Hugo Fryszberg trabajaba allí desde hacía 14 años, era subjefe de personal. A las 9:53 escuchó un primer estruendo y el grito de “¡Todos al piso!”. Inmediatamente, escuchó una segunda explosión, la del desmoronamiento del edificio.
Le siguieron unos segundos de silencio atroz. Luego gritos desgarradores, sirenas, humo que hacía picar la garganta…
“Nunca pensamos que había sido un atentado”, dijo el sobreviviente en diálogo con Aire de Santa Fe. “Salimos como pudimos, trepando paredes de los edificios aledaños…”, relató.
Ese día se grabó a fuego en la memoria de Hugo, que pese a que su esposa e hijos no tenían noticias de él, debió ir inmediatamente a las morgues para reconocer decenas de cuerpos. La imagen del hilo piolín con un pequeño cartón que rezaba “NN” en los pies de los muertos, no se le quita de la cabeza.
“Al dolor se le agrega la falta de justicia” reflexionó Hugo. “En ningún momento me olvido ni dejo de luchar por memoria, verdad y justicia. Me siento con esa responsabilidad, así no sea lo mejor para mi salud mental”, concluyó.
Volvé a escuchar la palabra de Hugo Fryszberg
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