Supongamos que una persona cualquiera en algún lugar cualquiera abre la red del pajarito y se cruza con un tweet así. Supongamos que se le hiela el corazón por un instante, y que la sorpresa y la tristeza la atraviesan como un rayo simultáneamente. Fue lo que, y ya sin suposiciones, sucedió el miércoles 23 de marzo en miles de pantallas, en 46,5 mil, para ser exactos.
La primera vez que escuché a la Pechu fue por la radio, era el día de su cumpleaños y le pedía al gobernador de la provincia que la salude. Así, con ese descaro y esa frescura que después supe iban a ser su marca propia. Siempre sin rodeos. Me reí para mis adentros y seguí con lo mío. Más tarde escuché el saludo cumpleañero solicitado al aire. “Flipé en colores”, así se lo hice saber no hace mucho, en el último audio que le mandé.
La curiosidad me llevó a empezar a escucharla, y su desparpajo lleno de carcajadas me volvieron su fan absoluta, casi desde el primer minuto. Y empecé a buscarla en los programas, de la tarde a la mañana, de la mañana a la tarde, y después a la noche, ya metida entre las sábanas me dormía escuchando sus ocurrencias embarbijadas.
Cómo llegas a sentirte amigo de alguien con el cual mantenés una relación diaria sostenida por las ondas sonoras, de alguien cuya voz es tan cercana como la de un familiar, de alguien que te hace sonreír porque dice lo que quiere cuando quiere, y que además coincide mucho en la manera en que mirás la vida? ¿Cómo llegas a adorar un personaje, que de tan auténtico la sentís casi tu amiga desde la primaria?
Misterios y magia de la radio, y magia de la Pechu, que supo apropiarse de esas ondas y llenarlas de ella, de sus abrazos acolchados como leí que una amiga le escribió, de su valentía poniendo sobre la mesa la incomodidad de hablar de quedarse pelada mientras el cáncer le jugaba una pulseada a las células.
¿Cómo encendés una vela para mandarle luz a alguien que no miraste nunca a los ojos y que sin embargo te generó una sensación de complicidad sincera? ¿Cómo te quedás con la mirada perdida sintiendo que el mundo tiene esas putadas inexplicables imaginando el dolor y la pérdida de sus seres cercanos, aquellos que la vivieron de carne y hueso?
No hay respuestas, o al menos yo no las tengo. Pero sé, que estamos tan tristes que ya no importa si el vínculo era la voz que podía decir improperios sin hacer sonrojar, y hablar de todos los temas tabúes como si se hablara de la humedad en la ciudad. O si eran los tweets puteando a Racing cuando jugaba mal, o cantando las odas al salamín picado grueso, o si eran sus escritos en los cuales ponía blanco sobre negro.
El caso es que te fuiste, llevándote todo eso y dejando una cosecha de gente movilizada y solidarizada, armando cafecitos y mandando WhatsApp hasta la madrugada, y un agujero que se va a quedar así, porque la Alcaldesa ya tiene su placa en el muro de los patrimonios de Santa Fe, como el puente colgante, o como los lisos.
Desearte buen viaje sería algo demasiado convencional, Pechugas Locas, Alcaldesa, Señora de las Bubis, Romina…, así que te deseo que el cielo sea un Sex Shop gigante y que tus carcajadas nos lleguen de vez en cuando, como para no echarte tanto de menos.
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