Mientras esperaba que le llegaran los productos al negocio, fue sumando uno por uno los elementos. Pero lo que no imaginaba era que su gesto iba a despertar otro: su esposo, en secreto, también empezó a armar una caja navideña. “Eso fue lo que más me emocionó”, dijo conmovida.
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La emotiva historia de Sara, vecina de Sauce Viejo
Sara no solo armó su caja sino que también escribió una carta para la familia que la recibirá, donde comparte parte de su historia. “Cuando era chica no tenía nada… por eso esto me emociona tanto”, relató. El año pasado organizó el Día del Niño en su calle, pero este año no pudo por motivos de salud. Aun así, no quiso dejar de dar.
El móvil de AIRE llegó hasta su puerta, y entre abrazos, lágrimas y anécdotas, quedó claro que la solidaridad se contagia. Su historia ya motivó a otros vecinos del barrio.
En esta Navidad, una caja puede ser mucho más que alimentos: puede ser compañía, empatía, y una caricia al alma. Como la de Sara.