud inglés -Public Health England- manifestó que es “un 95% menos dañino que el cigarrillo convencional”.

¿Entonces? En el mismo año, Inglaterra y Argentina aseguraron verdades opuestas. Otra vez: ¿son verdaderamente dispositivos peligrosos o se convierten en la alternativa más inocua para dejar de fumar?

Un dato no menor y que suma al debate: no hay comunicados, ni publicaciones en torno a la comercialización del cigarrillo común que, se conoce ampliamente, es tóxico y dañino para la salud de las personas.

El cigarrillo electrónico se plantea como una alternativa para dejar el hábito de fumar. En torno a eso hay experiencias que yacen tendidas y nos hablan de su efectividad o no.

Sebastián contó para Aire Digital que lo intentó. Cansado de probar métodos para dejar de fumar se animó a este dispositivo pero, según él, por falta de voluntad volvió al cigarrillo común. “Yo probé el electrónico y lo recomiendo. Pero no es mágico. Es necesario también tener la voluntad de querer dejar de fumar”.

Por otro lado, César hizo lo mismo. Él usaba el primero que salió que es muy parecido a un bolígrafo. Sin embargo, sentía que inhalaba químicos y también dio un paso al costado.

El caso de Juan fue diferente. Él fumó diez años hasta que se encontró con el cigarrillo electrónico. Lo compró en un almacén y le ayudó a quitarse la ansiedad. “Está bueno porque no es humo, es vapor y además vienen varios sabores para vapear. Es una experiencia distinta al cigarrillo común. El sabor se siente mucho más intensamente. No es tan pesado como el cigarrillo”.

Leer más ► El cigarrillo más famoso el mundo va por el cannabis

Juan usó el cigarrillo electrónico durante ocho o nueve meses hasta que lo perdió y no sintió la necesidad de tener que comprar otro. “No se convirtió en un vicio, entonces cuando lo perdí dejé de usarlo”. De esta manera fue como una especie de puente que lo ayudó a alejarse del hábito de fumar.

La pregunta queda en el tintero pero una ilusión la observa. Es la ilusión que asegura que sólo el tiempo y políticas gubernamentales serias, pueden explicar y corroborar si cuando hablamos de cigarrillos electrónicos, estamos haciendo referencia a una alternativa para dejar de fumar o a dispositivos peligrosos.

 

 

Dejá tu comentario