Así lo relató Marcelo, vecino de toda la vida, en diálogo con el móvil de AIRE, que recorrió la zona tras la tormenta del domingo. “Cinco minutos (de lluvia) y colapsa todo. Ya no hay desagües porque la altura de la calle prácticamente invadió las cunetas”, explicó.
LEER MÁS ► Alerta en el noreste de Santa Fe: advierten por tormentas fuertes en las próximas horas
Según explicó, la altura actual de la calle prácticamente invadió las cunetas y provoca que el escurrimiento se desplace por las veredas en lugar de circular por la calzada. "Tenemos que hacer un cordón de cemento en la puerta para que no ingrese a las casas", sostuvo.
El problema no es nuevo. Marcelo vive allí desde hace 50 años, en una casa que levantaron sus padres. “Toda la vida sufrimos esto y con el tiempo se fue agravando”, contó.
La elevación progresiva de la calle —producto de sucesivos agregados de ripio— modificó las pendientes originales y dejó a varias viviendas en una cota más baja. El resultado: cada lluvia intensa deriva en agua que llega hasta los hogares.
También rebalsan los pozos negros, lo que genera un foco de contaminación y malos olores. “Es una suciedad terrible. El agua trae bolsas, ramas y todo lo que encuentra, se tapa y no hay mantenimiento”, señaló el vecino.
La situación se extiende a otros sectores del barrio. En zonas cercanas a calle San Lorenzo, aseguraron que una semana después de la lluvia aún quedan lagunas. Incluso las inmediaciones del dispensario San José suelen quedar rodeadas de agua tras precipitaciones intensas.
Los vecinos afirmaron que hicieron reclamos formales. Marcelo indicó que fue derivado a Recursos Hídricos y recibió la promesa de un tratamiento “urgente”, pero hasta el momento no hubo intervenciones.
“Con agregar ripio no se solucionó nada; al contrario, se agravaron los problemas. Habría que replantear las alturas de las calles”, concluyó.